Radio Guatapurí 740 AM

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Celso Guerra Gutierrez (73)

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Este hombre de origen muy humilde, se constituyó en toda una leyenda deportiva al irrumpir al boxeo mundial, ganando la medalla de oro en la categoría semipesado, en los Juegos Olímpicos de Roma, en 1960.

A pesar del lauro obtenido por el deportista, esta epopeya no fue tenida en cuenta por sus paisanos gringos racistas, le impidieron ingreso a un restaurante en Kentucky, por ser de raza negra, en protesta, “El más Grande”, como se auto proclamo Clay, lanzo la medalla olímpica al rio, dijo “si no sirve  para que nos respeten, no debo portarla”.

Hizo una carrera fulgurante como profesional, “El bocazas”, así le llamaban sus enemigos, por locuaz, se coronó campeón del mundo en 1965, venció a  Sony Liston, por nocaut en el 3 round, así lo había vaticinado.

Se constituyó en atracción mundial, por sus excentricidades antes durante y después de cada pelea, insultaba y ridiculizaba a sus rivales dentro y fuera del ring, “pico como una avispa y vuelo como mariposa”, decía al describir su estilo de boxeo.

Se negó a prestar el servicio militar, alego que la gente del Viet Con, no le habían hecho nada para que el, fuera a matarlos, en alusión a la sanguinaria guerra de Estados Unidos, contra Vietnam, le fue retirado su cinturón de campeón mundial.

Recupero el cetro, enfrentó en Manila, Filipinas, a Pipermín Frazer, con el tuvo dos peleas titánicas, perdió la primera y ganó la otra, en la cual estuvo a punto de no salir a pelear en el 15 round, su entrenador, Ángelo Dundee, lo obligo al menos que se levantara cuando sonara la campana, le dijo Dundee, que Frazer, estaba en peores condiciones y no saldría a pelear, así fue,Pipermín, no salió para el último asalto, se quedó sentado.

Se convirtió al islamismo, cambio su nombre de, Cassius Marcelus Clay, dijo que era  nombre de esclavos, por, Muhammad Ali, con el que se conoció últimamente.

En el Coliseo el Poliedro de Caracas, alzo una silla para darle a Kent Norton, era una manera de promocionar su próxima pelea, Norton, le partió la mandíbula en el segundo asalto, la pelea duro quinces asaltos, perdió por decisión.

“Don King” promotor de sus peleas, en 1974, organizo la velada contra el noqueador George Foreman,en Kinshasa, Zaire, para que sus hermanos africanos vieran en acción a Ali, asistieron 100 mil personas, inclusive el presidente Mobutu, quien pago 10 millones de dólares para limpiar la imagen de caníbal de su país, que le había dejado el sátrapa de Idi Amín, recupero el trono en 8 vibrantes asaltos, saludo a Foreman, después de la pelea peinándose despreocupadamente, fue una manera de decirle, que no le había daño.

Estuvo gratis en Bogotá durante una semana, en 1977, Traído por el periodista German Castro Caicedo, para una exhibición a beneficio de un hospital de niños, se enfrentó al boxeador colombiano, Bernardo Mercado, había cobrado 20 mil dólares, al final desistió, nuestro” Kid Pambele” tuvo la oportunidad de saludarlo.

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Los comunicadores radiales de la costa norte de Colombia, siempre han sido apetecidos en cualquier lugar del país y el mundo, por su originalidad, creatividad, color de voz y espontaneidad. En todas partes siempre se les ha admirado esas cualidades que únicamente se dan en esta mágica región del caribe Colombiano.

El Barranquillero Andrés Salcedo, vino a laborar a Radio Guatapurí, donde dejó su indeleble marca, se fue a Bogotá, brilló en Todelar, para irse al viejo continente donde rubricó el talento costeño en España,  en Radio Madrid, trabajo  como radio actor, y Alemania en el canal de televisión de capital mixto, Transtel, hacia doblajes para los países de habla hispana.

Manuel González Móscate, de Codazzi, mostró su capacidad en las pequeñas emisoras de su población, llegó y gustó en Valledupar, para luego emprender viaje a su consagración, pasando por Bogotá, otra vez el circuito Todelar Colombia. Se constituyó en la voz emblemática de uno de los noticieros más escuchados del país, cuando las voces de los noticieros eran determinante para atraer la audiencia, compitiendo con los encopetados Caracol y RCN, monopolios radiales que acabaron con la libre competencia electromagnética de la nación comprando a precio de gallinas flacas, todas las emisoras independientes, para enlazarlas con su programación noticiosa y musical, elaborada en Bogotá; e imponer opiniones y gustos, acabando de esta manera con  la diversidad cultural de nuestro país.

En Valledupar  sus repetidoras son, La Voz del Cañaguate, Radio Valledupar; La Voz del Cesar y Rumba, en La Paz. Gonzales Móscote, se fue a España, para luego radicarse en Moscú, trabajó muchos años en Radio Moscú, emisora oficial de ese inmenso país, cabeza visible de la otrora cortina de hierro, también fue corresponsal de Cnn, desde USA, Demostró, Manuel, la casta de su gente.

Ocurrió con otros con barranquilleros, Ernesto Difernecio, quien grababa cuñas para radio Guatapurí, antes y después de  ser locutor de la  ‘’Voz de los Estados Unidos’’, allí  llego luego de deambular por este inmenso país, haciendo oficios varios.

Igual, Juan Eugenio Cañavera, quien hizo  la presentación a la diva del bolero, la mexicana, Carmen Delia Dipini, en el hotel del Prado en Barranquilla, cayó subyugada ante la modulación caribeña de Cañavera, fue su esposo y presentador en todos sus conciertos por el mundo.

El vallenato Ismael Calderón,  laboro en la capital española en radio Madrid, de la cadena Ser,  dueños de Caracol Radio, al lado de Andrés Salcedo, Calderón siguió el mismo camino de su amigo, partiendo de Valledupar, Bogotá, Europa, él estuvo también  por los lados de Alemania, pero no se adapto

Ante la arremetida y colonización radial de la ciudad, por los cachacos, pagamos las consecuencias, directores de medios locales se avergüenzan del acento vernáculo, mandan llenos de soberbia, ignorancia y egocentrismo a periodistas, a hacer cursos para hablar cachaco, se burlan de las emisoras tradicionales, porque no son repetidoras capitalinas, la localidad periodística y musical les molesta, “los galácticos”, desconocen la influencia que ejercen estos medios, entre la comunidad y voces vivas, ellos discriminatoriamente le  llaman “Corronchos”. 

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Emiliano Alcides y Tomas Alfonso Zuleta Díaz, miembros de la dinastía musical más importante que tiene el folclor vallenato, son bisnietos de Job Zuleta, primer eslabón musical que encontramos en esta importantísima familia, decimero y compositor, Cristóbal Zuleta, su abuelo, acordeonero y compositor, clarinetista,  fue músico de la banda de la población de La Jagua del Pilar, su padre es el mundialmente conocido,  Emiliano Zuleta Baquero, se hizo  músico a escondidas con el acordeón de su tío Francisco Baquero, además de compositor fue  improvisador de versos en décimas, es el autor de la canción vallenata más popular y más versionada en el mundo, en distintos idiomas, La Gota Fría; Zuleta Baquero, con más de 100 canciones reconocidas dentro del folclor vallenato, también es considerado entre los más punzantes repentistas en décimas, dueño de un extraordinario y variado catálogo de canciones vallenatas.

Los Zuleta cuentan en su árbol genealógico  a la  importante matrona del folclor, la abuela Sara Salas Baquero, “La Vieja Sara”, inmortalizada en la canción del mismo nombre por el maestro Escalona, sobrinos de  Antonio Salas, buen acordeonero compañero por mucho tiempo del maestro Leandro Díaz, con el que participó en el primer Festival Vallenato, fue buen verseador, lo demostró antes los mejores de su época, fue Rey de la Piquería en 1983 en el festival vallenato, de hecho estuvo involucrado en una contienda musical durante toda su vida, durísima y titánica batalla con su hermano  “El Viejo” Emiliano”, conflicto folclórico que se convirtió en problema  personal por la contundencia de los versos, muchas veces ofensivos de parte y parte, se olvidaron de sus lazos consanguíneos, al final de sus vidas, por insinuación de sus amigos hicieron las pases de fraternidad.   

La pureza de los cantos y el digitar del acordeón lo comenzaron asimilar este par de hermanos, escuchando a las ocurrencias de su padre, allá en la “Sierra Montaña”, finca enclavada en lo más alto de la serranía del Perijá, frontera con Venezuela, a varias horas de su población natal, Villanueva.

Del cultivo de cebollín, malanga, café en esas tierras derivaban su sustento diario, allí vivieron varios años junto a su mamá Carmen Díaz, también celebre por los cantos que le hizo “El Viejo Mile” y  sus otros hermanos, María del Carmen, Favio, Carmen Emilia, Mario, Carmen Sara y Héctor Arturo. 

Relatos de macondo dicen que Poncho ocasionalmente era el encargado de bajar en bestias la carga de pan coger para venderla en el pueblo y comprar los otros requerimientos alimenticios; en uno de esos tantos recorridos, en plena adolescencia, vendió su preciosa carga, para esa época el pueblo celebraba las fiestas de Santo Tomás, las atracciones se daban por doquier: Galleras, circo, juego de azar y toda clase de aventureros en busca del rebusque, no podían faltar las damiselas que llegaban de otras procedencias en plan de alegrarle la vidas a los provincianos de esa región, y llegaron comandadas por una damita apodada, “La Cicolac”, llamada así en homenaje a la mayor factoría procesadora de leche de la región.

“La Cicolac” se desbordó en placeres, le brindó todos sus atributos al imberbe Tomás Alfonso, quien ni corto ni perezoso no dudó un instante en seguir la juerga y gastarse la plata del bastimento que había vendido; después de tres días de jolgorio llegó a Sierra Montaña limpio y arrepentido, pero este último sentimiento no valió para librarse de su castigo.

Tras la separación de sus padres, Carmen Díaz se instala con sus hijos en Valledupar, “Poncho” Y Emiliano asumen ayudar al sostenimiento de la casa y sus hermanos menores; Tomas consigue un empleo como cobrador de pólizas de las famosas maquinas Singer, que eran acreditadas para pagar en cómodas cuotas semanales, labor que hacía a bordo de una vieja bicicleta, función en la que apenas duro 15 días, ya que el dinero que cobró lo gastó con sus amigos de farra en un fin de semana en el rey de bares de Marcelo Calderón, tuvo que emprender las de Villadiego hacia Bogotá, el cachaco encargado de esta firma lo buscaba hasta debajo de las piedras.

En Bogotá Los Zuleta subsisten gracias a su arte, Emiliano con su acordeón hizo buenas relaciones a través de la entidad de turismo con la cual trabajaba y Poncho amenizaba todo tipo de fiestas como cantante, guacharquero, cajero, tumbador, en fin como se presentara la ocasión, inclusive probó suerte con los exguitarristas de Bovea y sus vallenatos Otoniel Miranda y Ángel Fontanilla, quien también hacia de corista y cantante junto a Tomás Alfonso.  

“Poncho” y Emiliano  irrumpen en la fonografía en el año  1967. Poncho cantó sus primeras cuatro canciones en Bogotá con  “Colacho”, en el álbum “Vallenatologia”, y Emiliano grabó en Medellín, también cuatro canciones en dos discos, 45 r.p.m. tocando y cantando.

Tomás Alfonso hizo parte como guacharaquero de la agrupación de los hermanos López, y el canto de Jorge Oñate, con los cuales alcanza grabar varios álbumes musicales. Llega la oportunidad de unirse a su hermano Emilianito en 1971 y sacan su primer LP, “Mis Preferidas”, disco que “Poncho” estuvo a punto de no grabar, ya que Emiliano estaba renuente a pagarle $2.000 que “El Pulmón de Oro” le exigió.

Para financiar los gastos que ocasionó la grabación de este disco, Emiliano tuvo que recurrir a préstamos entre sus amigos, inclusive hasta empeño sus acordeones y su reloj “Tissot” para sufragar los costos que también tuvo que pagarle a la disquera. Dice Emiliano que este disco no tuvo ningún tipo de venta; por otro lado, “Poncho” los desmiente: “Se vendieron 10 mil copias”.       

Cinco décadas después son  iconos del folclor, al plasmar en la fonografía aproximadamente 500 canciones en 33 álbumes musicales grabados juntos y otros por separados, estos  son  considerados entre los más autóctonos del folclor vallenato.

Además, se han destacado como cultores del folclor del Valle; sus hermanos fallecidos: Héctor, excelente acordeonero, compositor y verseador; Mario, también compositor, acordeonero, y Favio, humorista costumbrista y compositor.

“Poncho” y Emiliano además de cantante y acordeonero son  buenos compositores y repentistas, la capacidad satírica y humorística de Alfonso, con el verso ha trascendido fronteras insospechadas, es un gran anfitrión, en su casa de Valledupar son famosas sus parrandas acompañadas de una buena cocina criolla durante el Festival Vallenato, a las cuales han asistido desde presidentes, ministros, Gabo, empresarios y sus amigos de siempre.

“Poncho” Zuleta, cantante  original,  creador de una escuela exitosa, seguida por innumerables cantores, entre ellos, Diomedes Díaz. Emiliano impuso un estilo en la ejecución del acordeón,  cuenta con una numerosa cantidad de acordeoneros que se han convertidos reyes vallenatos y cosechado éxitos en el disco.

En 1969 Emiliano fue Rey Vallenato como Acordeonero Aficionado; Rey de la Canción Inédita en 1985 con la canción “Mi acordeón” y Rey de Reyes en 1997, de la misma modalidad, con “Mi Pobre Valle”.

Los aportes folclóricos hechos por Poncho y Emiliano durante cincuenta años de vida musical son reconocidos por el Festival Vallenato en su edición 49.

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A raíz del reconocimiento al folclor del valle, como Patrimonio Inmaterial de la Humanidad hecho por  La Unesco, han sido muchos los cometarios, por parte de neófitos y expertos  en temas folclóricos.

Los valoramos, los respetamos, hemos dicho que en Valledupar y la región se encuentra el zumo máximo del conocimiento del folclor, pero hay excepciones que no compartimos, comentaristas ligeros, que tienen afán de responsabilizar a la radio vallenata  por el justo regaño de  la Unesco a los vallenatos, por la  alerta máxima de  extinción, en que se encuentra el vallenato.

No hace más de sesenta años que los medios de comunicación electromagnéticos comenzaron a programar tímidamente una música rara en las ondas hertzianas, la  de nuestros conjuntos vallenatos, generaba más rechazo que aceptación, pero la acción quijotesca de algunas personas que se atrevieron en Bogotá a profanar el santuario de la música cachaca, para sonar esa música que ellos denominaban ruidosa, Carlos Melo, en Radio Juventud y su programa "Meridiano en la Costa", donde se presentaban Pedro García, Pablo López, Esteban Salas y otros, comenzaron abrirse espacios.

Lo mismo ocurría en emisoras de Barranquilla, se presentaban Abel Antonio Villa, Luis Enrique Martínez, Francisco Rada y Alejo Bovea.

En nuestros archivos  reposa una grabación de 1956, donde Rafael Escalona promocionaba su música en la emisora de Bogotá, HJCK,  Rafael, le comentaba a la aun no afamada Gloria Valencia, sobre las bondades de la música vallenata y de la condición campesina, pobreza y origen de sus protagonistas, para asombro de la entrevistadora y sus escuchas.

En Valledupar, nuestra incipiente radio era manejada por propietarios, locutores y periodistas barranquilleros o cachacos, con excepción de algunos vallenatos que se involucraron en cargos subalternos, se imponía el criterio y gusto musical de estas personas foráneas, programaban melodías en ritmo de bambucos, pasillos, bundes, rancheras, tangos, sonora matancera, porros, cumbias, boleros, la música del Valle  causaba rechazo, vergüenza, no se programaba.

Este pensamiento fue desterrado de la radio vallenata en 1967, cuando se  piensa en la creación del departamento del Cesar y el festival vallenato, se necesitaba promocionar no sólo las riquezas de nuestro suelo, sino también  la música vallenata, con la cual se amenizaba esta gesta y con ellos, logramos convencer a los reacios congresistas.

Hubo apertura para estos espacios, los primeros en Radio Guatapurí, acordeones en el aire, Fiesta Vallenata, Trilogía Vallenata, después, Radio Valledupar, La Voz Del Cesar, Radio Reloj, Ondas de Macondo y Voz del Cañaguate.

La cadena Caracol, con 80 emisoras en todo el país, implementó los sábados dos horas de vallenatos de 6 a 8 pm, con el reconocido locutor nacional, Hernando Perdomo Ch, después  vino la era de las emisoras FM, que impusieron 24 horas vallenatos y este se divulgó por todo el país y parte del exterior.

Que el vallenato esté en crisis, a todos atañe responsabilidad, gobierno, músicos, medios de comunicación, academia; a propósito, qué pasó con las  semanas culturales de los colegios, de allí salieron buenos cantantes, acordeoneros, cajeros y guacharaqueros.

 

 

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Como en la época del Galeón San José, por  la música vallenata han merodeado los bucaneros del folclor que se enquistaron en el alma buena de nuestros músicos, paladines del buen vallenato, estos filibusteros disfrazados de disqueras, desde los inicios de la industria fonográfica  en nuestro país trataron a la música vallenata con desdén.

Esta música que era menospreciada en nuestra región, en Bogotá se impuso a punta de muñeca limpia, fiestas familiares que terminaban en  trifulcas moretones y contusiones,  según testimonios de vallenatos que vivieron esa época de los años 50 y 60’s en la capital.

Los cachacos odiaban la  música vallenata por ruidosa, pero nuestros jóvenes estudiantes la imponían haciendo sonar los pocos discos que se habían grabado a punta de tesón, casi que a la fuerza.

En Bogotá, existía para la época, el zar de la música en Colombia, Gregorio Vergara, dueño de varias discotiendas  y  de su propio sello Musical, Vergara aparecía como el mecenas de los jóvenes artistas del  país, incluidos los nuestros, allí grabó por primera vez en 1967, por diligencia del Compositor Alonso  Fernández Oñate, Jorge Oñate, al lado del acordeonero Emilio Oviedo, el álbum titulado Campesina Vallenata, conjunto que denominaron "Guatapurí".

Gregorio Vergara no les pagó un peso a los artistas y mucho menos a Fernández Oñate, compositor de las 12 canciones incluidas allí, de ese disco no se supo cuántas unidades se vendieron, nadie pedía cuentas y  si el estado lo hacía, existía la triple facturación,  todo ocurría por la inmadurez de nuestros músicos y  su ansiedad de protagonismo, y lógico, se imponía la codicia de los piratas disqueros.

Víctor Soto, radicado en Estados Unidos, legendario acordeonero y compañero de Escalona y  Leandro Díaz, quien por estos días nos visita, cuando residió en Bogotá recibió una oferta musical, pero no una asignación económica de Vergara para grabar un par de canciones con el canto de Alberto Fernández, Soto pidió  una suma de dinero  por el pago de la grabación, Vergara ofreció una suma exigua, que no colmó las expectativas de Víctor.

Para esas calendas, la música de Escalona sonaba bien en estaciones  de radio y se vendía  en el altiplano, "Rosa María" y "El Chevrolito", estos cantos  fueron mandados a  grabar nuevamente por Gregorio Vergara,  con otros nombres para evadir el pago de derechos autorales, "El Manantial" y "El Fajoncito", con el trío "Los Isleños" y sin el  permiso del compositor por parte del corsario musical.

Escalona, fue informado de este ilícito y reclamó  al saqueador musical, le exigió una indemnización por esta indelicadeza, el cual sarcásticamente se negó, Escalona ya era del círculo cercano de Rojas Pinilla, se quejó ante un subordinado de la presidencia y  el negrero fue mandado a prisión.

Al final hubo negociación con los abogados de Vergara, el bucanero salió de prisión al pagarle a Escalona el triple de lo que se la  había pedido inicialmente.

A Propósito, Víctor  Soto, fue taxista muchos años en Nueva York, nunca condujo a Mohamed Alí, a otras luminarias sí.

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El auxilio tuvo que venir de afuera, de Namibia en África, desde donde la Unesco lanzó su reconocimiento a la obra de los  juglares del folclor, hizo llamado de atención a toda la  comunidad y estamentos gubernamentales, regional y nacional a resguardar proteger y divulgar la música vallenata y mostrarles  a las generaciones venideras  los parámetros bajo los cuales debe interpretarse el folclor del valle.

Solo así,  la agonizante  expresión folclórica vallenata, se convirtió en centro de atención de la gente del común , de analistas y gobernantes, en suceso nacional, los medios de comunicación del país se interesaron y sonaron nuevamente las canciones llenas de relatos, noticias, leyendas, historias y crónicas cantadas por nuestros músicos, que transmitían de pueblo en pueblo, que los moradores esperaban ansiosos, era el único vínculo  que tenían con el entorno debido al atraso de comunicación histórico en que ha vivido esta comarca.

Hasta hace 55 años no teníamos emisoras radiales, la prensa nacional y regional era un periódico de ayer, carecíamos de carreteras  y el aeropuerto era una utopía, estas falencias fortalecieron la figura del juglar, que trasmitían los sucesos a ritmo de acordeón,  hechos convertidos en canciones, son las que ahora hacen parte del legado universal que la Unesco está reconociendo como la más viva esencia de la  cultura colombiana.

La Unesco responsabiliza del desarraigo  por nuestra música a la guerra fratricida en que ha estado sumergido nuestro país durante largos años, ya que esta ha traído miles de campesinos desplazados  de su entorno natural para vivir hacinados en la ciudad,  la auténtica expresión del folclor  es campesina y los cantos más representativos de la música vallenata provienen de cantores campesinos iletrados, con contadas excepciones.

También responsabiliza de esta extinción extrema del folclor a la permeabilización por parte del narcotráfico y sus distintos tentáculos, hecho muy verídico ante las evidencias que saltan a la vista y al oído.

Creo que las personas que presentaron el proyecto olvidaron incluir entre los responsables de la desaparición del vallenato tradicional al gobierno nacional, al no tener una verdadera política de estado para preservar todas las manifestaciones folclóricas, no solamente la del valle, sino de toda la nación.

Las emisoras de radio tienen una legislación donde  debe prevalecer la música nacional por la extranjera, pero, vemos con desesperanza  que esta no se hace cumplir, los medios le dan prioridad al reguetón y champeta.

En las escuelas primarias no hay  cátedra que hable a los niños de la obra  de estos grandes cultores del folclor.

No hay edificación pública, rutas turísticas bien dotadas,  escuelas, calles, parques o monumentos, que recuerden que estos músicos de origen humilde  son responsables de que el folclor vallenato sea considerado hoy como patrimonio universal de la humanidad.

Por suerte el festival vallenato y los restantes del país, han asumido  esta responsabilidad folclórica, que es estatal, sino fuera Troya.

Estamos en mora con los juglares, sino se cumplen recomendaciones de la Unesco en 5 años la exaltación será retirada. 

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En las pocas estaciones radiales que tenía Valledupar en 1970, se escuchaban incesantemente las canciones del artista de moda, Calixto Ochoa Campos, "Palomita Volantona", "El Gavilán Castigador", "La Interiorana", "Carrito Viejo", listas para ser presentadas al tercer Festival de la Leyenda Vallenata, pintaba como para alquilar balcón, allí estarían en competencia, Calixto, rivalizando con su gran amigo Nafer Durán y el jovencito Emilianito Zuleta Jr. , al cual su mamá, Carmen Díaz, le sugirió que no se inscribiera para esa contienda musical, ya que allí no tendría nada que hacer, ante el toque y la fama de Calixto Ochoa.

Ochoa, venía de un periplo musical de 10 años al lado de Los Corraleros de Majagual por Venezuela, Centroamérica y Estados Unidos, desde a su llegada fue el gran favorito, el guacharaquero y cantante que acompañaría a Emilianito, era el aún desconocido, Jorge Oñate.

Dulzaides Bermúdez Díaz, apenas tenía 13 años de edad, residía con sus padres en el barrio San Joaquín de Valledupar, a donde llegó muy niña proveniente de su natal Villanueva, Bermúdez Díaz, estaba feliz y encantada de la vida porque durante tres días tuvo la oportunidad de admirar en la tarima Francisco El Hombre, a su amor platónico, el cual era ovacionado en cada intervención musical que hacía, ella quería tocarlo y sentirlo, pero las masas que lo cargaban y lo veneraban no la dejaban acercar, a ella no le importaba, simplemente disfrutaba en la distancia a su rey.

Pero la astucia y malicia femenina salió a flote, Dulzaides se las ingenió y se fue al hotel Central que estaba ubicado en la carrera Séptima, al lado del teatro Cesar, frente a las instalaciones de "El Pilón", ahí estaba alojado Calixto, allí pudo balbucear algunas palabras con su ídolo, su mamá Alicia Díaz, no la dejaba ni a sol ni a sombra por el acecho del gavilán castigador, en ese sitio se tomó una foto con él, que hoy conserva como un tesoro.

Un año después tuvo Dulzaides la oportunidad de estar cerca de Calixto, cuando el artista regresa a Valledupar con Los Corraleros de Majagual a actuar en la antigua caseta Brasilia, ubicada en la carrera novena cerca a la fuente de Coca-Cola, este sitio era propiedad del empresario musical, Delio Cotes, allí compartieron fugazmente.

Después de ese efímero encuentro en Valledupar, ‘El Negro Cali’ siguió su exitosa vida musical por todo el continente, Dulzaides Bermúdez se casó y se separó, unión de la cual quedaron 2 hijos, fueron veinte largos años sin saber el uno del otro.

1990, Dulzaides disfrutaba en Miami sus vacaciones como secretaria de Avianca, allí  encontró al errante trovador,  amenizaba una fiesta en una discoteca, sus miradas se cruzaron y volvió arder la llama del amor.

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Allí, en su población natal, la colonial Valencia de Jesús, fue sepultado el pasado viernes, a su pedido, la egregia figura del folclor colombiano, de trascendencia mundial, Calixto Ochoa Campos, a quien le fueran grabadas aproximadamente unas 1500 canciones en todos los ritmo habido y por haber, incluyendo el más exitoso creado por el, el Paseaito, ritmo que deambulo coquetonamente por todos los escenarios bailables del mundo en las más disimiles orquestas y grupos.

Para el negro Cali, no hubo tema ni ritmo vedado para su ejecución y creación, la picaresca que tanto lo caracterizo, lo llevo a crear personajes populares que todavía están en el paladar musical de los miles de bailadores en el mundo, pero indudablemente que el que adquirió la ciudadanía Universal fue El Africano, grabado en más de doscientas versiones e idiomas, las más exitosas fueron  la del dominicano Wilfrido Vargas, el francés George Dan, y el Estadounidense Ray Connyff.

Después de alegrar a todo el continente y dejar muchos registros musicales, con la agrupación de la cual fue cofundador junto Alfredo Gutiérrez, Cesar Castro y el empresario del disco Antonio Fuentes, Los Corraleros de Majagual, decide dar un paso al costado y reintegrarse a su propio grupo el cual tenía asiento en Sincelejo, localidad que lo acogió, siendo un incipiente músico.

Ochoa, con su propio conjunto sigue su senda exitosa, y hasta las sabanas le llega el rumor sobre un acto sacrílego, que intentó cometer contra los altares de la iglesia de su pueblo, una valiosa joya religiosa recubierta en oro puro, el cura español, Francisco de Mendizábal, conocido en toda la región como el padre Pachito, intento sustraerlos a medianoche sin previa consulta popular.

Fue una placida media noche de un día cualquiera de 1967, que el pueblo sintió extraños ruidos procedentes de la placita donde está ubicada la colonial iglesia de Valencia de Jesús, que data de más de 300 años, este acto fue impedido por los moradores, principalmente por la señora margarita Ávila, quien atisbo por la rendija de su ventana a varios obreros nocturnos, cargando los altares, ella avisa a Francisco Quiroz, el campanario, quien despertó a la población con sus tañidos de la campanas, los cacos fueron descubiertos junto a su vetusto camión, que iba ser quemado por los moradores.

Al ser consultado por el pueblo por tal acción, el padre Pachito, dijo que iban a ser reparados, por esta blasfemia su vehículo Volkswagen, iba a ser incinerado, contradictoriamente como castigo la diócesis de Valledupardejo el pueblo, perteneciente la hermandad de Jesús de Nazareno, sin cura por años.

El Negro Cali, denunció este hecho ante el mundo con la canción Los Altares de Valencia, lo que le valió un regaño de la curia y amenaza de excomunión, al ser temeroso de dios, compuso un canto de desagravio que tituló: Perdóneme Padre.

Bajo esos valiosos altares que el defendió hace 48 años, fue despedido físicamente por el pueblo que cantó llorando con sus canciones.

 

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Por abrumadora mayoría fueron elegidas dos personas que estarán dirigiendo una, al departamento del Cesar, Franco Ovalle Angarita y la otra a Valledupar, Augusto Ramírez,“Tuto Uhia”, durante los próximos cuatro años, delegándoles al pueblo una amplia confianza a sus mandatos, ellos se convirtieron en la esperanza de la región que tiene potencial económico y cultural, para convertirse en la más prospera de la costa caribe.

Antes de su conversión a la política, Augusto Ramírez, en  su condición de músico, amenizó conciertos estudiantiles y de todo orden, buenos regulares y malos, grabo al lado de Carlos “Kalata” Mendoza, rey cuna de Villanueva, segundo puesto en el festival vallenato, nieto de José del Carmen “Carmencito”Mendoza,  quien hizo parte  de “Los Playoneros del Cesar”.

“Tuto”, es nieto del legendario personaje folclórico Armando Uhia, famoso por su maratónicas parrandas vallenatas al lado del “pulmón de oro”, este picaresco personaje, estuvo al borde de ser picado por culebras verdaderas y humanas, en los enmontados patios de los vecinos  por robar gallinas, que iban a parar a las ollas de los suculentos  sancochos que preparaba Armando, para complacer a su gallada parrandera, fue inmortalizado en las canciones de su amigo Poncho Zuleta, al cual lo unió una amistad que ya es mítica.

Ramírez, ahora como primera autoridad de Valledupar, a partir del 1 de enero, está en la obligación de implementar plataformas de su plan de gobierno, Rutas turísticas, rescate de la plaza Alfonso López y de las historias mágicas de nuestro folclor, que fueron banderas que agito durante su campaña electoral.

El más que nadie por su origen musical y sensibilidad artística, conoce las necesidades básicas originadas por nuestra condición de región musical, de las más  ricas y exitosas del país.

Es un clamor a gritos la adecuación de las rutas turísticas, Escalona, Calixto Ochoa, Diomedes Díaz, La Gota Fría, Tierra de Cantores, Vela de Marquesote, Pedazo de Acordeón, entre otras, algunas requerirán alianzas y convenios con municipios de la Guajira, como San Juan, Urumita, Fonseca, Villanueva y del Cesar, San Diego, El Paso, Manaure y Codazzi.

Hay que darle comodidad y conocimiento histórico musical y de nuestra región a los que nos visitan, con monumentos, casas museos, guías permanentes que ilustren a los miles de turistas que llegan a la región ávidos de conocimientos del folclor del Valle y no retornen decepcionados a sus lugares origen, este renglón cultural está a la deriva, sin política de estado, debemos mostrar a los que cimentaron nuestro folclor, generaríamos ingresos que beneficiarían a un sector de la población vulnerable.

La recuperación de la plaza Alfonso López, y de la mítica tarima Francisco el Hombre, es un deber moral e histórico;estos monumentos no pueden continuar acéfalas y en el ostracismo, sin guardián de la heredad, que vele por su entorno de tanta historia, música y reyes, el corazón del Valle no debe estar triste, hay que devolverle su alegría, con cantos, acordeones y danzas.

 

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La ciencia oculta, actividad con que se conoce ciertas prácticas y creencias misteriosas, con la que algunas personas creen desarrollar poderes ocultos, conque curan males, que no dan para aliviar los médicos, nuestros juglares siempre han sido personas inclinados por  estos personajes que practican la quiromancia o espiritismo y que al  probar sus pócimas y exorcismos, los han catapultado en el  tiempo con sus cantos, es el caso de, El Viejo Emiliano, con el Indio Manuel María que vivió en Guayacanal, Calixto Ochoa, exalto al profesor Beleño, quien según él, le curo sus males del corazón, cuando aún deambulaba por estas tierras fértiles para su musa, el primero en  resaltar a estos personajes fue el maestro, Luis Enrique Martínez, donde nos relata las brujerías en la población de Caraballo, departamento de Bolívar, donde según, al millonario, Luis Mariano, Joaco, el brujo del pueblo, que no tenía más que un burro flaco y orejón, le quito la mujer a punta de bebedizo.

Esa, es la actividad que ha realizado El Hermano Elías, quien fue inmortalizado por el Cacique, Diomedes Díaz, en el último disco que grabó, en su importante paso por el folclor del valle.

Elías José Campo, es oriundo de Aguachica, Cesar, fue llevado a  la tierra del petróleo, Maracaibo, a la edad de 6 meses, donde fue bautizado y criado, allí creció y ha vivido la mayor parte de sus 70 años labrando la tierra, a la edad de doce años, ya era conocido como el brujo, actividad que aprendió de su padre quien era de Cúcuta, posteriormente trabajo como líder agrario de los campesinos del estado del Zulia.

El hermano Elías, se especializo en las enseñanzas de la diosa afro, María Lionza, que habito las sierras de Yaracuy,Elías, bebióde la fuente del Negro Felipe y el indio Guaicaipuro

Un empresario musical, fue quien llevo a Diomedes Díaz, donde Elías, quien ya había escuchado de su nombre en Maracaibo y quería conocer las bondades de sus conocimientos para que lo aliviara, ya que los médicos podían hacerlo, fue un encuentro emotivo, como lo relata, Diomedes en su canción.

Es un enviado de dios con mucha sabiduría

 Y goza de la simpatía de la gente que salvado

Diomedes lo ha comprobado con el mal que se sentía

Que no comía ni dormía y ya no quería cantar.

Y solo el hermano Elías fue el que  me  pudo curar.

Fueron veinte años que demoro “el Cacique”, en grabar este canto, sus familiares y amigos y mujeres,le pedían que no lo hiciera, tenían recelo, decían que era nefasto por sus prácticas espiritistas, un sector de su fanaticada responsabiliza  Elías, de la muerte de su ídolo, dicen que  la virgen del Carmen, lo abandonó por sus andanzas con el brujo.

Elías, anciano y con 29 hijos, esta en Valledupar, pidiendo ayuda económica para operarse en la clínica Ardila Lule, de Bucaramanga  de un mal que lo está dejando ciego.  

 

 

 

Publicado en Celso Guerra Gutierrez
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