Valledupar.
Un ataque sicarial a sangre fría segó la vida de Eduardo Quiroga Vargas, de 34 años, oriundo de Bucaramanga, la tarde del miércoles 18 de marzo en el barrio de invasión Altos de Pimenta de Valledupar. La víctima, que trabajaba como mototaxista y ayudaba a sus padres en una tienda del sector, recibió tres impactos de bala en la cabeza y el tórax disparados por sicarios que se movilizaban en motocicleta. Trasladado de urgencia al Hospital Eduardo Arredondo Daza, sede La Nevada, Quiroga Vargas llegó sin signos vitales.
Lo que hace aún más dramático este crimen es el contexto reciente de la víctima: hacía poco había regresado a Colombia luego de ser deportado de Estados Unidos, y se había instalado en Valledupar junto a su familia, buscando rehacer su vida en el humilde negocio familiar. El CTI de la Fiscalía adelantó los actos urgentes de investigación en la escena del crimen y remitió el cuerpo a Medicina Legal para la necropsia de rigor.
Los familiares de Quiroga Vargas claman justicia y exigen que este asesinato no quede en la impunidad, como ocurre con la gran mayoría de los homicidios que se registran en los barrios periféricos de Valledupar. El crimen reaviva la alarma sobre la situación de seguridad en los sectores de invasión de la capital del Cesar, donde la presencia del Estado es precaria y los grupos armados operan con preocupante libertad.
Este nuevo homicidio se suma a una cadena de hechos violentos que ha sacudido a Valledupar en las últimas semanas y que pone en entredicho la efectividad de las autoridades para contener el avance del crimen organizado en la ciudad. Las investigaciones están en curso, aunque la impunidad histórica en este tipo de casos —especialmente en barrios de invasión— genera pocas esperanzas entre los residentes del sector.