Valledupar.
Un nuevo capítulo de angustia y negligencia sacude el sistema de salud colombiano, esta vez protagonizado por la Clínica de Alta Complejidad de Valledupar, donde la vida de una adulta mayor estuvo a punto de ser destruida por un error garrafal que roza lo criminal: programar y preparar una biopsia de riñón que no le correspondía, destinada a otra paciente en UCI.
Robert Murgas, hijo de la afectada, ha denunciado públicamente esta cadena de errores en una entrevista con Radio Guatapurí que expone la cruda realidad de un centro médico que prioriza el lucro sobre la humanidad, convirtiéndose en un auténtico riesgo para la sociedad.
La pesadilla comenzó el miércoles por la noche, cuando la madre de Murgas, aquejada por síntomas hepáticos relacionados con su sistema biliar, ingresó por urgencias. En lugar de una atención digna, fue abandonada en una camilla en los pasillos, al lado de un baño público, expuesta a un hacinamiento inhumano que la clínica justifica como "normal" en Valledupar. Pasaron dos noches enteras en condiciones deplorables: demoras interminables en exámenes, traslados erráticos y un entorno de insalubridad absoluta. "Estuvo en el área de pasillos, al lado de un baño, por donde entran y salen enfermos, visitantes y personal", relató Murgas a este medio, destacando cómo solo una queja formal la movió al área de observación, un espacio abarrotado con más de 100 personas compartiendo un solo baño infecto, donde pacientes con tuberculosis, hepatitis y otras enfermedades contagiosas conviven sin control.
Facturan como hospitalizada, pero está en observación
Pero la indignidad no termina ahí. La clínica, propiedad del grupo Arce, liderado por Carlos Arce, factura el servicio como "hospitalización" completa, cobrando por habitaciones y cuidados que nunca se proporcionan. En realidad, la paciente permanece en observación indefinidamente –ya van cinco días–, expuesta a virus y bacterias en un ambiente que viola todos los protocolos de asepsia. "Un baño para más de 100 personas, donde se bañan todos los expuestos a bacterias", denunció Murgas, cuestionando la "confiabilidad" de un sistema que somete a los vulnerables a riesgos innecesarios. Exámenes pendientes desde hace días no llegan, y la familia vive en la incertidumbre total, sin diagnósticos claros ni síntomas visibles que justifiquen la prolongada estancia.
Biopsia de riñón por error
El clímax de esta serio de errores médicos ocurrió ayer por la mañana: sin desayuno ni explicación, la familia descubrió que la madre estaba programada para una biopsia de riñón, un procedimiento quirúrgico invasivo e innecesario para alguien sin problemas renales. "Nos asustamos porque biopsia significa algo grave, pero mi mamá no tiene problemas de riñón", exclamó Murgas en la entrevista. La revisión de la historia clínica confirmó el horror: la orden correspondía a otra paciente en UCI, quien posiblemente seguía esperando su tratamiento vital mientras el error ponía en jaque la vida de una inocente.
Solo la intervención desesperada de la familia y un médico internista evitó la catástrofe. Pero no fue un incidente aislado: días antes, intentaron aplicarle un módulo para medir potasio –también equivocado–, que se detuvo in extremis. "Dos errores en menos de una semana, uno menos grave que el otro, pero una biopsia de riñón... ¿Qué pasa si no estamos pendientes?", interrogó Murgas, exponiendo cómo el personal, abrumado por la sobrecarga, ignora protocolos básicos y confunde pacientes como si fueran números en una factura.
Esta denuncia no es solo un caso aislado; es el retrato de un sistema de salud deshumanizado, donde la actividad económica privada se impone sobre la vida humana. Murgas lanza un grito de alerta: "Estén muy pendientes de los procedimientos... Quizás el personal es insuficiente, quizás se equivocan por la cantidad de pacientes". Critica duramente a los dueños de la clínica por perder la "humanización del servicio", tratándolos como mercancía en condiciones de hacinamiento y asepsia terrible. Y a las autoridades, les exige acción inmediata: "¿Dónde están los funcionarios del gobierno? No he visto a nadie supervisando". Peor aún, ¿qué pasa con los pacientes de corregimientos remotos, sin voz ni redes para denunciar? Errores como estos podrían estar causando enfermedades adicionales o muertes silenciadas.
La Clínica de Alta Complejidad, en lugar de ser un bastión de salvación, se revela como una trampa mortal donde la negligencia reina suprema. Es hora de que las autoridades intervengan, investiguen y sancionen. ¿Cuántas vidas más se perderán antes de que este caos termine? La sociedad de Valledupar merece respuestas, y la familia Murgas, justicia por esta odisea de terror médico.