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Publicado en Paloma Valencia

Soy una teorizante de la política; me gusta analizar los hechos, descubrir los incentivos dentro de los juegos del poder, lanzar interpretaciones y aventurar predicciones.

La controversia política obliga a afinar la vista: observar mejor la realidad nacional y someter a rigurosos exámenes teóricos las soluciones que pueden ayudar a superar nuestros males en la práctica.

Tengo una ideología, como todos. Prefiero unas ideas sobre otras por considerarlas más apropiadas para resolver los problemas nacionales; incluso me encuentro muchas veces con la impresión de que los síntomas sobre los males de Colombia pasan desapercibidos para ciertas ideologías. De quienes teorizan desde mi orilla, aprendo nuevas formas para las mismas ideas; de quienes me contradicen me llevo alternativas de soluciones distintas e incluso nuevas formas de valorar la realidad.

Soy uribista desde que oí a Álvaro Uribe en algunas presentaciones que hiciera cuando él era gobernador de Antioquia y yo una estudiante universitaria. No tuvo que convencerme; sólo descubrí mi coincidencia ideológica con su discurso. Desde entonces he sentido que ve un país parecido al que yo veo, plantea soluciones que considero las adecuadas; su diagnóstico de nuestro paciente Colombia, tanto como el tratamiento que sugiere, me parecen apropiados.

La decisión de embarcarme en un proyecto político es nueva para mí. Alguna vez, hace unos años, hice un experimento que consideré útil para mi labor de teorizar; una pequeña campaña de dos meses como aspirante a la Cámara de Bogotá. La consideré un acercamiento para conocer, en lo posible, la realidad política. Ya me era lejana pues la militancia política de mi papá había terminado tiempo atrás y de ella sólo me quedaban recuerdos de una niña en medio de las reuniones políticas en los pueblos del Cauca.

La conclusión que obtuve de mi aventura me pareció que sellaba mi destino como teorizante: la política electoral es muy difícil. Existe un voto de opinión, pero es de difícil acceso y está ligado a los medios de comunicación; y existe un voto turbio que se mueve con unas fuerzas con las que no me atrevería a mezclarme.

Sin embargo, la coyuntura que hoy se me ofrece es muy distinta. El expresidente Uribe, en un gesto de responsabilidad democrática y generosidad, ha decidido volver al Congreso de Colombia y usar su prestigió para que el voto que lo admira y lo respeta sea útil no solo para elegirlo, sino para elegir un numeroso grupo de uribistas. Se trata de devolverle a este sector democrático su legítima representación política, usurpada por aquellos que, elegidos por nuestros votos, optaron por políticas diferentes a aquellas por las que los elegimos. Se trata de construir una fuerza política sobre bases ideológicas, donde lo importante no son las personas sino las ideas. Se trata de buscar una renovación política, un partido donde las personas están supeditadas a las ideas y no a caudales electorales o financieros.

He sido distinguida con un puesto de honor en esa lista y lo recibo con responsabilidad. Entiendo el reto que supone pasar de pensar en los problemas y arriesgar soluciones, a asumir la pesada tarea de llevarlas a la práctica. Por eso dejaré por un tiempo estas páginas, en el intento de llevar a la acción las ideas en las que creo.

Puede escuchar el audio aquí:

Publicado en Paloma Valencia

Santos en su intento por justificar su alejamiento de Uribe, pretende desdibujar las ejecutorias de los gobiernos uribistas.

Su afán de ser mejor, y de tener mejor opinión entre los colombianos lo llevó al extremo de sugerir que el gobierno Uribe era una farsa: no había logros, no había cambios; todo lo dicho y vivido era una mentira. Más allá de que podamos juzgar con un criterio trascendente las ejecutorias del país en los tiempos de Uribe, lo que sí existía era la sensación de que Colombia podía salir adelante, como si después de haberse mecido en una hamaca sin avanzar, la nación hubiera dado sus primeros pasos hacia alguna parte. Santos logró destruir ese optimismo. Ahora, lejos de que el afecto que se tenía por Uribe se haya trasladado a Santos; el país se deprimió.

A eso se suma una inseguridad creciente que se la califica de percepción y se combate con cifras. La extorsión ha remplazado el secuestro y el asesinato, pero la gente está a merced de los violentos, sin derechos y sin libertad. Las carreteras son inseguras, hay órdenes de paros armados y bloqueos. La gente volvió a sentir miedo, volvió a considerar dejar el país pues se deshace en el caos. Desde el Cauca llegan las más espeluznantes historias sobre el dominio de las Farc. Se pavonean por los pueblos con listas de las familias que viven en cada casa y les advierten quiénes están en la obligación de salir a bloquear las vías; incluso les exigen “aportes” para financiar los paros.

Todo eso no le preocupa a pretenciosos escritores, que desde la comodidad de Bogotá, viendo la serenidad con la que sus libros reposan en sus bibliotecas, consultan las páginas del ilustre Rufino José para seguir negando la realidad de un país, que no conocen ni les interesa conocer. Con ínfulas superiores a sus talentos, juzgan la política con el diccionario de Cuervo, y tal vez, la literatura con el estilo Maduro. Si las cosas empeoran harán sus maletas y volverán a sus plácidas vidas en el exterior. Barro y sangre, serán parte de la figura metafórica con la que expresarán su dolor por una patria de la que se dicen exiliados, sin confesar cómo han contribuido a hacerla inviable.

Lo hacen siguiendo el estilo de Santos. La línea de epítetos es tan larga, que ya a nadie le sorprende que el presidente insulte a un expresidente que además fue su superior jerárquico y el artífice de su propia elección. Santos avanzó en contra del Polo Democrático. A una de sus figuras más representativas, el senador Robledo, lo acusó de ser instigador de la violencia. Nada más mezquino. Disculpa su incapacidad para atender los problemas sociales y evitar las vías de hecho, a través del desprestigio de Robledo, a quien Colombia conoce como un hombre serio, comprometido con su postura ideológica y ajeno a toda práctica de violencia.

Santos —con una lógica inaccesible— interpreta como un éxito, la coincidencia en la crítica de la izquierda democrática y el uribismo. Esas críticas que desprecia Santos vienen de la Colombia institucional que observa su falta de sensibilidad social y su incapacidad para gobernar; tal vez juzgará, nuestro presidente, más significativo el respaldo que le da el régimen castro-chavista.

Al “coja oficio” de Santos, hay que responderle: cumpla con su oficio; gobierne, para eso lo elegimos.

 

Publicado en Paloma Valencia

 

Los problemas del sistema de pesos y contrapesos de la Constitución del 91 son evidentes; la Corte Constitucional no podría —aunque encontrara argumentos jurídicos— oponerse a una decisión política ya tomada.

Es un proyecto del presidente, aprobado por el Congreso, vendido como la llave para la paz; y los magistrados no tienen la entidad política necesaria para rechazarlo. Si la Corte lo declara inexequible, el fracaso de las negociaciones se les atribuiría a los nueve magistrados que no tienen suficiente representación democrática para soportar ese peso.

Así, el tema fundamental de la impunidad quedará sin discusión real; pues si se hiciera sería sobre la base de la imposibilidad de rechazarlo. Ojalá la Corte opte por no hacer una revisión de fondo, y se limite a la materia formal para aprobarlo; así al menos conservaría el prestigio jurídico que le corresponde.

El MJP abre espacios para la impunidad; lo decimos quienes nos oponemos a los términos en los que se desarrolla la negociación, y juristas y organismos que militan en la izquierda; la crítica no es ideológica.

Supone el MJP que la paz sólo es posible con una alta dosis de impunidad. Cabe destacar que no negociamos la paz; mientras subsistan el narcotráfico y la minería ilegal habrá recursos para financiar ejércitos ilegales que seguirán atormentando a los colombianos. Si lo que vamos a comprar es la franquicia de las Farc, vale la pena calcular el precio.

Aquella reflexión, según la cual cuando no se puede derrotar hay que someterse al dominio del fuerte, constituye una capitulación a los principios morales. La ley de la naturaleza es la del más fuerte, de manera que los animales se pliegan ante la supremacía de otro. Supone la moral que hay principios irrenunciables sin los cuales la vida humana se reduce a la subsistencia animal y pierde todo sentido de humanidad.

Sin embargo, existen episodios históricos donde la humanidad capitula. Los franceses constituyeron un gobierno de colaboración con los nazis en la antesala de la Segunda Guerra. Se preguntarían esos líderes: ¿para qué los rusos ofrecieron la vida de 30 millones de soldados? ¿Para qué la guerra de secesión en los EE.UU.? Sólo las concepciones humanas capaces de racionamientos morales pueden producir conductas heroicas, incluso el martirio. Se trata de la defensa de los principios, de lo que es correcto. Y no es lo mismo un mártir que un fanático: el primero es capaz de morir por lo que piensa, el segundo está dispuesto a imponer sus ideas por la fuerza, aun a costa de matar.

En el caso de Colombia no hay una guerra; hay un grupo que pretende imponer por la fuerza una ideología, pues no tiene ningún respaldo social. En el camino se dedicó al narcotráfico y al terrorismo. Lo que pedimos no es guerra; es el legítimo ejercicio del Estado para que los criminales vayan a la cárcel, aunque esta sea corta.

Quienes pretenden la capitulación ante las Farc, sostienen que como no hemos podido derrotarlos debemos darles espacio en la política y olvidar todo el mal que han hecho. Es una política de apaciguamiento que no traerá la paz, dejará en la impunidad muchos narcoterroristas; y debilitará la posibilidad de que otros colombianos se sometan a la ley. Habrá violencia por mucho tiempo.

 

 

Publicado en Sergio Araújo Castro

Crispín Villazón de Armas. Con ese nombre altisonante habría parecido fácil acomodarse en la estirpe de sus apellidos. Pero el hijo de Ana María de Armas quedó huérfano a muy temprana edad, y quizá por eso escogió ser un rebelde que vivió para honrar la impronta que quiso dar a su existencia.

Crispín llegó como estudiante a la Universidad Nacional de Bogotá en los años 50, y rápidamente se destacó por su simpatía y aguda inteligencia expresada en un verbo grácil y cierto humor con socarrona picardía, que le hizo popular y diferente en aquel mundo académico, diminuto pero vibrante.

Pronto estableció vínculos, desde el movimiento estudiantil, con los jóvenes líderes liberales que dirigían el partido desde Bogotá. Varios de sus amigos se volverían presidentes, y muchos lo acompañarían la vida entera en su obra vital: el Cesar.

El punto de inflexión que encauzaría su destino acontece una mañana histórica, cuando, en medio de la indignación del estudiantado por la imposición de un rector militar en la Nacional, el joven vallenato salta a una improvisada tarima y suelta un discurso encendido y magistral que fue ordenando el pensamiento general al ritmo de su voz portentosa.

La electrizante retórica de Villazón dirigió la masa estudiantil a las calles, tornándose en el más álgido momento de la dictadura. El alzamiento desencadenó turbulentos sucesos cuyo epílogo quedó signado con las muertes de varios estudiantes, episodio fatal que propició el derrumbe de la dictadura de Rojas Pinilla dos días más tarde.

Alberto Lleras Camargo, impresionado con su deslumbrante oratoria y liderazgo, invitó al joven tribuno a conversar, y se llevó de él tan buena impresión que a la postre, ya en el poder, decidió designarlo en un alto cargo en la misión diplomática en Londres. Pero ya estaba enamorado, vallenato a fin de cuentas, escogió el amor y se quedó para casarse. Sin saberlo, empezaba otra historia de amor, la de su devoción por el sueño que hoy es el departamento del Cesar.

El abogado recién graduado, que ya era juez en Villanueva (Guajira), armó familia desposando a doña Clarita Aponte, y a su lado se lanzó a conquistar un espacio político propio en el Magdalena grande, donde ya todos los liderazgos tenían dueño y los vallenatos eran tenidos muy a menos.

El hogar de ambos dio vida a una prole que después sería orgullo de su generación. Nacieron cinco hijos: Iván –la gran voz del folclor vallenato–, Ana María, Francisco, María Paulina, y Clemencia Villazón, quien luego se casaría con Camilo, el hijo menor de don Guillermo Cano.

El principio de la vida del departamento del Cesar está atado a un puñado de almas, entre las que se destaca ese rebelde que fue el ‘Jefe Crespo’. Al lado de Aníbal Martínez Zuleta y José Antonio Murgas desarrollaron todas las gestiones ante el alto poder político, apadrinados por López Michelsen, para conseguir la secesión del Magdalena.

Un político particular

Crispín tenía cierto talante particular, que irradiaba una suerte de irreverencia mayestática ante la dirigencia gubernamental, mientras que, en fuerte contraste, desplegaba una humildad genuina ante las gentes más sencillas. Esa polivalencia, esa ductilidad, fue perfilando su jefatura política hasta fraguar un liderazgo que a lo largo de la vida le granjeó honores y produjo trascendentales realizaciones.

El estilo de Crispín trazó la actitud autonómica del Cesar hasta nuestros días, y estableció como parámetro regular un trato fluido y horizontal con Bogotá y la clase dirigente nacional.

Para materializar al Cesar, todo fue importante. Fue vital la amistad entrañable con Escalona, la relación con Carlos Lleras, sus amistades de la época universitaria, y el afecto tutelar con la Cacica, que le puso música al anhelo vallenato y lo volvió folclor. Todo fue crucial. Incluso esa rebeldía ante los obstáculos, que se manifestó entonces en la polémica contraposición de Crispín a Pedro Castro Monsalvo.

Sin arredrarse ante el exministro de López Pumarejo en su gigantez política, el joven abogado lo desafió. El tema era de fondo: para el gran jefe liberal, la viabilidad del departamento era imposible, y Villazón, en cambio, soñaba un departamento del Cesar desprendido del Magdalena, donde Pedro ya era un jefe.

Su capacidad para moverse en el mundo como un rey en su corte, y en la provincia como un provinciano más, fue vital. Ello materializó un patrón instintivo en su vida, y fijó un modelo a imitar para quienes tratamos de descifrar los motores interiores de ese ser desprovisto de complejos, que se movía prevalido de la seguridad que solo proporciona una mente radiante.

La política es el espacio donde los hombres sin tesoros materiales logran destacarse ante sus semejantes. Y en el terreno de sus méritos, Crispín fue litigante destacado, juez, concejal, alcalde, diputado, senador, embajador, ministro de Estado, dirigente cafetero, hombre de partido, y especialmente labriego del suelo de la vida pública en el que despuntaron figuras que emularon su trayectoria.

Edgardo Maya Villazón, en el estupendo y emocionado discurso que improvisara ante su féretro, lo dijo sin ambigüedades: “Yo no le debo algo a Crispín, porque simplemente a Crispín le debo todo”.

En el sepelio fue inevitable hundirse en las memorias: cuando el éxito en política trasladó el hogar Villazón Aponte a Bogotá en los 70, los amigos de sus hijos, que vivíamos allí, convertimos su residencia de la 127 en una embajada espontánea de Valledupar en la capital.

La casa de Clarita fue un espacio afectuoso de tributo al conocimiento, a un existir en permanente pleitesía a la honradez, al servicio desinteresado, un escenario de dialéctica natural donde había debate y se respiraba un ambiente de libre expresión en el que la autoridad surgía del amor y la familia. 

A las generaciones posteriores, Crispín buscó inculcar ese espíritu libertario suyo, forjado en el hábito eterno de la lectura que lo ancló en la más profunda identidad con el liberalismo clásico europeo.

A ritmo vallenato

Villazón profesó como credo la probidad y rindió tributo solo a la ilustración y la inteligencia, mientras pregonaba que la igualdad verdadera viaja en una nave que solo arriba a su destino con el combustible del conocimiento y el estudio.

El engrandecimiento del folclor que –sin injusticia alguna– se atribuye a Consuelo Araújo, Escalona y López esconde a veces el protagonismo paralelo de otros que también se han ido, como Andrés Becerra, Hernando Molina, Clemente Quintero, Aníbal Martínez Zuleta, y ahora, destacadamente, de Crispín Villazón de Armas.

Ellos les pusieron gracia a las tertulias en donde se alternaba el costumbrismo vernáculo con la literatura universal entre citas, poemas y alusiones a la historia.

Imposible olvidar que a su despliegue de acción política, Crispín sumó ininterrumpidamente una consagración a la bohemia vallenata, que fue un atractivo adicional para ese país intelectual que empezó a moverse hacia Valledupar, del mismo modo que el mundo de la literatura se mudó a la bohemia parisina en la postguerra.

El contraste entre el embrujo autóctono de la música de la provincia, aderezado por ese puñado de intelectuales que hablaban de filosofía y política como eruditos, enamoró a Colombia de Valledupar al ritmo de paseos, merengues y pullas, y los encantados visitantes pusieron de moda esta comarca donde un juglar como Alejo campeaba, hombro a hombro, con un intelectual aquilatado como el senador Villazón de Armas… ¡Y nació el Cesar!

Crispín vivió sus últimos años como amo y señor de La Carolina, su finca cafetera, el sencillo imperio verde de cafetales que fueron su guarida y su morada. Una propiedad bien trepada en la falda alta de la Sierra Nevada, del lado cesarense, en Pueblo Bello, municipio que también fundó. Allí escogió dormir y despertar sus últimos años.

Lo visité en ese paraíso de alegría que construyó con sus hijos. Lo vi realizado. Lejos ya de sus cuitas bohemias y desasido sin nostalgia del Old Parr. Descifré cuán orgulloso se sentía de su periplo vital, muy consciente del alto punto que dejó a las generaciones posteriores y embargado en una forma de humildad que solo surge de la certeza de haber vivido bien, de haber sido ejemplar, correcto, bueno, y de haber sembrado, y sembrado, y sembrado…

Publicado en Sergio Araújo Castro

Ya publicada la lista a Senado del Centro Democrático (CD), terminaron las especulaciones sobre el futuro de Uribe. Se necesita no conocerle para afirmar que no va a posesionarse o que renunciará después de conseguir las 40 curules que, me atreví a vaticinar en ésta columna hace un año, para esa bancada que será mayoritaria en la cámara alta.

Si el pronóstico se da, el CD será determinante en el debate presidencial, y dos escenarios pueden proyectarse:

Para hacer posible el primer escenario, Carlos Holmes Trujillo y Oscar Iván Zuluaga tendrían que desmarcarse del esquema de “sesión solemne” en el que los vemos siempre, detrás y al lado de Uribe. Si no, jamás remontarán a Francisco Santos quien adelanta una campaña bien asesorada, independiente, coherente, que evita dar la sensación de ser un apéndice de Uribe. Por eso le está yendo mejor, a pesar de ser el menos preparado, el más impetuoso e impredecible, y el menos fiable de los precandidatos.

Si encienden su luz propia, pachito se irá desinflando, teniendo en cuenta que ostenta la mayor “imagen negativa” de los tres, y que vistos por separado, la indiscutible superioridad intelectual de Trujillo y Zuluaga crecerá ante los votantes.

En ese escenario, a pesar de que Zuluaga lleva meses de ventaja, y gozaba -antes de pedir la renuncia a Jose Obdulio- del favoritismo entre los “furibistas del ceroporciento”, preveo que el instinto de conservación moverá al uribismo hacia Carlos Holmes Trujillo. No es difícil entender que Pachito es el candidato uribista al que Juan Manuel Santos prefiere enfrentar, pues se simplifica la escogencia entre un Santos “probado” y un Santos “loquito”, y  las encuestas señalan ese camino al presidente, que molería a Francisco.

El despliegue “pachista” en la prensa bogotana, no es eficiencia mediática de Pacho, sino impulso soterrado de Juan Manuel para “ayudar” al que mas le conviene.

Si Oscar Iván Zuluaga consiguiera superar el autogol que se hizo, y retomara su opción, o si Carlos Holmes se pellizca y activa su chispa, cualquiera de los dos que consiga ganarle a Francisco pondrá al Centro Democrático a debutar ante la historia pasando a segunda vuelta y seguramente derrotará al presidente en su aspiración reeleccionista.

Por eso resulta incomprensible que entre los altos heliotropos del uribismo se siga murmurando la “necesidad” de pensar en Peñalosa, o excluir a José Obdulio de la lista a Senado para no disgustar a Pastrana, con miras a traer a Luis Alberto Moreno o al exalcalde, en vez de quienes ya están, cuando por lo menos dos de ellos poseen el mismo –o mejor- nivel que los añorados.

Esta injusticia con Zuluaga y Trujillo pudo originarse en haberles obligado a presentarse en paralelo con Francisco Santos, quien no es percibido como una opción razonable entre la mayoría de los votantes, con lo cual, esa tripleta, a pesar del peso intelectual de los exministros, se ve caricaturesca, exactamente como una película con Clint Eastwood y Robert Redford, en cuyo elenco incluyeran a “Suso el Paspi”.

Si Francisco Santos hubiera querido prestarle un gran servicio al uribismo, debió encabezar la Cámara en Bogotá, donde el “mamertismo” pulula y su nombre habría podido elegir al menos 5 escaños; o reservarse para hacer, igual que Lucho y Petro, cursillo de administrador como alcalde. Eso era lo políticamente lógico y proporcionado…

En el segundo escenario todo seguiría como va y Pachito ganaría la postulación presidencial del CD en la consulta de marzo. En tal caso, la bancada tendrá que girar un cheque en blanco para entregarlo a quien pase a segunda vuelta (ahí sí Navarro o Peñalosa) pues no será el candidato del CD, toda vez que un crecimiento suficiente en favorabilidad, resultaría imposible al ex vicepresidente, que arrastra una percepción negativa demasiado alta en todos los sondeos de opinión.

El Centro Democrático se limitaría a coadyuvar en la elección de quien derrote a Juan Manuel Santos, en una alianza programática de gobierno, muy al estilo de las democracias europeas. Y se elegiría un gobierno de coalición, en el que la bancada del CD mandará desde el legislativo, con lo cual el nuevo presidente va a tener un margen de maniobra y gestión muy distinto al que han gozado los mandatarios de los últimos dos siglos. Será bueno para Colombia.

Del mismo tema: Ojalá la renuncia de Juan Carlos Vélez no termine saboteando el mecanismo legítimo y serio de la consulta. Ojo, que apenas van 5 de los 90 minutos del partido. ¡Sería Sepúku!

Publicado en Sergio Araújo Castro

“Abrazar el momento de paz” proponía en la W el padre Lapsley, un sudafricano por adopción, blanco, quien por luchar contra el apartheid fue deformado físicamente por una bomba, un episodio de los muchos ocurridos durante el largo periodo de confrontación violenta que sumió a esa gran nación en el oscurantismo político, tantas décadas.

Michael Lapsley proponía “hablar para encontrar espacios de perdón”, y decía que la sociedad debía reconciliarse y encontrar un punto de encuentro alrededor de la nación que todos soñamos a futuro.

Oyéndolo, entendí la razón por la cual “nuestra paz” no se asienta; un fenómeno que se muestra dramáticamente en las encuestas que muestran como la mayoría quiere la paz, y -aparentemente- de manera contradictoria, esa misma abrumadora mayoría no quiere impunidad, no acepta darles representación política, y no cree en la voluntad de reconciliación de la guerrilla.

Sus palabras, ejemplarizantes, develan como nuestro “sueño de paz” padece de una incorrecta formulación pues se procura entender el fenómeno con parámetros convencionales, haciendo paralelismos imposibles con Sudáfrica, Irlanda, y otras naciones; por eso los apóstoles de paz que vienen a darnos valiosos testimonios, como Lapsley, Desmond Tutu, y tantos otros, cuyas visitas agradecemos, traen un mensaje que genera admiración, pero no identidad en esa población que opina en las encuestas.

La razón está en que Sudáfrica e Irlanda, por ejemplo, sufrieron penosos años de confrontación por una división verdadera, y significativa en términos porcentuales, entre grandes segmentos poblacionales definidos; en el primer caso por intolerancia racial, y en el segundo por hondas confrontaciones religiosas. Así las cosas, las palabras tolerancia y aceptación, podían desembocar en perdón, verdad, reconciliación y convivencia.

En Colombia no es así, aquí somos el mismo tutti frutti racial, somos mayoritariamente cristianos, y las consignas raciales y religiosas en todo caso no generan las pasiones que producen violencia. Como si fuera poco, nuestro marco legal fomenta la tolerancia, y protege casi excesivamente las minorías.

Nuestro problema es diferente, aquí, la guerrilla pasó de reivindicar –hace 50 años- una pequeña franja campesina sin ideología distinta a su necesidad de subsistencia viable, e hizo una  metamorfosis hasta someterla e incluirla en un esquema de guerra de guerrillas sin esperanza de triunfo.

Esa deformación ha producido por años, una situación local de fuerza, apenas suficiente para narcotraficar, secuestrar y extorsionar con ánimo de lucro, que ha facilitado atentar sistemáticamente contra la infraestructura del país, de modo que 20 jefes, y 120 subjefes consigan esquemas locales de dominación violenta que han causado inmenso daño humano y amedrentamiento a empresas y personas, en un accionar que distorsionó negativamente nuestro crecimiento, y produjo fenómenos de respuesta que también alteraron para mal el discurrir histórico.

Pero, sin duda, aquí no hay una división poblacional violenta. No hay una confrontación racial, religiosa, y ni siquiera ideológica, y apenas quizá un descontento oscilante entre segmentos socioeconómicos que en efecto viven en condiciones que requieren atención urgente y patrocinio estatal para su desarrollo.

El problema de la paz es que si se trata como un esquema de guerra civil, se le está dando una jerarquía a los armados que no tienen ante la sociedad. Y quizá lo primero, antes de entregar sillas en el congreso y esquemas de justicia transicional, sería permitirles contarse en una elección para que se les trate políticamente como la inmensa minoría que son, y se les de una oportunidad de reinserción, generosa sí, pero adecuada para su condición de grupo armado sin apoyo porcentual significativo entre la población.

Si nos aventuramos a los números, quizá entenderíamos que la guerrilla no es ni representa el 1% de la población. Así las cosas, ¿tiene sentido sentarse a “refundar la patria” con quienes no representan mas que eso, y quizá mucho de ello solo a la fuerza?

La respuesta es no.

Comprender esta diferencia con los conflictos de otras naciones, nos devuelve a entender que Uribe tiene y tuvo razón, y el tratamiento a la guerrilla no puede ser distinto a tratarlo políticamente como un problema policivo, así su capacidad de fuego y daño nos obligue a un desenvolvimiento de área típicamente militar.

No hacerlo así sería lo mismo que una fiesta de matrimonio con 100 invitados en los que uno de ellos, muy borracho, le agarre las nalgas a la novia, tire al piso la mesa del Buffet, le pegue una trompada al novio, y cuando la fiesta se hace un caos, los 99 invitados y los agredidos, en vez de sacarlo inmediatamente del recinto, le inviten a otro trago, le pidan comportarse, le entreguen la novia para bailar, y decidan hacer como si nada hubiera pasado…

Revisen los porcentajes, y piensen que es “su” fiesta. Es exactamente así de intolerable.

Publicado en Indalecio Dangond

Estimado Ministro: Quiero aprovechar este espacio y el momento coyuntural de la Reforma Tributaria Estructural y el Presupuesto General de la Nación (PGN) para el 2017, que se debaten en el Congreso de la República, para plantearle algunas proposiciones de impulso al sector agropecuario de nuestro país.

Como usted bien sabe, en Colombia existe un déficit de unas 11 millones de toneladas de alimentos anuales que debemos importar desde los Estados Unidos y varios países de Suramérica, pudiéndolas producir en nuestras zonas rurales, pero el “costo país” y la ausencia de una política de Estado para el desarrollo del sector agropecuario, lo impiden.

¿No cree ministro, que con tan delicado y creciente problema de inseguridad alimentaria y abandono del campo, es hora de establecer como criterio de asignación de los recursos al sector agropecuario, por lo menos el porcentaje de crecimiento del sector del año inmediatamente anterior? ¿No le parece incoherente y absurdo, que se apropien más recursos para gastos en burocracia, funcionamiento y estudios innecesarios que en programas de inversión?

Es hora señor ministro, de romper esquemas. Hay que ser creativos y aplicar el sentido común cuando las cosas no están saliendo bien. La repetición del pasado solo conduce al fracaso. No vacile en asignar una importante partida para financiar el programa de Zonificación Agrícola, Pecuaria y Forestal, que nos permita saber qué, dónde, cuándo y cuánto alimento debemos producir para los 48.9 millones de colombianos y los mercados externos. Por no contar con esta herramienta, estamos produciendo ineficientemente el 60% de la agricultura y ganadería del país.

Otra inversión prioritaria que está exigiendo el sector agropecuario es el montaje de un nuevo modelo de investigación y transferencia de tecnología como el desarrollado en Brasil a través de Embrapa. El nuestro va a como las procesiones de Mompox (dos pasos adelante y uno atrás). También urge instituir un sistema de presas, canales y distritos de riego en aquellas zonas agrícolas y ganaderas donde ha disminuido la precipitación anual. ¡Agricultura se escribe con agua!

Así como existen programas de chatarrización de buses, podría (por una sola vez) crear un plan de ayuda para mecanización agrícola a ver si logramos bajar en un los costos de producción e incrementar los rendimientos por unidad de tierra y de animal. Los recursos para garantizar a largo plazo los programas de coberturas de riesgo (seguro agrario, coberturas de precios, garantías hipotecarias y tasas de interés), tampoco pueden faltar. Desarrollar esta actividad a cielo abierto, representa muchos riesgos.

Por último, señor Ministro, urge asegurar los recursos para implementar un programa de vías veredales y otro de emprendimiento rural para atraer unos 20.000 jóvenes bachilleres que hoy se dedican al mototaxismo en municipios rurales del país, por no tener una oportunidad de instruirse en un proyecto productivo rentable.

En la reforma tributaria que acaba de radicar en el Congreso, sería conveniente que se considerara una reducción del impuesto a la renta y la exención del 4x1000 para el sector agropecuario.

Ministro Cárdenas, tiene en sus manos una tremenda oportunidad de convertir el sector agropecuario colombiano en uno de los más competitivos de Latinoamérica y en un motor de desarrollo de Colombia. No la desperdicie.

Publicado en Indalecio Dangond

El atropello y la arbitrariedad de ciertos funcionarios del Gobierno contra la agroindustria de los biocombustibles y de la palma de aceite tienen en jaque a estos dos importantes sectores de la economía del país.

En lo corrido del año, estos insensatos funcionarios le han propiciado dos golpes muy duros al bolsillo de 6.000 productores de palma de aceite. En febrero, el Gobierno Nacional, a través del Confis, suspendió los aranceles de importación de aceite de palma y soja por seis meses, con el argumento de bajar la inflación en el país. Esta desatinada medida, disparó las importaciones de aceites en el país, ocasionando una pérdida de $207.000 millones a los productores nacionales. El precio final del aceite al consumidor nunca bajó. ¿Quién le responde ahora a los productores de aceite de palma por este daño económico?

No contentos con esta disparatada medida, esta semana el Ministerio de Minas y Energía expidió una Resolución mediante la cual congela los precios de los biocombustibles, ocasionando una pérdida de $20.000 millones a los productores de palma en el mes de octubre. Paralelamente, el ministerio de Minas y Energía, a través de la cuestionada Creg, expidió otra Resolución, con la cual pretende reducir en casi un 50%, el precio de los biocombustibles (diesel y etanol) a partir de noviembre. Con esta irracional medida, prácticamente liquidan la producción nacional de biocombustibles y, de paso, le dan su certificado de defunción.

¡Es increíble que estas cosas estén pasando en el país y que en Palacio de Nariño, como en el Ministerio de Agricultura, no hagan nada! ¿Acaso van a acabar con los 150.000 empleos directos que genera este sector en 23 departamentos del país? ¿Quién va a responder por los 5.000 millones de dólares que invirtió el sector privado para cultivar 330.000 nuevas hectáreas entre palma y caña, y en la construcción de varias plantas de Biodiesel y Etanol? ¿Quién va a reducir en adelante los 2.5 millones de toneladas anuales de CO2 en nuestra atmósfera? Y ¿quién va a seguir promoviendo la soberanía energética, si dejaremos de reducir la importación de 20.000 barriles diarios de combustibles fósiles?

Claramente, estos burócratas no tienen ni idea de lo difícil y costoso que ha sido desarrollar esta actividad en medio de la guerra y la extorsión en unas zonas rurales dominadas por la guerrilla, los paramilitares y el narcotráfico, sin infraestructura vial, limitadas por el absurdo instrumento de política rural llamado ‘Unidades Agrícolas Familiares’ -UAF- y con la pesada carga tributaria de los impuestos de renta, al patrimonio, Cree, predial, valorización y plusvalía, entre otros.

Señores miembros de la Creg, no sigan buscando el ahogado río arriba. El impacto del precio de la mezcla actual (90% diésel fósil y 10% biodiesel) es de solo el 8% sobre el precio al consumidor, mientras que los impuestos que se le aplican a su venta constituyen un 14% a ese precio. La amenaza de huelga de los transportadores no se evita arruinando a los productores del campo; los precios competitivos que requiere el negocio del transporte solo se logran reduciendo la carga de impuestos que se le aplica actualmente al precio de los biocombustibles.

Publicado en Indalecio Dangond

En un reciente vuelo de Bogotá a Barranquilla, me encontré con Juancho de la Espriella, ese extraordinario y carismático acordeonero que acompañó por diez años a mi sobrino Silvestre Dangond. Al momento de despegar el avión, Juancho quería que le explicara un poco sobre el alcance de los acuerdos de La Habana y las consecuencia para el país de votar por el (Sí) o el (No) el plebiscito. Le sugerí que hablara de ese tema con el maestro Poncho Zuleta y más bien me actualizara sobre nuestra música vallenata.

Después de escuchar a Juancho, por más de una hora, llegué a la conclusión que las agrupaciones de la música vallenata necesitan urgentemente una agremiación sin ánimo de lucro que proteja sus intereses y promueva su música. En menos de 5 años, el reggaetón los desplazó en todas las emisoras del país. Se trata de trabajar unidos bajo una sola organización que los ayude a enfrentar las amenazas que representa la globalización de la industria musical y potencializar las ventajas, que como música raizal, tiene el vallenato. El gremio de la música vallenata sería para las agrupaciones musicales lo que Fenalco es para los comerciantes o la SAC es para los agricultores.

Con una agremiación bien organizada, las agrupaciones de la música vallenata podrían llegar rápidamente a las emisoras y canales de televisión de los países latinoamericanos y tener mayor impacto en las nominaciones de los premios de la música latina, como los Grammy, Billboard, Awards y Lo Nuestro. También se podrían lograr victorias tempranas, impulsando ante el Congreso de la República leyes que privilegien la música vallenata por encima de otros géneros latinos, porque además de su sabrosura, es un patrimonio cultural de la humanidad. En países como los Estados Unidos, México o Venezuela, de cada 100 canciones que suenan en las estaciones radiales, por lo menos 70 tienen que ser géneros musicales de esos países. ¿Por qué no implementar este esquema en Colombia?

Las organizaciones gremiales también son clave en la planeación e implementación de las políticas de crecimiento y competitividad de cada sector. En la música vallenata hace falta alguien que organice el desorden que existe en la producción y comercialización de los albúmenes musicales y que ayude a regular las tarifas y contratos con las casas disqueras, estudios de grabación y autores de obras musicales. En un semestre pueden salir al mercado más de diez producciones vallenatas que nadie recuerda a la vuelta de unos meses por la mala calidad del álbum y la ausencia de un plan de mercadeo. Al final del día, los grandes beneficiados son las organizaciones clandestinas de CD piratas y los payoleros.

Otra de las grandes ventajas que tiene una organización gremial es el poder de convocatoria al momento de impulsar proyectos de inversión en beneficio de su sector. Un gremio de la música vallenata podría promover con mayor eficiencia y transparencia la construcción de un Museo de la Música Vallenata, que bastante falta hace en la ciudad de Valledupar. Ojalá se animen.

En el tintero: El tema del plebiscito se volvió más cansón que vendedor de Vive100 en semáforo.

Publicado en Andrés Molina

Me ha sorprendido la cantidad de ataques (irrespetuosos la mayoría) y críticas ácidas a la administración municipal por la suscripción de un contrato con la politóloga y experta en justicia transicional Natalia Springer con el objeto de realizar un ciclo de conferencias para formar gestores de paz en el municipio de Valledupar (Ver contrato aquí)

El contexto

Antes de entrar en materia, debo decir que existen muchísimas otras áreas y aspectos para criticar a la administración Socarrás. Desde los dos medios radiales que dirijo (Radio Guatapurí y Cacica Noticias) he criticado durante su cuatrenio, a veces con dureza, pero siempre con justicia, sus desaciertos y falencias, bajo el entendido que, precisamente, la función del periodismo es ser un contrapoder de otros poderes establecidos, y, principalmente, del poder público.

A guisa de ejemplo, se le ha criticado a su administración desde estos medios el aumento de la inseguridad en las calles, los problemas de Emdupar, el desorden del tránsito (que tras la terminación de la concesión, pareciese ser peor el remedio que la enfermedad), y –ya que hablamos de contratos–, fuimos los primeros en develar el polémico contrato adjudicado a la firma Ágora S.A.S., con cuyo director el alcalde tiene un parentesco lejano (Ver nota Multimillonario contrato de asesoría enciende polémica)

Más recientemente, hicimos públicas unas grabaciones que dejan mal parado al alcalde con los líderes de barrios de invasión, barrios que posteriormente fueron incluidos en el nuevo Plan de Ordenamiento Territorial aprobado por el Concejo (Ver nota Grabaciones comprometen al alcalde con invasores de predios). En fin, la lista de aspectos para criticar de la actual administración –como de cualquier administración pública– siempre será larga, y nadie podrá decir, con razón, que desde esta esquina, hemos callado ante errores o entuertos de esta administración municipal. Y sí, por supuesto que tenemos contratos publicitarios con la alcaldía. ¿Nos inhibe o coarta para informar y opinar? No rotundo. Nunca he recibido de los mandatarios locales (alcaldes o gobernador) mensaje alguno que limite en forma alguna nuestra libertad de prensa.

Sin embargo, estoy convencido que de los (pocos o muchos, según el lente con que se mire) aspectos resaltables de su administración ha sido la apuesta por construir un espacio para dialogar sobre la paz tanto nacional como local, y en dicho espacio formar gestores de paz que entiendan no solo las complejidades de nuestro conflicto, sino también, bajo la óptica de otras experiencias internacionales, las alternativas al mismo.

Sobra decir que Valledupar, tal vez, como ninguna otra región de Colombia, ha sufrido con la mayor crudeza la violencia guerrillera, paramilitar y de agentes del Estado. El mejor ejemplo de ello es que sólo aquí fuimos capaces de engendrar a dos monstruos de la guerra: a alias Simón Trinidad y a alias Jorge 40, dos hombres despiadados y viles, en antípodas ideológicas, pero similares como figuras que representan ambos el lado más brutal y sanguinario de nuestro conflicto armado. Sus vidas paralelas en sus causas belicistas fueron narradas con sapiencia por el escritor vallenato, Alonso Sánchez Baute, en su ya clásica obra “Líbranos del bien”.

Las críticas

Por ello, reitero, me ha sorprendido la mezquindad de las críticas tanto en contra de Natalia Springer, cerebro de la iniciativa, como en contra del alcalde Socarrás. Y me declaro sorprendido –no tanto por los insultos y adjetivos descalificadores, usuales en nuestra comarca – sino por la pobreza argumentativa de los ataques.

La principal crítica radica en el monto del contrato 552 del 19 de junio de 2015: $1.400 millones de pesos (¿A propósito cuántos de quienes lo critican se han tomado el tiempo de leerlo? ¿Repiten como loros lo que otros dicen?). A los detractores les parece carísimo e inconveniente por estar el municipio en Ley 550. Por el contrario, a mí dicha crítica me parece espuria y refleja ignorancia supina de quienes lo aducen. En efecto, organizar un ciclo de conferencia de dos meses con invitados internacionales de la talla de dos premios nobel alternativos de paz, expertos en justicia transicional como Sabine Kuterbach, Paul R. Williams (asesor de Collin Powels), Baltasar Garzón (juez español que instruyó el proceso contra Pinochet), el fiscal del tribunal internacional para la ex Yugoslavia, entre otras 19 personalidades, naturalmente que demanda tiempo y dinero. Sólo pensemos en la logística de movilizar a dichas personas (tiquetes aéreos, alojamiento, esquemas de seguridad, entre otros aspectos). Muchas de ellas cobran por dictar sus conferencias. Es algo usualmente aceptado en el mundo académico. Bill Clinton cobra entre $100.000 a $200.000 dólares. Tony Blair, ex primer ministro británico (quien visitó a Valledupar el año pasado en la Cumbre de Gobernadores) suele cobrar 190.000 euros por conferencia, en promedio.

Así, pues, que la Escuela Vallenata de Paz –que dura dos meses– por $1.400 millones esta por debajo del estándar internacional. Muchísimo más cuesta realizar el Festival Vallenato (más de $4.000 millones por 5 días de parranda cultural), el Festival a Salvo de la gobernación ($1.000 millones por un día de parranda y de culto a la personalidad del gobernante), la Cumbre de Gobernadores del año pasado, o la Feria Nacional Cebú ($2.500 millones por un fin de semana para ver exposiciones de ganado).

Tampoco es de recibo el argumento de que es inconveniente el gasto por estar la ciudad en Ley 550. En primer lugar, la Ley 550 no es una ley de quiebras como popularmente se le conoce. Es una ley de reestructuración de pasivos financieros. La diferencia es grande. Se entra a ella para poder reorganizar financieramente las deudas y poder funcionar sin tener que estar sujeto a la parálisis de la administración que causan los embargos judiciales, que dicho sea de paso, en nuestra ciudad responden a un cartel muy bien organizado con tentáculos en los altos tribunales. En este sentido, la Ley 550 no prohíbe la contratación de este tipo de eventos. La conveniencia o no de contratarlos es una legítima potestad discrecional del alcalde, sujeta al escrutinio de los órganos de control.

Los críticos

Más hirientes son los comentarios en redes sociales en contra de Natalia Springer, una persona con quien no tengo mayor cercanía (sólo he interactuado socialmente con ella en mi función de periodista), pero cuyo trabajo conozco desde mi época de estudiante de derecho en Los Andes. Su hoja de vida es impresionante y pocas personas en Colombia tiene semejante trayectoria: sicóloga y politóloga de la Universidad de Los Andes. Doctora en mecanismos de Justicia Transicional de la Universidad de Viena, Austria; maestría en derechos humanos y derecho internacional humanitario de la Universidad de Pisa, Italia; especialista en resolución de conflictos de la Universidad de Uppsala, Suecia. Paro aquí porque su palmarés es tan extenso que no cabría en esta ya larga columna.

Por todo ello casi me estrello (manejaba mi carro cuando oía el programa) del asombro cuando escuché al periodista Sergio López Gómez, afirmar con el mayor desparpajo, desde su tribuna de Caliente & Picante, que cualquiera con $1.400 millones podría organizar un proyecto para traer a Valledupar una serie de conferencistas para echar lora sobre la paz. No, don Sergio, ni Usted ni yo (y creo que nadie en Valledupar) tenemos la capacidad ni los contactos internacionales para organizar un evento que está llamado a transcender en la historia de Valledupar. Entiendo la ‘factura de cobro’ que tiene Usted y Carlos Cadena en contra del alcalde por los muchos papayazos que da su administración, pero en esta ocasión creo, sin asomo de duda, que tacan burro.

Tampoco creía ver la cínica crítica que a través de su cuenta en Twitter el periodista Limedes Molina Urrego (salvedad: no somos parientes, al menos no cercanos) lanzó en contra de Natalia cuestionando el contrato adjudicado. Comprendo que Limedes se moría de envidia y se la hacía agua la boca ya que no le bastó el contrato –ese sí absolutamente inocuo y estéril– que le adjudicó el alcalde años atrás por $200 millones. En esa época, Limedes era el mayor defensor de la administración, pero como no le renovaron el contrato al año siguiente, se volvió uno de sus mayores críticos.

En su afán por desacreditar a Natalia y al contrato, han traído a colación temas de su fuero privado: que tiene una relación sentimental con el viceministro de Vivienda Guillermo Herrera. Afirman sus detractores que el viceministro vino a Valledupar a presionar al concejo para que aprobara el POT y que, en contraprestación le dieron el contrato a Natalia. Tal acusación sin fundamento no merece mayor reparo, salvo que en la comarca no dejamos de ser un pueblo de chismosos donde reina la maledicencia y el despotricar del prójimo. El Concejo aprobó el POT porque la coalición mayoritaria del gobierno se impuso. Es fácil levantar suspicacias y sospechas infundadas cuando se tiene el deseo de hacer daño. Con este mismo raciocinio absurdo podría afirmar que el mismo Concejo (aconsejado por el viejo zorro Gaby Muvdi) decidió suspender el debate del empréstito de los $22 mil millones para que se acabara el periodo ordinario de sesiones y forzar al Ejecutivo a que convocara a sesiones extras, y de esta manera, los concejales devengar mayores honorarios por las extras. Cuando se hila tan delgadamente se corre el riesgo de romper el hilo (argumentativo).

Más allá de las críticas y de los críticos, no hay derecho a someter a Natalia a un linchamiento por las redes sociales. Atacarla con los más deleznables calificativos es, sin duda, un acto de matoneo virtual que habla muy mal de los emisores.

Qué lástima que Natalia haya tenido que conocer esa faceta mezquina y abyecta de los vallenatos. Ella que se ha declarado vallenata por adopción puso sus ojos en esta ciudad para hacer realidad este laboratorio de paz, habiendo otras ciudades en el país con mejores opciones en infraestructura y logística que las existentes en nuestra ciudad.

Juzguemos a Natalia y al alcalde por los resultados de la Escuela de Paz pero no satanicemos este proyecto antes de darle la oportunidad de vivir esa experiencia en la que, como sociedad, nos miremos al espejo de nuestras culpas, y colectivamente podamos exorcizar nuestros demonios y expiar nuestros ‘pecados’.

Creo que en su primera jornada quedó demostrado que el experimento puede dar buenos resultados y corroboró el poder de convocatoria de Natalia. Ver en un mismo escenario interactuando al candidato Sergio Araújo y a la senadora Claudia López para que resuelvan sus diferencias a través del diálogo y no en los estrados judiciales (o en la retórica de Twitter) es un buen indicio. Que el primero (quien ha sido blanco de los ataques de la segunda) haya tenido la oportunidad para hablarle a la senadora y tratar de demostrarle que no es el hampón que ella piensa, es un buen comienzo, refrendado por un apretón de manos.

Asimismo, que Imelda Daza Cotes, tras veinte años de exilio, haya regresado al Cesar a ser candidata a la gobernación de la izquierda democrática y en el auditorio del Gimnasio del Norte haya podido alzar su voz para contradecir las afirmaciones de la senadora liberal Sofía Gaviria y que ésta a su vez haya mantenido la calma y demostrado tolerancia ante la inesperada crítica, prueba que es posible construir aquí escenarios de paz.

Infortunadamente, en la Costa Atlántica ha hecho carrera que el mejor gobernante es aquel que más metros cuadrados de concreto construya (los incautos olvidan que los contratos de obra pública son la principal fuente de desviación de recursos públicos). Bajo este cuestionable criterio resulta claro que la administración Socarrás se rajaría pues, sin un peso de regalías, no pasaría el dudoso test de los metros cuadrados ante la feria del cemento que ampulosamente publicitan otras administraciones. No obstante, existen criterios más elevados para medir a un gobierno. Quienes creemos que la construcción de escenarios de paz es fundamental para parar la sangría y empezar a resolver nuestros conflictos no a través de las balas, sino de mecanismos pacíficos, estamos convencidos que la Escuela Vallenata de Paz es una iniciativa llamada a trascender en nuestra historia.

48 años atrás, el pintor Jaime Molina se burlaba de la Cacica por su empeño de hacer un concurso entre acordeoneros vallenatos y decía con el cantaito característico de los locales: “Eso no va pa’ ningún lao”. Similarmente, pocos le apostaron a la quijotesca idea de Lolita Acosta de fundar un periódico local “El Diario Vallenato”, escuela de periodistas de la región. Hay más ejemplos similares de iniciativas que en sus inicios fueron descalificadas ferozmente.

Démosle la oportunidad a Natalia Springer de sembrar la semilla de esta Escuela de Paz. Démonos también todos la oportunidad de desarmar nuestros espíritus y asistamos a este ciclo de conferencias con el ánimo de aprender. ¿Cuál es el miedo de escuchar a otros que han vivido conflictos similares al colombiano? Si esta Escuela de Paz fracasa, bienvenidas, entonces, las críticas. Yo estaré entre los primeros.

Publicado en Andrés Molina

Querido Santiago: Cuatro décadas atrás, tu abuela Consuelo Araujonoguera, le escribió a tu padre, con motivo de su nacimiento, tal vez la más conmovedora carta que haya escrito en su vida, titulada “Verte crecer, hijo mío” (El Espectador, 17 de septiembre de 1975). Hoy me corresponde darte la bienvenida a este convulsionado y sorprendente mundo, y empiezo, hijo mío, con todo el cariño, por pedirte perdón, porque es imposible superar la pluma de tu abuela, dotada por la Providencia de una sensibilidad especial y una habilidad natural para narrar de la cual yo sólo alcancé a heredar una ínfima parte.

Espero que tú le heredes a ella mucho más de esas aptitudes, de las que yo le heredé: en especial, ese talento desbordante, esa capacidad para construir sus sueños en contra de las adversidades y ese sentido de la justicia, que la llevó a velar siempre por los menos favorecidos por la esquiva Fortuna.

Sólo al sostenerte en mis brazos aquella mañana calurosa en Valledupar conocí el amor puro y verdadero, materializado en esas carnitas y esos huesitos, representados en tus escasos 2.500 gramos y tus 46 centímetros de talla. Pude decir, entonces, como reza la Biblia “este sí es carne de mi carne, y sangre de mi sangre”. Desde entonces, eres tú, Santiago el centro de la existencia de tus padres y la mayor alegría de sus vidas. A un lado han quedado el estrés cotidiano del trabajo, “–que señor Andrés lo llama el alcalde. –Dígale que más tarde lo llamo que estoy durmiendo al niño”. “Que de tal entidad están pidiendo una cotización. –Que se entiendan con Melissa, que para eso me reemplaza”.

En estos siete días desde que naciste no me deja de impresionar tu mirada escrutadora con esos ojos negros profundos con los que me examinas el alma y me avergüenza que encuentres en ella cosas no dignas de ti. Han sido siete días de aprendizaje continuos e intensivos a ser padres, a ser intérpretes de tu lenguaje no hablado, de tus gestos y tus gorjeos. Ya aprendimos que cuando mueves tus bracitos al aire como lanzando golpes no es que quieras pelear con el mundo sino que es la señal inequívoca de que tienes hambre. Aunque en este mundo te recomiendo mantener, hijo mío, la guardia arriba, porque abundan las trapisondas, las traiciones y los golpes bajos.

Releyendo la carta de tu abuela, me pregunto ¿cuánto ha cambiado el mundo y el país desde entonces? En 1975, gobernaba el país Alfonso López Michelsen, presidente liberal del “Mandato Claro”. El Cesar, tu departamento, era gobernador Alfonso Araújo Cotés, y, en Valledupar, tu ciudad, alcalde Jaime Calderón Brugés. Hoy, tu país lo lidera, Juan Manuel Santos, quien ha puesto todos sus esfuerzos en lograr la paz para que tú y los otros niños de tu generación no crezcan en medio de la guerra, como ha sucedido desde hace cuatro décadas. Sin embargo, muchos le critican a Santos que en ese loable esfuerzo, ha cedido demasiado ante el infinito cinismo de las FARC, asesinas de tu abuela.

Santiago, eres un privilegiado por haber nacido en un hogar de clase media costeña, porque tus dos padres trabajan y pueden darte una educación de calidad. No obstante, no comparten tu buena Fortuna, miles de niños de Colombia, cientos de ellos en La Guajira y en El Cesar, departamentos que ocupan el vergonzoso primer y segundo lugar del país por mayor número de muertes de niños por desnutrición, a pesar de recibir cuantiosos recursos del Estado.

Por todo ello, Santiago, quiero sembrar en tu corazón desde ya la semilla de la justicia y la equidad para que entiendas que Dios a quien más le da, más le exige, y esos supuestos privilegios que le ha vida te ha dado implican de tu parte una mayor responsabilidad para con tu comunidad, con tu país y con el planeta en el que vives. Guarda esta semilla en el corazón y cultívala con tesón y esmero para que algún día puedas también transmitírselas a tus hijos.

Publicado en Andrés Molina

Mucho ha dado de qué hablar la entrevista de Alex Char concedida a este diario sobre el antipático fenómeno del ‘bogocentrismo’, término acuñado por él, que hace referencia a ese marcado y odioso modelo centralista en el cual las grandes decisiones del poder en todas sus formas (político, administrativo, económico, y un largo etcétera) se toman en la capital del país. (Ver entrevista, viernes 29 de mayo de 2015: http://www.elheraldo.co/politica/en-transparencia-barranquilla-tiene-muc...).

Aunque la declaración de Char se da dentro del contexto de la pelea interna del partido Cambio Radical, entre el sector moralista que orienta el senador Carlos Fernando Galán y el sector pragmatista que orienta Char, su afirmación de la autonomía de la Costa Caribe puede, sin duda, extrapolarse y leerse dentro de un contexto mucho más amplio.

En efecto, coincide la entrevista de Char con un informe revelado recientemente por el diario La República sobre la participación de los diferentes departamentos del país en el gabinete desde 1900 hasta hoy. En dicho informe, sumados todos los departamentos de la Costa, solo han puesto 90 ministros (Atlántico, 28; Bolívar, 24; Magdalena, 11; Cesar, 9; Córdoba, 9; Sucre, 6; La Guajira, 3; San Andrés, 0), frente a 130 ministros de Bogotá y 118 paisas. Tan solo Valle del Cauca ha puesto 61 ministros y los dos Santanderes sumados, 76.

Esa enorme desigualdad en la participación de la Costa en la conformación del poder público no se limita únicamente al terreno ministerial. Se extiende como un cáncer a otros ámbitos de poder. Precisamente, en otra entrevista reciente publicada en EL HERALDO, el barranquillero Adolfo Meisel, codirector del Banco de la República, explicaba que las desigualdades regionales en Colombia no son producto del azar ni de la diferencia de recursos naturales entre estas, sino que fueron alimentadas por políticas públicas orientadas a fortalecer unas regiones frente a otras.  (Ver entrevista: domingo, 17 de mayo de 2015: http://www.elheraldo.co/local/los-antioquenos-se-llevaban-la-mermelada-c...).

Meisel señala tres políticas en particular: (i) las inversiones y el gasto de funcionamiento del Gobierno Central, (ii) las políticas de comercio exterior, y (iii) las de protección y fomento industrial, las cuales beneficiaron como a ninguna otra región a Antioquia y Bogotá, regiones que han dominado al país en los últimos 100 años. Las cifras confirman la afirmación de Meisel: Antioquia, Cundinamarca y Bogotá configuran el 42,7% del PIB.

Sin embargo, mal haríamos los costeños en limitarnos a quejarnos de nuestros males y tratar de culpar a otros de nuestras propias culpas, evadiendo nuestras responsabilidades. Ciertamente, la Costa también ha tenido acceso al poder público y desde hace muchos años, la bancada parlamentaria costeña es una de las más numerosas –aunque no la más unida–. Actualmente representa el 31% del Senado con 31 senadores, y el 19% de la Cámara con 32 representantes. Hoy tanto la presidencia de la Cámara, como la del Senado, están en manos costeñas: Fabio Amín y José David Name, respectivamente. No obstante, bien anotaba un amigo que pareciese que a la dirigencia costeña le encanta ocupar premios de consolación que sirven más para satisfacer intereses de grupúsculos de poder como clanes políticos dominantes (Name, Gerlein, García, el famoso cartel del suero, entre otros), que defender los intereses de la región.

En este sentido, Alex Char –y todos los dirigentes costeños como él con proyección nacional– no pueden pasar por alto la responsabilidad histórica que tienen para cambiar el estado de cosas de la desigualdad regional, no cediendo a la tentación de defender únicamente el interés del grupo o la familia, por encima del interés de la región como un todo.

Publicado en Edgardo Mendoza

La cosa inicia esta semana que termina,  con el padre Linero que no es padre, sino sacerdote, algo así como el Junior que tampoco es  joven equipo. Ambos son barranquilleros que tampoco son lo mejorcito de la costa como ellos creen.

Alboroto porque el telepadre dijo que los diezmos son para enriquecer a los pastores, que tampoco guían ovejas sino personas. Si yo no fuera crucigramista, hace tiempo tendría el mismo problema que muchos lectores hoy. Siempre aparece: Creador del diezmo en la biblia y la respuesta es Malaquías. En el antiguo testamento la palabra diezmo, creo aparece tres veces y la nombran tres personas. Malaquías, Jeremías y Nehemías, supongo  eran como las ías de aquellos tiempos, es decir Contraloría, Procuraduría y Fiscalía, al tratarse de dinero la historia es  coincidente y referencial. Decía Malaquías, “traed todos los diezmos al alfolí para que haya alimentos”.. Mejor dicho, el PAE  de aquellos tiempos. Alfolí era una especie de depósitos de alimentos, como los paquetes nutricionales hoy, que a propósito investiga la contraloría

Bien, el Padre Linero, el mismo del “Man está vivo”, alborotó iglesias y hay protestas de pastores ricos y en camino de enriquecerse por todas partes. Recuerdan al padre “Chucho” del canal RCN hace apenas pocos años, hablaba de pobreza y lucía un reloj Rolex de 30 millones de pesos dijo la prensa. Ya le quitaron la pantalla. O sea el programa y ya nadie se acuerda del telepadrecito bogotano.

También el Santo Padre, es decir el Papa Francisco, esta misma semana dio autorización  a  sacerdotes comunes y corrientes  para perdonar el aborto, sin necesidad de intervención de  obispos, cualquier cura de pueblo sencillo puede perdonar, porque estamos en el año de jubileo hasta el 8 de diciembre, de manera mujeres que si quieren prender velitas, les recuerdo que el plazo vence al día siguiente. Para perdonar abortos, si los tienen. Aprovechen sino ex comunión.

Mejor pasamos a  temas de Paz que la iglesia viene pregonando por muchos años, para el caso nuestro son nuevos acuerdos, ya los negociadores escucharon por 40 días y sus noches a todas las vertientes opositoras y muchas de ellas siguen en lo mismo, oponiéndose, ya conocemos a los del Centro Democrático de Uribe que nada les huele bien.  Incluso acaba de decir el hoy senador paisa que las repuestas que dio Carlos Vélez Uribe  gerente del No, sobre las prácticas  y sus aparentes trampas fue producto de una rabieta. Raro, porque nadie  recuerda haber visto un uribista riéndose en los últimos siete años.

En la variedad de temas está el sabor. El  Nacional, equipo   verde colombiano, empató con “Cerro porteño” y ahora jugará con el “chapaconense” que a propósito es brasileño y no mexicano, por lo chapas y el narco “Chapo” Guzmán.  Ay, palabritas .El futbol nos une y desune todos los días, nuestra Selección Colombia ahora es la sexta del mundo y Pékerman está  por  sexta vez en remojo. Será que Pékerman es el Man?

Terminemos semana con algo vallenato. Mientras la Contraloría General encuentra hallazgos en la alimentación escolar, del año anterior y del primer semestre del actual en caso de la gobernación del Cesar y municipios del corredor minero, alguien debe estar que corre a esconderse. Hay 6 mil 709 nueve millones de pesos embolataos!

Ya nadie quiere escuchar consejos. Concejos para qué? El joven Ciro Chinchilla siempre quiso ser concejal de  Valledupar y curiosamente el apellido Castro lo persigue. Anteriormente perdió con José Guillermo Pepe Yamín Castro y apenas ayer, las autoridades electorales anulan su elección y lo reemplaza Robert Castro. Ey, será  que el  Man es Castrochavista?

Chinchilla y chanchullo. Ay palabritas! En qué parará la cosa?..

Publicado en Edgardo Mendoza

Estamos fallando en muchas cosas, cuestión que me alegra porque seguimos siendo humanos y no somos perfectos. Sería aburridísimo si lo fuéramos. Hace apenas pocos días mis paisanos guajiros comentaron llorosos la pérdida de las elecciones con Tico. Ayer antes de morir la tarde, los mismos remataron la tristeza por la condena de Kico,  su exgobernador, creo. 40 años de cárcel no es un número cualquiera. Los cesarenses apostaron a ese número como suerte y aun se lamentan. Igual tuvieron 39, pero preferimos el 039 de Alejo Duran para ir olvidándonos. Todo esto lo aprendimos hace poco en apenas una semana de resiliencia vallenata.

La  Selección de fútbol que patrocina olvidos, ahora se le dio por perder con Argentina, justo cuando necesitábamos distracción. A James lo perjudica su amistad con Cristiano, dice el Tino. Pékerman tampoco atina en nada, hay que esperar marzo, dice tranquilo, como cualquiera que se gane 5 millones de  dólares por ver correr a 22 jugadores detrás de un balón y millones de idiotas que aplaudiendo. Me cuentan que el Junior.. ¿aún existe ese equipo? Perdió con Nacional, ni para que  mencionar al Valledupar Fútbol Club que entiendo pasa a la C.

La costa esta semana estuvo de pérdida. El Grammy vallenato se fue para Fonseca. En La Guajira? ¡Nooo!.. Para Fonseca el  cantante bogotano que hizo un homenaje a Diomedes. O sea que cantó mejor que Martín Elías pues. Ganó Trump cuando apostaban por Hillary. Ganó Álvaro porque el “uribito” Arias sale libre y se queda en patios de Trump, que es adorado por el jefe máximo de  Centro Democrático.  Centro Demoníaco para algunos.

Celebramos lo de Electricaribe sin saber que  en pocos años  ganan la demanda al estado y pagaremos todos con lo que nos queda de energía.

Seguimos tranquilos pero alguien mueve las redes. Alboroto porque Lucy hija de Carlos Vives se besa con Lauren otra mujer. El mismo día Ricky Martin pide matrimonio a su novio, Jwan Yosef otro hombre.

Los Pastores del No están  en desacuerdo con los nuevos acuerdos del gobierno. Por supuesto que el Uribismo tampoco acepta nada. Ahora dicen que De La Calle faltó a su palabra y que Santos regresa al problema de próstata a pesar de ser premio Nobel. Bob Dylan, dijo que no iba por su premio, al menos apareció.

El alcalde Tuto Uhia, espera que la cultura ciudadana prospere. El gobernado Ovalle que prospere su fallo. Los Arturistas esperan que fallen.  El Consejo de Estado siempre aplaza como la vía a Pueblo Bello, que  a pesar de sus fallas, nadie falla.

Definitivamente estas semanas con puentes vienen fallas. Menos mal que bajaron los atracos, las clínicas y hospitales son ejemplos de atención, las motos se fueron de Valledupar, las calles ya no están llenas de indigentes, las ciclorrutas ahora con bicicletas nuevas son todo un espectáculo y la policía que busca alcoholemia a todas horas, quedó sin dientes, ya no muerden. Toca soñar, así sea en el último párrafo. Diosa egipcia Zasanc...ruega por nosotros vee!

Publicado en Edgardo Mendoza

Por esos coletazos de la historia,  la primera semana de este mes, recuerda la Revolución  bolchevique de Octubre de 1917, que cumplirá un siglo el año entrante. Claro son acciones y mundos diferentes, pero en Colombia fue una semana de revolución, sorpresas, giros, decepciones, alegrías y suspenso. Todo al mismo tiempo.

El domingo 2  fue la elección del plebiscito, con  confianza en la mayoría  ganadora, según encuestadores y percepción, pero nos confiamos mucho,  la inmensa mayoría se quedó en casa,  la inmensa minoría ganó, y ahora  se creen la inmensa mayoría.

Total, el lunes 3 hubo decepción y discusión. Ni los ganadores sabían que ganaron, ni los perdedores que perdieron. Un caos en opiniones y redes sociales. Nadie tenía Plan B, para el país. La sorpresa con los votos del No, los confundió tanto, que de inmediato retiraron las demandas en la Corte sobre la pregunta, según ellos mal formulada, pero como les dio resultado, sumaron otra sorpresa en  las gentes de C.D. y entre pastores evangélicos que dominaron a sus ovejitas con engaño infantil; como cualquier mente débil que cree en oraciones sin explicaciones, ni formación de ningún tipo. Lo que digan los pastores, eso es, sin más análisis.

Menos mal que de inmediato, el gerente de la campaña  del No, salió al mundo a decir como engañaron a los electores con la confusión y las empresas patrocinadoras del engaño publicitario confuso, en  que cayeron nuestros pobres ciudadanos que son electores emocionales desde siempre. Aquí hace tiempo votamos por una foto bonita y dientes de sonrisas perfectamente diseñadas. Nadie vota por ideas ni propuestas. Vélez Uribe, el gerente del Centro Democrático que dijo que Uribe Vélez, sabía todo. Y claro renunció al partido por decir la verdad, donde no es lo más importante en ese partido, allí se juegan otras cosas, por eso solo el jefe habla y los demás repiten como loritos alegres. No cuidan sus comunicaciones, dijo rabioso el jefe paisa.

Cuando la fiscalía  acogía de oficio las declaraciones  del gerente del No por un posible delito contra el elector, según declaraciones de Vélez Uribe; Uribe Vélez pedía cita con Santos, para renegociar lo acordado con Lafar.

Pastrana fue casa de Nariño  y habló y en su declaración dijo que el 98 por ciento de los colombianos quería la Paz, por lo cual  se percibe el  2% restante tenían reparos, es decir Nohora y Él. De inmediato Uribe fue a palacio con su combo, incluido el Procurador Ordoñez y pidieron un largo plazo para pensar sobre los acuerdos. Los colombianos nos olvidamos del tema por el partido de la Selección Nacional de Futbol en “defensores del Chaco”, que ganamos, mientras los defensores del “Chacho” (Uribe), buscaban todas las maneras de congelar negociaciones a su manera y esperar elecciones presidenciales para la otra gran confusión.

 Ellos piensan que Confucio, el pensador chino del siglo VII era así. Al fin la filosofía confuciana la componen los cuatro libros, la “Uribiana” los tres huevitos. He ahí el detalle de la confusión masiva. Y además estos  políticos tiene Paloma y Cabal, que muchos piensan no está en sus cabales, al menos en la lengua..

No terminamos con la alegría del futbol, cuando el jueves, bien de madrugada la noticia del premio nobel para el presidente  Santos, remató la confusión uribista. Pero lo dijeron fue en Caracol, no en la nuestra RCN gritaban aturdidos!!

Otro error comete la academia sueca, grito la Cabal, si Gabo debe estar en el infierno recordó, entonces para que un Santos allá, alegaba sin micrófonos y sin tarima en su propia casa y en las reuniones  de su partido.

Entonces el mundo regresó masivo al apoyo de lo acordado en La Habana, que nadie leyó, pero votamos, sin rumbo, aunque poquitos.

Celeridad, pide el gobierno con los nuevos comisionados del No. Sino acudimos a las 43 leyes que el congreso puede aprobar, y cumplir los acuerdos, sin importar el plebiscito.  Nosotros cumplimos, espero que el gobierno cumpla, dijo “Timochenko” en Cartagena. Los más grandes juristas del país, dijeron que se puede, pues no era obligatorio el plebiscito. Hoy se publica el inicio de nuevas negociaciones, ahora con el ELN en Ecuador, pero anunciadas desde Caracas. Uribe y Maduro, son distintos. Con el presidente del Ecuador se miran raros. Ahora serán “castrocorreamaduristas” y de ñapa “brasileñochilenistas” MAS CONFUSION!!. Hoy juega la Selección Colombia, pero con Uruguay. Los del Centro están confundidos y piensan que es con PARAguay, y hay que repetir el partido como la renegociación de los acuerdos. Pero  ganó el No! gritan del Centro Democrático. Pero gano el Nobel!, dicen los Santistas. Este país es una maravilla de todas formas. Uy que semanita!.

Publicado en Antonio Araùjo Calderon

Se espera para este jueves la elección del reemplazo de Alejandro Ordoñez en la Procuraduría General de la Nación. Como siempre, el país confía en que los nuevos funcionarios honren el objeto misional de la entidad, que a decir verdad en el período que termina dejó mucho que desear por la hostilidad frente a los derechos de quienes no hacían parte de la inclinación política o religiosa del titular y por la negligencia en la lucha contra la corrupción que curiosamente cuantifican en billones de pesos, pero inexplicablemente sin sanción disciplinaria para todos los responsables.

Probablemente la politización en la escogencia del procurador hace que éste deje de combatir con imparcialidad las infracciones administrativas, las cuales en su gran mayoría están relacionadas con graves actos de corrupción, por mantener un aberrante contubernio burocrático con quienes lo eligieron, quienes no son otros que los gamonales políticos de la administración pública central y regional, o sea los jefes de los potenciales disciplinados de la entidad.

Es decir que el procurador ‘manda el queso con los ratones’ porque para pagar su elección le toca compartir los 4.300 cargos de su nómina con los políticos amigos de los concejales, diputados, alcaldes y gobernadores, quienes luego piden ‘el favor’ para que el peso del Código Disciplinario solo se aplique a ‘las piedras en el zapato’, o sea a quienes decidan caprichosamente sacar del camino por no plegarse a sus intereses, tal como sucedió en nuestro departamento con el ex diputado Julio Cesar Casadiegos, destituido e inhabilitado por una inexistente contravención de tránsito que ya había naufragado en el garantismo constitucional de una Acción de Tutela. A los amigos los cubre el manto de la impunidad

Por esta particular forma de impartir justicia es que algunas sanciones se tramitan rápidamente y otras duermen en los anaqueles de la complicidad, a pesar de que las pruebas sean claras y no admitan discusión procesal, diferente al análisis subjetivo y sesgado del juez comprometido políticamente con quien intervino en su elección o nombramiento.

Mientras tanto nuestro dinero se sigue perdiendo. Los sobrecostos, incumplimientos, mala calidad de las obras, violaciones al estatuto contractual y demás faltas solo sirven de conversación en los mentideros de esquina y alimento a la frustración general porque nadie hace nada. Aquí sigue reinando el nefasto círculo vicioso de comprar por colosales cantidades de dinero las estériles credenciales, solo utilizadas para silenciar a los entes de control del Estado, después de recuperar con creces los miles de millones de pesos con que logran imponerse en las urnas.

Ojalá el nuevo procurador utilice los 490.262’630.182 pesos que nutre el presupuesto de la Procuraduría en el fortalecimiento de las altruistas funciones de ministerio público, garantizando el derecho individual y colectivo de los ciudadanos, para que no asistamos más al grotesco espectáculo de exonerar a quien roba miles de millones de pesos, mientras se imparte una sanción ejemplarizante a un quijotesco muchacho porque pisaba callos a los dueños del poder. Un abrazo. 

Publicado en Antonio Araùjo Calderon

Luego de la convulsionada semana política que desencadenó el triunfo del NO y la desilusión de los mezquinos sentimientos que ante la perplejidad mundial se escaparon de algunos corazones en Colombia, a propósito del Nobel de la Paz otorgado al presidente Juan Manuel Santos Calderón, me llamó la atención una publicación en twitter del periodista Carlos Cadena Beleño, diciendo que “tenemos ahora dos premios Nobel en Colombia; uno de literatura en un país que no lee y uno de Paz en un país que no perdona”.

A esta verdad le pusieron guarismos en las urnas del plebiscito, por lo que es necesario que desde el gobierno nacional se implementen sinceras estrategias para promover la lectura y el perdón, si no queremos que la ilusión de Paz naufrague definitivamente en el desconocimiento y en el odio, como al parecer sucedió el domingo de elecciones, a juzgar por la confesión del ex senador y gerente de campaña del NO, Juan Carlos Vélez Uribe.

Digo lectura solo para guardar relación con la frase publicada por el amigo, pero realmente nuestro país lo que necesita es una educación de calidad accesible a los deprimidos estratos sociales, capaz de prodigar bienestar a través de una inclusión laboral digna, lo que de tajo impediría que sobre nuestras carencias económicas se sigan edificando imperios políticos que desprecian el talento y la inteligencia. Un pueblo educado es capaz de escoger bien a sus dirigentes. El dinero ajeno no lo deslumbra y dejaríamos de dar el vergonzoso espectáculo de “defender a ricos culpables de nuestra pobreza”.

En estas condiciones solo nos faltaría liberarnos de revanchistas pasiones por medio del mutuo perdón, decisión que indefectiblemente lleva implícito el respeto por las diferencias ideológicas, para que la izquierda y la derecha olviden la inveterada costumbre de culparse entre sí por las desgracias del país, como si cada uno no tuviera su aporte particular, en la construcción de un proclamado sofisma de paz sobre el cadáver del adversario.

Por eso las multitudinarias marchas que sucedieron a la avalancha de eventos políticos posteriores a la elección plebiscitaria, no es nada diferente a un mensaje directo del pueblo dirigido a los de la izquierda radical, que con su prepotencia y arrogancia facilitaron el triunfo del No, al considerarse de ‘mejor familia’ que el resto del ala civil de los combatientes que hoy quieren ponerse de acuerdo y a los de la derecha fundamentalista, que con sus odios, resentimientos y sed particular de venganza aspiran a seguir sacrificando el interés general, solo interesados en mantener las excluyentes condiciones políticas que impiden el bienestar colectivo de una movilidad social equitativa.  

El nombre de los caudillos, partidos políticos o movimientos ciudadanos convocantes hoy poco interesa, la ilegitimidad de los resultados del 2 de octubre entregó la decisión de Paz a cada uno de nosotros y con nuestro mandato al gobierno y la subversión, para que no haya vencedores ni vencidos sino espacios de participación democrática, donde las únicas armas aceptadas sean las palabras. Si podemos reconciliarnos. Un abrazo. -   

Publicado en Antonio Araùjo Calderon

Le confesé a un amigo la dificultad para seguir escribiendo columnas de opinión política, porque ante la mercenaria razón que parece haberse apoderado del criterio general, el libre derecho de disentir se ha convertido en el solitario gorjeo de una golondrina en el verano de la irracionalidad.

En estos tiempos la evaluación política y los valores éticos se deforman en el tamiz de la relatividad económica. Es así que sin siquiera sonrojarse, imitan al gobierno Monsalvo, a pesar de que fue literalmente ‘rajado’ en los indicadores de gestión y cuestionado por su sesgada contratación e incompleta ejecución de obras y demás proyectos, por solo decirlo así.  

Hoy la justicia se quita la venda y no ve el delito, el filo de su espada solo decapita a los débiles y la balanza tiene una morrocota que la inclina a favor de los poderosos. Los entes de control del Estado poco funcionan, algunos solo son alfiles de los emperadores políticos de turno y su función se reduce a escandalillos muy bien manejados por los investigados en la prensa, con cero repercusiones jurídicas.

La credibilidad institucional se deteriora mientras yo quisiera seguir confiando en mi paisana, la magistrada Rocío Araújo, quien luego de conocer los documentos y videos que le allegaron como prueba, ignora que Franco Ovalle se inscribió a última hora como candidato a la gobernación de Cesar por el Partido de la U, realmente siendo de Cambio Radical. No pensé que la confusión llegaría a esta instancia, pero parece que el marasmo colectivo no conoce de límites ni independencia.

Como columnista sería más fácil dedicarme a publicar románticos poemas o desesperados cuentos de mi época juvenil o simplemente relacionar en insulsas líneas los sociales encuentros de velorios o parrandas de la región, haciendo eco a los pusilánimes editoriales de emisoras, quienes inexplicablemente se apartan de su responsabilidad social para equivocadamente descalificar cualquier iniciativa política que “no tenga la plata”, como si con inteligencia, sensibilidad y trabajo honesto no pudiéramos desde las bases populares liderar con éxito un movimiento contestatario independiente al poder corruptor del dinero fácil.

Claro que claudicar sería condenarme a solo ser parte de un muy bien concebido fraude, el cual mantiene las necesidades de la humildad sumidas en el infortunio, utilizando artificial información. Prefiero entonces sacudirme del endémico letargo argumentativo y mejor aprovecho el momento de esperanza que vive el país para seguir opinando.

Entonces para contribuir a que lo expuesto anteriormente cambie en algo, invito a votar favorablemente el fin del conflicto pactado en La Habana, haciendo uso de una oportunidad irrepetible en décadas y confiando en que a instancias de estas negociaciones nos embarquemos en un verdadero e integral proceso de transformación político y económico que abra espacios a la equidad, sensible a las necesidades y capaz de reconciliarnos sobre oportunidades de desarrollo general, para que como dijo algún escritor, voluntariamente no hagamos parte de “una sociedad manipulada por la política, donde vemos a pobres defendiendo ricos culpables de su pobreza”. Un abrazo. 

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