Inicio

>

Opinion

Tres encuestas, un solo rumbo: el Tigre llega arriba a segunda vuelta

Por
Andrés Molina (RG)
Monday, June 15, 2026 11:09 AM
Comparte la noticia en

Quedan siete días. Y en esos siete días, tres encuestadoras que no se conocen, no comparten oficina ni metodología, y que le rinden cuentas a tres medios distintos, miraron el mismo país y vieron, con matices, la misma imagen: Abelardo de la Espriella, "el Tigre", llega arriba a la recta final, e Iván Cepeda corre detrás, achicando el motor, pero sin alcanzarlo. Cuando eso pasa —cuando firmas que compiten entre sí terminan diciendo, cada una a su manera, lo mismo— ya no estamos ante una opinión. Estamos ante un patrón. Y los patrones, en política, valen más que cualquier titular aislado.

Vamos a los números, porque los números son el punto de partida de toda esta conversación, no el final. **Guarumo y Ecoanalítica**, en la encuesta que publicó El Tiempo el pasado 13 de junio, le dan a De la Espriella un 52,6 % frente a un 45 % de Cepeda: una ventaja de 7,6 puntos. AtlasIntel, para Semana mide algo casi idéntico en proporción —52,6 % contra 44,8 % en votos válidos—, es decir, 7,8 puntos de diferencia. Y el Centro Nacional de Consultoría para la revista Cambio, también pone a De la Espriella al frente, pero con un margen mucho más estrecho: 48,6 % contra 44,7 %, apenas 3,9 puntos. Tres encuestas, un mismo ganador en el papel. Pero una de ellas le abre la puerta, apenas un poco, a la incertidumbre.

Esa diferencia —entre una ventaja de casi ocho puntos y una de menos de cuatro— no es un detalle de calculadora. Es, de hecho, el corazón de esta columna. Porque ahí, en esa brecha entre brechas, se esconde la pregunta que de verdad importa: ¿por qué tres firmas serias, consultando a la misma Colombia en las mismas semanas, llegan a magnitudes tan distintas? La respuesta no está en la política. Está en la metodología. Y la metodología, querido lector, es el verdadero árbitro de esta historia.

Guarumo: la encuesta que se desnuda por completo

Empecemos por la que, a mi juicio, juega con las cartas más abiertas sobre la mesa. La encuesta de Guarumo y Ecoanalítica no solo entrega un número: entrega una ficha técnica que se puede auditar línea por línea. Encuestó a 2.073 personas en 54 municipios, seleccionados con un diseño probabilístico, estratificado y en cuatro etapas, con un procedimiento que —dice la propia ficha— se operacionalizó con código de Python para garantizar la trazabilidad de la selección aleatoria. Tiene nombre y apellido de la estadística responsable, Samuel José Yaya Rodríguez. Publica el listado completo de los 54 municipios, desde Agustín Codazzi hasta Úmbita. Y, algo que pocas encuestas hacen hoy en Colombia, deja constancia explícita de que su diseño se ajusta a los lineamientos de la Ley 2494 de 2025, la norma que el país se dio precisamente para ponerle reglas más estrictas a este negocio. Margen de error: 2,9 %. Nivel de confianza: 95 %. Trabajo de campo presencial, hogar por hogar, con tarjetón electoral en mano. Eso, en el oficio de medir opinión, es lo más parecido a mostrar las costuras del traje.

AtlasIntel: la muestra más grande, el método más nuevo

AtlasIntel llega con un argumento de peso pesado: 3.681 personas encuestadas en todas las regiones del país, casi el doble que las otras dos firmas, y un margen de error de apenas 2 %, el más ajustado de los tres estudios. Su metodología —llamada Atlas RDR (Random Digital Recruitment, o reclutamiento digital aleatorio)— le permite, en teoría, llegar a más personas, en más lugares, en menos tiempo, y desagregar los resultados con un nivel de detalle que ni Guarumo ni el CNC ofrecen en sus comunicados públicos: diferencias por región (De la Espriella arrasa en el Caribe con 56 % y en la región Central con 58,9 %, mientras Cepeda domina Bogotá con 49,9 % y el Pacífico con 53,1 %), por género (las mujeres se inclinan por el Tigre, los hombres por Cepeda) y, lo más valioso de todo, transferencia de votos: el 84,5 % de quienes votaron por Paloma Valencia en primera vuelta hoy dicen que irán con De la Espriella, mientras el 68,7 % del electorado de Sergio Fajardo se inclina por Cepeda. Es, sin duda, el estudio con la radiografía más fina. La pregunta que cabe hacerse —no para descalificarla, sino para ponerla en contexto— es si una metodología digital, aplicada en un país donde el acceso a internet todavía no es parejo entre regiones, edades y estratos, captura con la misma fidelidad al elector rural de Nariño que al elector urbano de Bogotá. AtlasIntel publica su ficha técnica completa, lo cual es un punto a favor enorme. Pero el método, por más sofisticado que sea, sigue siendo relativamente joven en estas lides.

El CNC: la encuesta que llega con menos para mostrar

Y luego está la encuesta del Centro Nacional de Consultoría para Cambio, la que —irónicamente— es la que más cautela debería generarnos, aunque sea la que reporta la diferencia más corta. No es que sus números sean descabellados: 48,6 % contra 44,7 %, con un voto en blanco del 6,7 %, es un resultado perfectamente plausible. El problema es otro: a diferencia de Guarumo y AtlasIntel, el reporte de Cambio sobre esta medición está cerrado tras un muro de pago, y lo que trasciende públicamente no incluye la ficha técnica completa de este estudio puntual —ni tamaño de muestra, ni fechas exactas de campo, ni margen de error explícito para esta ronda—. Y eso, en un oficio donde la transparencia metodológica lo es todo, pesa. A esto se suma un antecedente que vale la pena recordar: La Silla Vacía documentó que el CNC ha recibido contratos por cerca de 14.700 millones de pesos de nueve entidades del Estado, y que sus mediciones han entregado sistemáticamente niveles de aprobación más generosos para el gobierno de Gustavo Petro que los de otras firmas. Eso no convierte automáticamente sus números en falsos. Pero sí obliga al lector a ponerles, como mínimo, una nota al margen.

Entonces, si me preguntan cuál de las tres encuestas es, técnicamente, la más sólida, mi respuesta es Guarumo. No porque sea la que más le convenga a nadie —las encuestas no están para convenirle a nadie—, sino porque es la que mejor cumple el viejo mandamiento del periodismo de datos: muéstrame cómo lo hiciste. Ficha técnica completa, municipios nombrados uno por uno, estadística responsable identificada, metodología ajustada a la nueva ley, trabajo de campo presencial y verificable. AtlasIntel le sigue de cerca, con una muestra mayúscula y un margen de error envidiable, aunque su método digital todavía deba ganarse, encuesta tras encuesta, la confianza que ya tienen los estudios presenciales. Y el CNC, aunque coincide en la dirección general, llega a esta conversación con las manos menos abiertas que las otras dos.

El detalle que casi nadie está mirando: el voto en blanco

Aquí hay un dato que merece su propio párrafo, porque cuenta una historia silenciosa. En la encuesta de Guarumo de mayo, el voto en blanco para la segunda vuelta llegaba a un escandaloso 16,4 %. Un mes después, en junio, ese mismo voto en blanco se desplomó a 2,4 %. Eso no es ruido estadístico: es el sonido de un país que dejó de dudar y se paró en una de las dos esquinas del ring. La polarización, que tantas veces se nombra como un mal, en este caso hizo lo que suele hacer la polarización: ordenar el tablero. El CNC, en cambio, todavía reporta un 6,7 % entre blanco e indecisos, casi tres veces más que Guarumo. ¿Quién tiene razón? Probablemente ambos tengan un pedazo de la razón: el CNC podría estar capturando una franja de electores genuinamente reticentes que las otras encuestas, por metodología o por momento de la medición, ya no detectan. Pero la tendencia de fondo —menos indecisos, más definición— es la misma en las tres mediciones, y esa tendencia, no el número exacto, es la que debería preocupar o alegrar a las campañas.

Lo que dicen los números detrás del número

Vale la pena detenerse en la explicación que ofrece Víctor Muñoz, cofundador de Guarumo, sobre el origen de esta ventaja: De la Espriella estaría recogiendo la inmensa mayoría del millón seiscientos mil votos que sacó Paloma Valencia en primera vuelta, además de los 200 mil de Santiago Botero y, según su lectura, la mitad de los votantes de Sergio Fajardo, que decidió no tomar partido. AtlasIntel pone cifras exactas a esa intuición: 84,5 % de los votantes de Valencia hoy están con el Tigre, y el 89,5 % de los de Juan Manuel Galán también. Es la aritmética más vieja de la política colombiana: cuando la derecha se fragmenta en primera vuelta y se reagrupa en segunda, casi siempre lo hace alrededor de quien quedó mejor posicionado, no del que prometió más. Y esta vez, ese lugar lo ocupa De la Espriella.

La lección de fondo: la convergencia pesa más que el número

Si hay algo que cualquier persona debería llevarse de esta columna —más allá de nombres, siglas y porcentajes— es esto: cuando tres encuestas, hechas con métodos distintos, financiadas por actores distintos y publicadas en medios distintos, apuntan en la misma dirección, esa convergencia vale más que cualquiera de los números individuales. No importa si la ventaja real es de 3,9 puntos o de 7,8. Lo que importa es que, en las tres fotografías, el rostro que aparece adelante es el mismo. Eso no es una casualidad que se pueda explicar por el azar del muestreo. Es, con toda la prudencia que exige hablar de encuestas a una semana de una elección, una tendencia.

Pero —y este pero es importante— una tendencia no es un resultado. Faltan siete días, y en política, siete días pueden ser una eternidad o pueden ser nada, dependiendo de lo que ocurra en ellos. El bloque de indecisos, blancos y reticentes —que según las firmas oscila entre el 2,4 % y el 6,7 %— sigue siendo, aunque pequeño, el último actor sin libreto de esta obra. En una segunda vuelta donde la ventaja proyectada (entre 3,9 y 7,8 puntos) supera, en los tres casos, el respectivo margen de error, ese bloque ya no puede cambiar quién va arriba. Pero sí puede cambiar por cuánto.

Para quienes seguimos esta campaña desde el Cesar, todo esto no es un ejercicio de salón. La próxima Casa de Nariño decidirá, entre muchas otras cosas, el destino de las regalías que tanto necesitan nuestros municipios, la seguridad en las trochas del Catatumbo y la Serranía, y la suerte de proyectos de agua y vías que llevan años en veremos. Por eso, más que repetir el titular del día, vale la pena entender de dónde sale ese titular: qué se preguntó, a quién, cómo y con qué garantías. Leer una encuesta con criterio —y no solo con la emoción del marcador— es, también, una forma de votar bien.

Las encuestas, lo hemos dicho antes en este espacio, son fotografías, no oráculos. Pero esta semana, tres cámaras distintas, desde tres ángulos distintos, revelaron casi el mismo encuadre. Y aunque una de esas tres cámaras tiene mejor lente que las otras, las tres están de acuerdo en algo que ya es difícil seguir llamando rumor: Abelardo de la Espriella llega arriba al 21 de junio. Lo que pase en esa fecha, como siempre, lo dirán las urnas. Pero hasta entonces, que cada uno escoja con cuidado qué encuesta cree —y, sobre todo, por qué la cree.

Por
Andrés Molina (RG)
Andrés Molina (RG)
396
visitas