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Celso Guerra Gutierrez (59)

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“Y allá abajo están peleando lo que yo dejé”, frase célebre, lapidaria y premonitoria que se conoce desde los confines del tiempo que hizo popular en nuestros días Calixto Ochoa con su canción ‘La Plata’, que también grabó Diomedes Díaz, presagiando ‘El Cacique’ que esta pelea se presentaría con su familia, tras su fallecimiento y así sucedió.

Los malos manejos de sus bienes por parte de él y su entorno, su indisciplina, su vida licenciosa y en concubinato y presunto testaferrato a terceros, trajeron como consecuencia demandas a sus regalías por ejecución pública de 183 canciones, que suenan diariamente dentro y fuera del país y por sus discos que se venden más hoy que antes como pan caliente, estas acciones judiciales fueron impetradas por inasistencia alimentaria por 28 hijos y 11 mujeres.

Estas mismas personas le están peleando a José Zequeda, su ex manager, la finca Las Nubes, un terreno de 200 hectáreas, ubicada en la legendaria región de Badillo. Zequeda aduce que la compró a su ex patrón y posee los respectivos documentos, ante lo cual la innumerable prole del Cacique le argumenta que solo fue un traspaso para liberarla de un presunto embargo.

Es legal, legítimo, que los incontables herederos de Diomedes Díaz reclamen lo que creen que es suyo por derecho, también es válido que José Zequeda esgrima sus argumentos para defender lo que dice adquirió legalmente, lo feo de esto es que hayan convertido este hecho, que solo interesa ellos, en un circo, en un tinglado, ventilando el problema a través de los medios de comunicación de la nación como si este fuera un problema de Estado, o si la decisión que deben tomar los jueces perjudica o beneficia a todo el pueblo colombiano.

Es deprimente el espectáculo que están dando, no sé qué motivo o razón hay para hacer público este conflicto, repito, que solo les interesa a ellos, que triste ver, quitar y lanzarse bancas, cerrar candados y abrirlos a punta de bala, lanzar las pertenecías del difunto al patio de Las Nubes, hacer ruedas de prensa en predios del terreno en litigio ¿con qué intención? Averígüelo Vargas, pero no es sano.

Sin ser erudito en materia jurídica, estos hechos deben dirimirse ante los estrados judiciales, son los jueces quienes deben dar su veredicto y no la prensa, ante todo la sensacionalista o amarillista que aprovecha esta oportunidad para hacer de esta pelea programada una comilona suculenta y despedazarlos a dentelleadas.

Le pedimos a ambas partes que lleven el caso con mesura, cordura, que lo manejen en la más completa privacidad para bien de la imagen y cultura de nuestra región y del más grande cantautor que ha tenido la música vallenata, Diomedes Díaz. La repartición de sus escasos bienes no puede convertirse en pista de competencia, de la cual podrían haber malogrados.

No nos vuelvan a recordar un estribillo de una vieja canción mejicana, del no menos recordado José Alfredo Jiménez: “Tu y las nubes, me vuelven loco”.

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El nobel Gabriel García Márquez dio en el clavo, según cuenta Julio Rojas Buendía, a la sazón rey del Festival Vallenato en 1983, año en que Gabito ofició como jurado. Finalizado el evento, Márquez llamó a Rojas desde su residencia en Méjico y le comentó las razones por la cual se habían inclinado a su favor en la competencia festivalera: “No hallaban diferencia entre un estilo y otro, todos los acordeoneros se oían igual, según Gabo, “Julio marcó la diferencia”.

Eso es lo que viene ocurriendo desde que la figura del juglar terminó su ciclo por sustracción de materia en el Festival Vallenato. Antes sí habían 20 acordeoneros eran 20 estilos en la ejecución del acordeón, todos tenían su impronta, eran originales en su interpretación, canto y composición.

Hoy se inscriben al Festival Vallenato 90 o más acordeoneros profesionales, la mayoría se oyen igual, la diferencia entre uno y otro lo marca la velocidad que le imprimen el digitar del fuelle, se olvidaron de la melodía, dizque esta figura es para las casetas, así lo sentenció el jurado que descalificó a Juan Rois.

Todos ejecutan el acordeón como ‘El Pollo Vallenato’, Luis E Martínez, sin tener la prestancia y categoría de este gladiador musical, tras meses de ensayos para competir en el Valle, se saben el papel de memoria, quedan mecanizados, robotizados, no hay lugar a la inventiva, mucho menos a la creatividad, son tan protuberantes que ganan con canciones y arreglos musicales de los históricos.

Las generaciones posteriores los recordarán por haber sido reyes vallenatos, más no por dejarles una o más canciones de su autoría o interpretación, las emisoras de radio se ven en calzas prietas al no contar con material fonográfico del nuevo monarca, para hacerle una reseña de su historial al finalizar su año de reinado, se pierden en la manigua del olvido porque otro rey ocupará su lugar.

Si por el lado de los acordeoneros llueve, por el de los compositores no escampa. El concurso de canción inédita se ha vuelto monotemático, facilista, parece que se hubieran agotado los temas, que la musa se hubiera secado, los compositores esperan el homenajeado para, a partir de esa base, hacer la canción con la cual participarán, es como especie de un pie forzado o canto por encargo, ¿y si no hubiera homenajeado, como ocurría antes, se acabaría la inspiración para participar?

La composición fresca espontanea se acabó, no se debe esperar la proximidad del Festival para hacer una o varias canciones, el o los homenajeados tienen todos los merecimientos para hacerles, no una, sino varias, pero no hay derecho que el ciento por ciento, con algunas poquísimas excepciones, vayan en esa dirección, dando la impresión de agotamiento.

Devolvámosle la picaresca, el sentimiento, el romanticismo, la protesta, el sentido parrandero o de cualquier índole, al concurso de la canción inédita, que de este escenario vuelvan a brotar crónicas musicales de carácter universal, para que vuelvan a ser grabados y tengan trascendencia en el mundo. Arriba mi folclor.

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Es un secreto a voces, que las casas disqueras en su voracidad comercial, aprovechaban la inexperiencia y el afán de figurar  en la escena musical de nuestros noveles artistas, para hacerles firmar  contratos llamados leoninos, por su letra menudita y leguleya, para lo cual  necesitaría una lupa grande  y conocimiento del derecho autoral, para leerlo y entenderlo.

Estas letras diminutas, que nuestros músicos no leen, y si lo hacen no las entienden, o se hacen los locos, son de las que se valen los pulpos fonográficos de nuestro país, para hacer los que le venga en gana con la obra de nuestros intérpretes y compositores, que a través de la historia han sido vilmente golpeados en sus intereses.

Creemos  que eso, es   lo que pasado con Diomedes Díaz, y su eterna disquera, quien sin ninguna consideración y sentimiento con el artista que más le  aporto y le sigue dando dinero a sus arcas, durante cerca de cuarenta años de actividad musical, salga ahora la multinacional disquera, con tremendo despropósito, publicar un canto desentonado, asmático, carente de toda  cadencia rítmica y además inconcluso, al faltarle la última estrofa, producto de  un  ensayo a capela  de Diomedes, a manera de calentamiento y entretenimiento en el estudio de grabación, donde hizo ,“El Cacique”, su última producción discográfica, y que fue extraído, para  agregarle, los disqueros, las instrumentación, que allí escuchamos y mostrarla a sus seguidores, como si fueran grandes mecenas de nuestro folclor, al aparentar, que ellos son los mantienen vivo el recuerdo del ídolo más grande del vallenato.

Dice un adagio criollo, “por el desayuno se sabrá cómo va ser el almuerzo”, el resto del álbum que se publicara el 26 de mayo, día del cumpleaños, de Diomedes, no esperemos nada novedoso, será más de lo mismo, o tal vez peor, según nos dijo José Zequeda, manejador de Díaz, por cerca de 15 años, y quien estuvo todo el tiempo pendiente de lo que hacía su pupilo, en este y otros menesteres.

La invitación a os hijos de Diomedes, Rafael Santos y Martin Elías, para hacer parte de este disco, es para  omitir las fallas protuberantes en el canto de Diomedes Díaz, quien jamás se imaginó que un calentamiento de garganta suyo, o su voz fingida, en las pistas de las otras canciones que vendrá en ese nuevo disco, fueran a ser convertidas en negocio lucrativo por parte de su disquera, que está desesperada al quedar huérfana de un verdadero ídolo que sacie su sed de dinero.

Según la legislación autoral, “las disqueras  o editoras, serán dueñas de la obra musical del artista durante ochenta años más, después de su muerte”, es este punto, que le da todo el derecho a la disquera de seguir explotando y ahora distorsionando la imagen del cantautor  más taquillero y  vendedor de disco  en la historia de la música vallenata a pesar de ello, le exigimos a ellos  más respeto  por el folclor  del valle que tanto les ha dado. 

Escrito por Celso Guerra Gutiérrez.

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