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Judiciales

En Pelaya van cinco homicidios en menos de una semana

Hasta 30 millones de recompensa por los responsables de estos homicidios.

Por
Oscar Arzuaga
Tuesday, April 14, 2026 1:53 AM
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Pelaya, sur del Cesar.

Cinco hombres han caído en una vorágine de plomo que tiene al municipio de Pelaya al borde del colapso. Wilson Afanador, de 52 años, fue el último en sumarse a la lista negra: sicarios irrumpieron en su vivienda del barrio La Esperanza la mañana de este lunes 13 de abril y lo acribillaron sin piedad.

Horas antes, en el corregimiento de Costilla, William Gutiérrez Obeso fue sorprendido mientras desayunaba: dos sujetos en moto le dispararon a quemarropa y, pese a que intentó huir, las balas le arrancaron la vida. La furia homicida se ensañó también con Jhonnier Uribe Quintero, de 34 años, cuyo cadáver apareció el viernes en la vereda Los Pinos con ocho impactos de bala. (Ver "Horror en Pelaya: hallan acribillado a Jhonniér Uribe Quintero con ocho tiros en el pecho tras estar desaparecido")

Pero lo más escalofriante llegó después: los primos Jhainer Gutiérrez Obeso y Milán Oviedo Mattos fueron reportados como desaparecidos el sábado y hallados sin vida este lunes al mediodía, a un costado del puente sobre la vía La Gloria–La Mata, con señales de haber sido ejecutados.

La Gobernación del Cesar reaccionó con un consejo de seguridad extraordinario y una recompensa de hasta 30 millones de pesos para quien entregue información que permita identificar a los responsables y esclarecer los móviles de esta seguidilla de crímenes. La oferta de recompensa es una clara señal de que las autoridades están contra las cuerdas: el secretario de Gobierno departamental, Eduardo Esquivel López, confirmó que unidades de la Sipol, Sijín y Gaula de la Policía ya trabajan articuladamente con la Fiscalía para intentar frenar la hemorragia de violencia que mantiene en vilo a toda la zona rural. Sin embargo, la medida deja en evidencia que las balas y la ley del silencio se han impuesto en esta región del Cesar, donde los homicidios se suceden con una frecuencia que ya no sorprende a nadie.

Los números no mienten: cinco asesinatos en menos de una semana han sembrado el pánico en Pelaya, un municipio que parecía haberse librado de los peores episodios de violencia que azotan al departamento. La frialdad con la que los sicarios han actuado —ya sea irrumpiendo en viviendas, atacando en establecimientos comerciales o levantando a sus víctimas en plena vía pública— revela un nivel de organización y desprecio por la vida que supera los enfrentamientos comunes entre bandas. Los móviles siguen siendo un misterio: ajustes de cuentas, disputas territoriales o una simple vendetta que nadie se atreve a contar. Lo único claro es que la sangre sigue corriendo y que los 30 millones de recompensa son apenas un botín frente al horror que ha instalado el miedo en cada esquina de Pelaya.

Mientras la Fiscalía intenta conectar los puntos entre los distintos crímenes, la comunidad se refugia en sus casas y los comercios cierran antes del anochecer. Los Gutiérrez Obeso perdieron a dos de los suyos en apenas 24 horas —primero a William y luego a Jhainer— un golpe demoledor que enluta a toda una familia y evidencia la incapacidad del Estado para proteger a quienes viven en los territorios más golpeados por la violencia. La recompensa de 30 millones de pesos flota como una última esperanza, pero en Pelaya todos saben que hablar tiene un precio mucho más alto que el silencio. Las autoridades tienen la palabra, pero sobre todo, tienen la obligación de dar resultados antes de que la lista de víctimas siga creciendo.

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