Valledupar.
A las 7:41 de la mañana del jueves 28 de mayo de 2026, los oyentes de Maravilla Stereo escucharon lo que parecía una alerta de emergencia: sirena, interrupción abrupta de la programación habitual y la voz solemne de Carlos Quintero Romero, director del noticiero Maravilla Informa, anunciando una "noticia urgente". Lo que siguió no fue periodismo. Fue una pieza de desinformación política construida con los mismos recursos dramáticos que se reservan para las tragedias nacionales: el suspenso, la autoridad del locutor y la urgencia fabricada como anzuelo.
Quintero Romero aseguró, con una seguridad que no tenía respaldo alguno, que el candidato presidencial Abelardo De La Espriella habría anunciado un paquete de 70 decretos ejecutivos para implementar si ganaba la presidencia el 7 de agosto. Y procedió a enumerar once de ellos: reducción del salario mínimo del 23% al 5%, anulación del salario a soldados en servicio militar, eliminación de la pensión a adultos mayores sin cotización, aumento del 50% en la cotización en salud, devolución de tierras a narcos y paramilitares, supresión de la ayuda a madres comunitarias, reactivación de fotomultas, aumento del 30% en el precio de la gasolina, extradición de Gustavo Petro y otras figuras del gobierno actual, liquidación de los procesos de paz y la JEP, y reactivación de peajes en todo el país. Con la excepción de la JEP, sobre la cual sí se ha pronunciado De La Espriella (pero no en esos términos), todo era falso.
¿Periodismo o manipulación política?
— Radio Guatapurí (@RadioGuatapuri) May 29, 2026
El director de Maravilla Informa, Carlos Quintero Romero, quedó en el centro de la polémica tras difundir en radio una supuesta “alerta urgente” con falsas propuestas atribuidas al candidato presidencial @ABDELAESPRIELLA .
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El problema no es solo que la información sea falsa —confirmado por la campaña de De La Espriella, que no ha previsto ninguna de estas medidas ni en sus comunicaciones oficiales ni extraoficiales—. El problema es que Quintero Romero violó en un solo acto los principios más elementales del oficio periodístico: el contraste de fuentes, la verificación antes de la difusión, el cotejo con la parte aludida y la distinción básica entre rumor y noticia. Un comunicador responsable, antes de leer al aire once medidas de gobierno atribuidas a un candidato, tiene la obligación ética y profesional de confirmarlas con la fuente directa. Quintero no lo hizo. Y eso no es descuido: es una elección.
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Porque lo que más delata la naturaleza premeditada de este episodio es precisamente el despliegue escenográfico: la sirena, la interrupción de la programación, el tono de alerta máxima. Esos recursos no se activan por accidente. Se activan cuando se quiere que una información —real o inventada— tenga el mayor impacto posible sobre la audiencia. Quintero no tropezó con una fuente equivocada; construyó un relato diseñado para sembrar miedo, asociar al candidato De La Espriella con medidas impopulares y condicionar la percepción del oyente antes de que este pudiera verificar una sola línea. Eso tiene un nombre preciso: manipulación informativa con fines políticos.
Colombia atraviesa un período electoral en el que la desinformación es una amenaza documentada para la democracia. Que un medio de comunicación con audiencia regional utilice sus frecuencias y su credibilidad ganada para difundir información falsa sobre un candidato —con el aparato dramático de una emergencia nacional— no solo daña a ese candidato: daña al periodismo, daña a los oyentes y daña al sistema democrático que depende, para funcionar, de ciudadanos informados. Carlos Quintero Romero tiene el derecho de opinar, de cuestionar y de criticar a cualquier candidato. Lo que no tiene es el derecho de inventar sus propuestas de gobierno y presentarlas como hechos comprobados. Eso no es periodismo. Es propaganda disfrazada de noticia.