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El futuro del Cesar no se decreta

Frank Montero Villegas, CEO Comfacesar.

Por
Redacción general
Saturday, August 8, 2026 8:02 AM
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Hay días en los que cambia un Gobierno.

Y hay días en los que una sociedad tiene la oportunidad de preguntarse si también quiere cambiar su destino.

Hoy Colombia vive uno de esos días.

A las tres de la tarde comenzó un nuevo periodo presidencial. Pero, mientras el país mira hacia Bogotá para conocer el rumbo que tomará la Nación, creo que en el Cesar deberíamos hacernos una pregunta distinta:

¿Qué vamos a hacer nosotros con el territorio que nos tocó construir?

Porque cuatro años pueden ser suficientes para cambiar muchas cosas en un país. Lo que no pueden hacer son milagros por una región que espera que otros construyan el futuro que ella misma tiene la responsabilidad de construir.

No se trata de desconocer lo que le corresponde al Estado. Por supuesto que necesitamos buenas políticas, seguridad, infraestructura, educación, reglas claras y condiciones para invertir y generar empleo.

Pero ninguna de esas cosas reemplaza aquello que solamente puede hacer una sociedad: organizarse, confiar, trabajar junta y convertir sus ventajas en oportunidades.

El Cesar tiene problemas. Muchos y conocidos.

Pero también tiene algo que a veces olvidamos: tiene con qué.

Tiene empresarios que han aprendido a resistir. Trabajadores con enorme capacidad. Jóvenes talentosos. Tierra, energía, recursos naturales, cultura, ubicación estratégica y una posición privilegiada para producir, conectar y crecer.

El problema no es la ausencia de potencial.

El verdadero desafío es convertir ese potencial en prosperidad.

Y eso no lo hará solamente un Gobierno, por bueno que sea.

Lo hacemos nosotros.

Lo hacen las empresas cuando deciden invertir, innovar y contratar. Los trabajadores cuando se forman y mejoran sus capacidades. Las universidades cuando forman para el mundo que viene y no para el que ya pasó. Las instituciones cuando dejan de trabajar unas al lado de otras y empiezan a trabajar unas con otras.

Y lo hace una sociedad cuando entiende que el territorio no es responsabilidad exclusiva de quienes gobiernan.

El territorio también nos pertenece.

Durante los últimos cuatro años, muchas instituciones, empresas y familias tuvimos que navegar aguas particularmente difíciles. El Sistema de Compensación Familiar tampoco estuvo al margen de esas tensiones. Hubo controversias, decisiones difíciles, cuestionamientos y aprendizajes que sería ingenuo desconocer.

Pero también hubo algo que merece ser reconocido sin triunfalismos: el sistema siguió funcionando para la gente.

Según Asocajas, durante 2025 cerca de cinco millones de personas recibieron cuota monetaria; 53.000 hogares accedieron a subsidios de vivienda y las agencias de empleo de las Cajas gestionaron 665.000 colocaciones laborales. (Asocajas⁠)

No son cifras para presumir.

Son una responsabilidad.

Porque detrás de cada colocación hay alguien que encontró una oportunidad. Detrás de cada subsidio de vivienda hay una familia que pudo acercarse a una casa propia. Y detrás de cada cuota monetaria hay un hogar para el que ese ingreso representa algo concreto en su vida cotidiana.

Pero hay otra cifra que también debemos mirar: el número de trabajadores dependientes afiliados creció apenas 0,31% en 2025. Asocajas lo describe como un crecimiento marginal sobre una base superior a ocho millones de trabajadores. (Asocajas )

Y quizá ahí está la verdadera lección.

No necesitamos instituciones que se declaren exitosas. Necesitamos instituciones capaces de reconocer lo que funciona, corregir lo que no funciona y seguir siendo útiles cuando las circunstancias se ponen difíciles.

Ese debería ser también el espíritu con el que el Cesar enfrente los próximos cuatro años.

No esperando que alguien venga a resolvernos el territorio.

Sino preguntándonos qué podemos hacer nosotros por él.

Podemos producir alimentos. Generar energía. Desarrollar turismo. Crear servicios. Formar talento. Atraer inversión. Hacer empresa. Y, sobre todo, construir oportunidades para que nuestros jóvenes encuentren aquí razones para quedarse y para que quienes se fueron encuentren razones para regresar.

La prosperidad no llega a un territorio.

La prosperidad se construye en el territorio.

El nuevo Gobierno tendrá su responsabilidad.

Los empresarios tendremos la nuestra.
Las instituciones, la suya.
Los trabajadores, la suya.
Las universidades, la suya.
Y la sociedad, la de todos.

Porque gobernar bien importa.

Pero ningún Gobierno puede hacer próspero a un territorio que no haya decidido serlo.

Hoy comienza un nuevo capítulo para Colombia.

Ojalá también comience uno para el Cesar.

No desde la queja.

No desde la espera.

Desde la convicción de que aquí tenemos con qué.

El futuro del Cesar no se decreta.

Se construye.

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