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Celso Guerra Gutierrez (77)

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Como una forma de exaltar el papel determinante que juega la comunicación, como instrumento útil en la promoción del Vallenato Tradicional, la documentación de la historia, el registro de la memoria y el fortalecimiento de la identidad de los pueblos, el Ministerio de Cultura, a través de las Direcciones de Patrimonio y Comunicaciones hizo reconocimiento a seis periodistas por sus significativos aportes a la salvaguardia de esta manifestación cultural.

La exaltación tuvo lugar este jueves en la capital del Cesar, en el marco del ‘Laboratorio Contenidos y Narrativas Vallenatas’, “Vallenato en sintonía”, dirigida a los radialistas ganadores de la convocatoria Música Vallenata Tradicional en Sintonía.

Los comunicadores exaltados son: Carlos Melo Salazar, con toda una vida dedicada a la divulgación del vallenato; durante 17 años ininterrumpidos estuvo al frente del programa Estampas Vallenatas, a través de la Radiodifusora Nacional, estación por la que mostró al mundo los detalles del Festival de la Leyenda Vallenata y narrativas del folclor del valle.

Lenín Bueno Suárez, de los precursores en la labor de difundir la música vallenata tradicional con su programa Festival Vallenato en la Emisora Atlántico de Barranquilla, su pasión por este género musical lo llevó a convertirse en compositor y productor. Hoy es miembro del comité impulsor del Plan Especial de Salvaguardia.

Marina Quintero, 33 años, dirigiendo el programa Una Voz y un Acordeón en la Emisora Cultural de la Universidad de Antioquia. Marina es además investigadora, escritora y cantante.

Isaac León Durán, especialista de la radio, cuya voz es familiar a los departamentos del Cesar y La Guajira; se instaló en la emisora Radio Guatapurí, donde hizo por muchos años el programa Vallenatos del Momento, allí  posicionó su estilo y manera costumbrista de pregonar noticias del folclor.

Jaime Pérez Parodi, conocido como locutor folclorista gracias a sus conocimientos sobre música vallenata tradicional, difundida a través de varias estaciones radiales del Caribe colombiano. Presentador por cerca de 30 años de Diomedes Díaz; Jaime ha sido pieza clave en la consolidación de la radio vallenata. 

Celso Guerra Gutiérrez, uno de los radialistas ganadores de la convocatoria Música Vallenata Tradicional en Sintonía.

Este periodista es investigador, programador musical, locutor, folclorista,  coleccionista y escritor, con cinco obras literarias publicadas, seis sirenas vallenatas del Círculo de Periodistas de Valledupar, columnistas de varios medios escritos de la región, ha sido homenajeado también por el Congreso de Colombia por esta labor, y más de tres décadas difundiendo este Patrimonio Inmaterial de la Humanidad en emisoras de Valledupar, incluida Radio Guatapurí, donde labora  hace 27 años.

Los homenajeados y ganadores de la beca del proyecto compartieron con los compositores Adrián Villamizar, Rosendo Romero, Santander Durán, Alberto ‘Beto’ Murgas, Julio Oñate Martínez y Efraín Quintero Molina; investigadores Abel Medina Sierra, Edgar Rey Sinning, Roger Bermúdez Villamizar, Jaime Maestre y Rafael Oñate Rivero, y el rey  Hugo Carlos Granados.

Esta exaltación se llevó a cabo en el marco del laboratorio de Narrativas, pertenecientes al proyecto ‘Las Fronteras Cuentan’ de la Dirección de Comunicaciones de Mincultura.

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El banco central de Venezuela decidió sacar una nueva emisión de billetes de diferentes denominaciones para adaptar el sistema monetario de ese país a la coyuntura de crisis que atraviesan.

Para tal fin le pidió a la población patriota elegir entre monumentos, lugares y personalidades representativas para que fueran la imagen de esos billetes que estarán en circulación el próximo mes de agosto; y Oh sorpresa, él nombre escogido mayoritariamente fue el del músico extraído del campo llanero Simón Díaz, compositor de la canción más emblemática de Venezuela, el pasaje “Caballo Viejo”.

El gobierno del cual era opositor Tío Simón, como también era conocido, el autor e intérprete del cuatro venezolano, instrumento fundamental en la ejecución de la música folclórica llanera, la expresión más representativa del país hermano, aceptó el sondeo y el billete de mil, el de más alto valor que circulará dentro de la geografía del bravo pueblo, contará no solo con la imagen de Simón, también harán parte los instrumentos de la música llanera, el arpa y las maracas.

Colombia tiene músicos, canciones e instrumentos musicales que simbolizan nuestra nacionalidad e identidad, dentro y fuera del país, que ameritan que el Banco de la República de nuestro país tenga en cuenta y se conviertan en nuestra imagen en los billetes que circulan y este reconocimiento deje de ser privilegio de políticos y militares, que no han tenido la trascendencia e importancia, generación tras generación, de estas canciones que se han escuchado en los rincones más apartados del mundo, llevando un mensaje positivo de nuestro país; la única excepción cultural que ha recibido este reconocimiento en los billetes es el nobel García Márquez, con fuerte oposición de la opinión bogotana.

Ojalá nuestras autoridades monetarias acepten estas expresiones musicales de Colombia, el vallenato, la canción La Gota Fría, la más simbólica del folclor del valle, versionada en muchísimas partes del mundo y varios idiomas; muchas personas en el planeta han conocido de nosotros a través de este canto de Emiliano Zuleta, quien tiene derecho, como el que más, de ser efigie de uno de esos billetes. 

O Rafael Escalona, con su magistral obra, cerca de cien canciones, entre las cuales sobresale la imaginativa Casa en el Aire, adaptada por muchos padres del mundo como propia; sería un extraordinario reconocimiento del Banco de la República y una lección para las autoridades del valle. En Valledupar no hay nada que indique que esta es la tierra de Escalona.

La cumbia nos identifica en el orbe, tiene en la Pollera Colora su más alta representación, canción que ha puesto a bailar al mundo y con la cual nos identifican; su coautor Wilson Choperena murió en la pobreza y Pedro Salcedo vive pobre e inédito en su pueblo. 

Otra cumbia La Piragua, de José Barros, que Colombia y el mundo han gozado, seria gratificante observar a estos músicos e instrumentos como caja, guacharaca, acordeón, guache flauta de millo representados en los billetes colombianos.

Estas canciones valen más que mil embajadores juntos. 

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Los últimos acontecimientos de La Habana nos indican que está cerca un acuerdo de paz entre el gobierno colombiano y el proscrito grupo de la Farc, pacto que el mundo aplaude y que Colombia recibe con gran alborozo.

Las causas de tan prolongado desangre fratricida, que ha sufrido nuestro país, más que ninguna otra región en el mundo, siempre fue denunciado por nuestros músicos en diferentes épocas con canciones, que en algunas ocasiones les costó el veto del gobierno, emisoras de radio, televisión y disqueras corruptas, que se enriquecieron a costas del usufructo autoral y del derecho del interprete.

De las primeras canciones que se conocieron a través de la fonografía, que denuncian el atropello contra el campesinado, lo hace el compositor Armando Zabaleta en la canción ‘La reforma Agraria’, aprobada por el congreso elegido para ese periodo, 66- 70, que el compositor desaprobó, por considerarla inequitativa, él la grabó en su voz, con el acordeón de ‘Chema’ Martínez Argote, este canto sufrió la censura del gobierno de Carlos Lleras Restrepo, quien mandó a recoger los pocos discos que se imprimieron, pero la gente se las ingenió para escucharla, se vendieron 500 copias.

Leandro Díaz, quien sufrió el rigor de la pobreza y la discriminación, inclusive de su propia familia, por su ancestro campesino y su ceguera, propagó a todo el mundo su malestar paupérrimo que aún siguen viviendo millones de colombianos, a través de su canto ‘Soy’, en la que dice ser amigo del labrador, “que mal le pagan por su trabajo, que en carne propia sufre el dolor, igual que a mí, me han explotado también”.

Este clamor de Leandro llegó hasta Miami, desde allí la agrupación musical de salsa ‘La Charanga América’, la divulgó al mundo, ya la habíamos conocido en estilo del ‘Doble Poder’, Ismael Rudas y Daniel Celedón.

Luego vino el compositor antioqueño Gildardo Montoya, muy polifacético, con mucha alma vallenata, le dijo a Dios en su canción ‘Plegaria vallenata’, que el de aritmética nada sabía, porque había repartido muy mal la plata, que el colegio donde había estudiado era de muy mala calidad, porque a unos les había dado tanto y a otros nada, hay mucha gente que vende su sangre para poder vivir, aquí conocimos este canto, ‘Plegaria vallenata’, en su primera versión por ‘El combo de las Estrellas’ de Medellín y el canto del sabanero Jairo Paternina, Alejo Durán, Enrique Díaz y Pastor López de Venezuela hicieron cada uno una excelente versión.

“El eco del alma de una pobre mujer clama, para que su marido campesino traiga a sus hijos algo que comer, mira la estampa de ese campesino, sus ojos brillan de anhelo”, es una de las estrofas de la canción ‘Plegaria del campesino’, que presentó Hernando Marín al Festival Vallenato en 1975, fue descalificada por el jurado, el cual consideró que fue plagio de la canción de ‘Plegaria vallenata”, que era un éxito nacional para esos días, Marín la grabó ese mismo año cantando con el conjunto de Alfredo Gutiérrez.

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El compositor de música vallenata, Isaac Calvo Carvajal,  oriundo de Curumaní, en el centro del Cesar, es ejemplo de perseverancia de buenas costumbres y vida.

Este joven fue golpeado duramente desde muy temprano por la violencia que históricamente azota a nuestros país; el junto a su familia, sus padres,  y  5 hermanos, fueron expulsados en una noche de sangre y horror por un grupo armado de la hacienda  Bella Cruz, en La Gloria, Cesar; en aquella época propiedad de la familia Marulanda, donde sus padres trabajaban como jornaleros, les tocó salir sin ninguna esperanza hacia Valledupar, dónde podrían encontrar a algún familiar que le extendieran la mano, lo hicieron dentro de sus posibilidades económicas.

En su errante deambular por barrios marginales de Valledupar encontraron un alma caritativa que les extendió la mano y les cedió un lado en un Cambuche en el barrio de invasión, llamado contradictoriamente, Bello Horizonte.

En ese lugar, comenzaron a reconstruir sus asoladas vidas por la pobreza, pero llenos de esperanza por el porvenir, les tocó salir a la calle a vender empanadas, chance y  butifarra.

Como “El Butifarrero” fue conocido Isaac Calvo en eventos folclóricos del Valle, a donde llegaba a vender su producto, y a cogerle el gusto a la música se presentó a concursar en pequeños festivales de barrios La Nevada, 1 de Mayo y otros, como compositor y repentista; ocupó segundos y terceros puestos que  para él y su familia fueron mieles de  esperanza y buenos augurios.  

A pesar de las vicisitudes, Calvo Carvajal jamás claudicó ante la adversidad, nunca abandonó sus estudios, sabía que de esta actividad dependía él y su familia saliera a flote, sus décimas y canciones lo dieron a querer y a conocer.

Estuvo en el programa “Buscando Talentos” de Radio Guatapurí; allí creció su aura, este fue el medio para que le ofrecieran trabajo de servicios generales  en la gobernación de Hernando Molina, luego ascendió a mensajero en rentas, con este sueldo y premios de los festivales los cuales asistía pago sus estudios como abogado en la UPC, de la cual es egresado.

Isaac Calvo Carvajal hoy es de los exitosos compositores de la nueva generación, al cual le han grabado prestigiosos interpretes vallenatos de hoy.

Silvestre Dangond ha sido quien más ha divulgado su obra, la primera que le fue grabada por el hijo de Urumita fue La “Peligrosa”, que gozo del aprecio general; “Esta vida Loca” le siguió en el orden, también con sello de éxito.

La rentable, la de más aceptación es “La Gringa”, se la compuso a  una mujer mamadora de gallo,  que a través de las redes sociales se hizo pasar de esa nacionalidad, pero Calvo, con su malicia indígena, le cogió  la  trampa al hablarle algunas palabras en Wayuú, y la dama le respondió en ingles mal escrito.

Calvo Carvajal es jefe jurídico de la biblioteca departamental, les compró vivienda a sus padres y hermanos que son profesionales en distintas actividades, ellos son ejemplo de superación.   

   

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Este hombre de origen muy humilde, se constituyó en toda una leyenda deportiva al irrumpir al boxeo mundial, ganando la medalla de oro en la categoría semipesado, en los Juegos Olímpicos de Roma, en 1960.

A pesar del lauro obtenido por el deportista, esta epopeya no fue tenida en cuenta por sus paisanos gringos racistas, le impidieron ingreso a un restaurante en Kentucky, por ser de raza negra, en protesta, “El más Grande”, como se auto proclamo Clay, lanzo la medalla olímpica al rio, dijo “si no sirve  para que nos respeten, no debo portarla”.

Hizo una carrera fulgurante como profesional, “El bocazas”, así le llamaban sus enemigos, por locuaz, se coronó campeón del mundo en 1965, venció a  Sony Liston, por nocaut en el 3 round, así lo había vaticinado.

Se constituyó en atracción mundial, por sus excentricidades antes durante y después de cada pelea, insultaba y ridiculizaba a sus rivales dentro y fuera del ring, “pico como una avispa y vuelo como mariposa”, decía al describir su estilo de boxeo.

Se negó a prestar el servicio militar, alego que la gente del Viet Con, no le habían hecho nada para que el, fuera a matarlos, en alusión a la sanguinaria guerra de Estados Unidos, contra Vietnam, le fue retirado su cinturón de campeón mundial.

Recupero el cetro, enfrentó en Manila, Filipinas, a Pipermín Frazer, con el tuvo dos peleas titánicas, perdió la primera y ganó la otra, en la cual estuvo a punto de no salir a pelear en el 15 round, su entrenador, Ángelo Dundee, lo obligo al menos que se levantara cuando sonara la campana, le dijo Dundee, que Frazer, estaba en peores condiciones y no saldría a pelear, así fue,Pipermín, no salió para el último asalto, se quedó sentado.

Se convirtió al islamismo, cambio su nombre de, Cassius Marcelus Clay, dijo que era  nombre de esclavos, por, Muhammad Ali, con el que se conoció últimamente.

En el Coliseo el Poliedro de Caracas, alzo una silla para darle a Kent Norton, era una manera de promocionar su próxima pelea, Norton, le partió la mandíbula en el segundo asalto, la pelea duro quinces asaltos, perdió por decisión.

“Don King” promotor de sus peleas, en 1974, organizo la velada contra el noqueador George Foreman,en Kinshasa, Zaire, para que sus hermanos africanos vieran en acción a Ali, asistieron 100 mil personas, inclusive el presidente Mobutu, quien pago 10 millones de dólares para limpiar la imagen de caníbal de su país, que le había dejado el sátrapa de Idi Amín, recupero el trono en 8 vibrantes asaltos, saludo a Foreman, después de la pelea peinándose despreocupadamente, fue una manera de decirle, que no le había daño.

Estuvo gratis en Bogotá durante una semana, en 1977, Traído por el periodista German Castro Caicedo, para una exhibición a beneficio de un hospital de niños, se enfrentó al boxeador colombiano, Bernardo Mercado, había cobrado 20 mil dólares, al final desistió, nuestro” Kid Pambele” tuvo la oportunidad de saludarlo.

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Los comunicadores radiales de la costa norte de Colombia, siempre han sido apetecidos en cualquier lugar del país y el mundo, por su originalidad, creatividad, color de voz y espontaneidad. En todas partes siempre se les ha admirado esas cualidades que únicamente se dan en esta mágica región del caribe Colombiano.

El Barranquillero Andrés Salcedo, vino a laborar a Radio Guatapurí, donde dejó su indeleble marca, se fue a Bogotá, brilló en Todelar, para irse al viejo continente donde rubricó el talento costeño en España,  en Radio Madrid, trabajo  como radio actor, y Alemania en el canal de televisión de capital mixto, Transtel, hacia doblajes para los países de habla hispana.

Manuel González Móscate, de Codazzi, mostró su capacidad en las pequeñas emisoras de su población, llegó y gustó en Valledupar, para luego emprender viaje a su consagración, pasando por Bogotá, otra vez el circuito Todelar Colombia. Se constituyó en la voz emblemática de uno de los noticieros más escuchados del país, cuando las voces de los noticieros eran determinante para atraer la audiencia, compitiendo con los encopetados Caracol y RCN, monopolios radiales que acabaron con la libre competencia electromagnética de la nación comprando a precio de gallinas flacas, todas las emisoras independientes, para enlazarlas con su programación noticiosa y musical, elaborada en Bogotá; e imponer opiniones y gustos, acabando de esta manera con  la diversidad cultural de nuestro país.

En Valledupar  sus repetidoras son, La Voz del Cañaguate, Radio Valledupar; La Voz del Cesar y Rumba, en La Paz. Gonzales Móscote, se fue a España, para luego radicarse en Moscú, trabajó muchos años en Radio Moscú, emisora oficial de ese inmenso país, cabeza visible de la otrora cortina de hierro, también fue corresponsal de Cnn, desde USA, Demostró, Manuel, la casta de su gente.

Ocurrió con otros con barranquilleros, Ernesto Difernecio, quien grababa cuñas para radio Guatapurí, antes y después de  ser locutor de la  ‘’Voz de los Estados Unidos’’, allí  llego luego de deambular por este inmenso país, haciendo oficios varios.

Igual, Juan Eugenio Cañavera, quien hizo  la presentación a la diva del bolero, la mexicana, Carmen Delia Dipini, en el hotel del Prado en Barranquilla, cayó subyugada ante la modulación caribeña de Cañavera, fue su esposo y presentador en todos sus conciertos por el mundo.

El vallenato Ismael Calderón,  laboro en la capital española en radio Madrid, de la cadena Ser,  dueños de Caracol Radio, al lado de Andrés Salcedo, Calderón siguió el mismo camino de su amigo, partiendo de Valledupar, Bogotá, Europa, él estuvo también  por los lados de Alemania, pero no se adapto

Ante la arremetida y colonización radial de la ciudad, por los cachacos, pagamos las consecuencias, directores de medios locales se avergüenzan del acento vernáculo, mandan llenos de soberbia, ignorancia y egocentrismo a periodistas, a hacer cursos para hablar cachaco, se burlan de las emisoras tradicionales, porque no son repetidoras capitalinas, la localidad periodística y musical les molesta, “los galácticos”, desconocen la influencia que ejercen estos medios, entre la comunidad y voces vivas, ellos discriminatoriamente le  llaman “Corronchos”. 

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Emiliano Alcides y Tomas Alfonso Zuleta Díaz, miembros de la dinastía musical más importante que tiene el folclor vallenato, son bisnietos de Job Zuleta, primer eslabón musical que encontramos en esta importantísima familia, decimero y compositor, Cristóbal Zuleta, su abuelo, acordeonero y compositor, clarinetista,  fue músico de la banda de la población de La Jagua del Pilar, su padre es el mundialmente conocido,  Emiliano Zuleta Baquero, se hizo  músico a escondidas con el acordeón de su tío Francisco Baquero, además de compositor fue  improvisador de versos en décimas, es el autor de la canción vallenata más popular y más versionada en el mundo, en distintos idiomas, La Gota Fría; Zuleta Baquero, con más de 100 canciones reconocidas dentro del folclor vallenato, también es considerado entre los más punzantes repentistas en décimas, dueño de un extraordinario y variado catálogo de canciones vallenatas.

Los Zuleta cuentan en su árbol genealógico  a la  importante matrona del folclor, la abuela Sara Salas Baquero, “La Vieja Sara”, inmortalizada en la canción del mismo nombre por el maestro Escalona, sobrinos de  Antonio Salas, buen acordeonero compañero por mucho tiempo del maestro Leandro Díaz, con el que participó en el primer Festival Vallenato, fue buen verseador, lo demostró antes los mejores de su época, fue Rey de la Piquería en 1983 en el festival vallenato, de hecho estuvo involucrado en una contienda musical durante toda su vida, durísima y titánica batalla con su hermano  “El Viejo” Emiliano”, conflicto folclórico que se convirtió en problema  personal por la contundencia de los versos, muchas veces ofensivos de parte y parte, se olvidaron de sus lazos consanguíneos, al final de sus vidas, por insinuación de sus amigos hicieron las pases de fraternidad.   

La pureza de los cantos y el digitar del acordeón lo comenzaron asimilar este par de hermanos, escuchando a las ocurrencias de su padre, allá en la “Sierra Montaña”, finca enclavada en lo más alto de la serranía del Perijá, frontera con Venezuela, a varias horas de su población natal, Villanueva.

Del cultivo de cebollín, malanga, café en esas tierras derivaban su sustento diario, allí vivieron varios años junto a su mamá Carmen Díaz, también celebre por los cantos que le hizo “El Viejo Mile” y  sus otros hermanos, María del Carmen, Favio, Carmen Emilia, Mario, Carmen Sara y Héctor Arturo. 

Relatos de macondo dicen que Poncho ocasionalmente era el encargado de bajar en bestias la carga de pan coger para venderla en el pueblo y comprar los otros requerimientos alimenticios; en uno de esos tantos recorridos, en plena adolescencia, vendió su preciosa carga, para esa época el pueblo celebraba las fiestas de Santo Tomás, las atracciones se daban por doquier: Galleras, circo, juego de azar y toda clase de aventureros en busca del rebusque, no podían faltar las damiselas que llegaban de otras procedencias en plan de alegrarle la vidas a los provincianos de esa región, y llegaron comandadas por una damita apodada, “La Cicolac”, llamada así en homenaje a la mayor factoría procesadora de leche de la región.

“La Cicolac” se desbordó en placeres, le brindó todos sus atributos al imberbe Tomás Alfonso, quien ni corto ni perezoso no dudó un instante en seguir la juerga y gastarse la plata del bastimento que había vendido; después de tres días de jolgorio llegó a Sierra Montaña limpio y arrepentido, pero este último sentimiento no valió para librarse de su castigo.

Tras la separación de sus padres, Carmen Díaz se instala con sus hijos en Valledupar, “Poncho” Y Emiliano asumen ayudar al sostenimiento de la casa y sus hermanos menores; Tomas consigue un empleo como cobrador de pólizas de las famosas maquinas Singer, que eran acreditadas para pagar en cómodas cuotas semanales, labor que hacía a bordo de una vieja bicicleta, función en la que apenas duro 15 días, ya que el dinero que cobró lo gastó con sus amigos de farra en un fin de semana en el rey de bares de Marcelo Calderón, tuvo que emprender las de Villadiego hacia Bogotá, el cachaco encargado de esta firma lo buscaba hasta debajo de las piedras.

En Bogotá Los Zuleta subsisten gracias a su arte, Emiliano con su acordeón hizo buenas relaciones a través de la entidad de turismo con la cual trabajaba y Poncho amenizaba todo tipo de fiestas como cantante, guacharquero, cajero, tumbador, en fin como se presentara la ocasión, inclusive probó suerte con los exguitarristas de Bovea y sus vallenatos Otoniel Miranda y Ángel Fontanilla, quien también hacia de corista y cantante junto a Tomás Alfonso.  

“Poncho” y Emiliano  irrumpen en la fonografía en el año  1967. Poncho cantó sus primeras cuatro canciones en Bogotá con  “Colacho”, en el álbum “Vallenatologia”, y Emiliano grabó en Medellín, también cuatro canciones en dos discos, 45 r.p.m. tocando y cantando.

Tomás Alfonso hizo parte como guacharaquero de la agrupación de los hermanos López, y el canto de Jorge Oñate, con los cuales alcanza grabar varios álbumes musicales. Llega la oportunidad de unirse a su hermano Emilianito en 1971 y sacan su primer LP, “Mis Preferidas”, disco que “Poncho” estuvo a punto de no grabar, ya que Emiliano estaba renuente a pagarle $2.000 que “El Pulmón de Oro” le exigió.

Para financiar los gastos que ocasionó la grabación de este disco, Emiliano tuvo que recurrir a préstamos entre sus amigos, inclusive hasta empeño sus acordeones y su reloj “Tissot” para sufragar los costos que también tuvo que pagarle a la disquera. Dice Emiliano que este disco no tuvo ningún tipo de venta; por otro lado, “Poncho” los desmiente: “Se vendieron 10 mil copias”.       

Cinco décadas después son  iconos del folclor, al plasmar en la fonografía aproximadamente 500 canciones en 33 álbumes musicales grabados juntos y otros por separados, estos  son  considerados entre los más autóctonos del folclor vallenato.

Además, se han destacado como cultores del folclor del Valle; sus hermanos fallecidos: Héctor, excelente acordeonero, compositor y verseador; Mario, también compositor, acordeonero, y Favio, humorista costumbrista y compositor.

“Poncho” y Emiliano además de cantante y acordeonero son  buenos compositores y repentistas, la capacidad satírica y humorística de Alfonso, con el verso ha trascendido fronteras insospechadas, es un gran anfitrión, en su casa de Valledupar son famosas sus parrandas acompañadas de una buena cocina criolla durante el Festival Vallenato, a las cuales han asistido desde presidentes, ministros, Gabo, empresarios y sus amigos de siempre.

“Poncho” Zuleta, cantante  original,  creador de una escuela exitosa, seguida por innumerables cantores, entre ellos, Diomedes Díaz. Emiliano impuso un estilo en la ejecución del acordeón,  cuenta con una numerosa cantidad de acordeoneros que se han convertidos reyes vallenatos y cosechado éxitos en el disco.

En 1969 Emiliano fue Rey Vallenato como Acordeonero Aficionado; Rey de la Canción Inédita en 1985 con la canción “Mi acordeón” y Rey de Reyes en 1997, de la misma modalidad, con “Mi Pobre Valle”.

Los aportes folclóricos hechos por Poncho y Emiliano durante cincuenta años de vida musical son reconocidos por el Festival Vallenato en su edición 49.

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A raíz del reconocimiento al folclor del valle, como Patrimonio Inmaterial de la Humanidad hecho por  La Unesco, han sido muchos los cometarios, por parte de neófitos y expertos  en temas folclóricos.

Los valoramos, los respetamos, hemos dicho que en Valledupar y la región se encuentra el zumo máximo del conocimiento del folclor, pero hay excepciones que no compartimos, comentaristas ligeros, que tienen afán de responsabilizar a la radio vallenata  por el justo regaño de  la Unesco a los vallenatos, por la  alerta máxima de  extinción, en que se encuentra el vallenato.

No hace más de sesenta años que los medios de comunicación electromagnéticos comenzaron a programar tímidamente una música rara en las ondas hertzianas, la  de nuestros conjuntos vallenatos, generaba más rechazo que aceptación, pero la acción quijotesca de algunas personas que se atrevieron en Bogotá a profanar el santuario de la música cachaca, para sonar esa música que ellos denominaban ruidosa, Carlos Melo, en Radio Juventud y su programa "Meridiano en la Costa", donde se presentaban Pedro García, Pablo López, Esteban Salas y otros, comenzaron abrirse espacios.

Lo mismo ocurría en emisoras de Barranquilla, se presentaban Abel Antonio Villa, Luis Enrique Martínez, Francisco Rada y Alejo Bovea.

En nuestros archivos  reposa una grabación de 1956, donde Rafael Escalona promocionaba su música en la emisora de Bogotá, HJCK,  Rafael, le comentaba a la aun no afamada Gloria Valencia, sobre las bondades de la música vallenata y de la condición campesina, pobreza y origen de sus protagonistas, para asombro de la entrevistadora y sus escuchas.

En Valledupar, nuestra incipiente radio era manejada por propietarios, locutores y periodistas barranquilleros o cachacos, con excepción de algunos vallenatos que se involucraron en cargos subalternos, se imponía el criterio y gusto musical de estas personas foráneas, programaban melodías en ritmo de bambucos, pasillos, bundes, rancheras, tangos, sonora matancera, porros, cumbias, boleros, la música del Valle  causaba rechazo, vergüenza, no se programaba.

Este pensamiento fue desterrado de la radio vallenata en 1967, cuando se  piensa en la creación del departamento del Cesar y el festival vallenato, se necesitaba promocionar no sólo las riquezas de nuestro suelo, sino también  la música vallenata, con la cual se amenizaba esta gesta y con ellos, logramos convencer a los reacios congresistas.

Hubo apertura para estos espacios, los primeros en Radio Guatapurí, acordeones en el aire, Fiesta Vallenata, Trilogía Vallenata, después, Radio Valledupar, La Voz Del Cesar, Radio Reloj, Ondas de Macondo y Voz del Cañaguate.

La cadena Caracol, con 80 emisoras en todo el país, implementó los sábados dos horas de vallenatos de 6 a 8 pm, con el reconocido locutor nacional, Hernando Perdomo Ch, después  vino la era de las emisoras FM, que impusieron 24 horas vallenatos y este se divulgó por todo el país y parte del exterior.

Que el vallenato esté en crisis, a todos atañe responsabilidad, gobierno, músicos, medios de comunicación, academia; a propósito, qué pasó con las  semanas culturales de los colegios, de allí salieron buenos cantantes, acordeoneros, cajeros y guacharaqueros.

 

 

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Como en la época del Galeón San José, por  la música vallenata han merodeado los bucaneros del folclor que se enquistaron en el alma buena de nuestros músicos, paladines del buen vallenato, estos filibusteros disfrazados de disqueras, desde los inicios de la industria fonográfica  en nuestro país trataron a la música vallenata con desdén.

Esta música que era menospreciada en nuestra región, en Bogotá se impuso a punta de muñeca limpia, fiestas familiares que terminaban en  trifulcas moretones y contusiones,  según testimonios de vallenatos que vivieron esa época de los años 50 y 60’s en la capital.

Los cachacos odiaban la  música vallenata por ruidosa, pero nuestros jóvenes estudiantes la imponían haciendo sonar los pocos discos que se habían grabado a punta de tesón, casi que a la fuerza.

En Bogotá, existía para la época, el zar de la música en Colombia, Gregorio Vergara, dueño de varias discotiendas  y  de su propio sello Musical, Vergara aparecía como el mecenas de los jóvenes artistas del  país, incluidos los nuestros, allí grabó por primera vez en 1967, por diligencia del Compositor Alonso  Fernández Oñate, Jorge Oñate, al lado del acordeonero Emilio Oviedo, el álbum titulado Campesina Vallenata, conjunto que denominaron "Guatapurí".

Gregorio Vergara no les pagó un peso a los artistas y mucho menos a Fernández Oñate, compositor de las 12 canciones incluidas allí, de ese disco no se supo cuántas unidades se vendieron, nadie pedía cuentas y  si el estado lo hacía, existía la triple facturación,  todo ocurría por la inmadurez de nuestros músicos y  su ansiedad de protagonismo, y lógico, se imponía la codicia de los piratas disqueros.

Víctor Soto, radicado en Estados Unidos, legendario acordeonero y compañero de Escalona y  Leandro Díaz, quien por estos días nos visita, cuando residió en Bogotá recibió una oferta musical, pero no una asignación económica de Vergara para grabar un par de canciones con el canto de Alberto Fernández, Soto pidió  una suma de dinero  por el pago de la grabación, Vergara ofreció una suma exigua, que no colmó las expectativas de Víctor.

Para esas calendas, la música de Escalona sonaba bien en estaciones  de radio y se vendía  en el altiplano, "Rosa María" y "El Chevrolito", estos cantos  fueron mandados a  grabar nuevamente por Gregorio Vergara,  con otros nombres para evadir el pago de derechos autorales, "El Manantial" y "El Fajoncito", con el trío "Los Isleños" y sin el  permiso del compositor por parte del corsario musical.

Escalona, fue informado de este ilícito y reclamó  al saqueador musical, le exigió una indemnización por esta indelicadeza, el cual sarcásticamente se negó, Escalona ya era del círculo cercano de Rojas Pinilla, se quejó ante un subordinado de la presidencia y  el negrero fue mandado a prisión.

Al final hubo negociación con los abogados de Vergara, el bucanero salió de prisión al pagarle a Escalona el triple de lo que se la  había pedido inicialmente.

A Propósito, Víctor  Soto, fue taxista muchos años en Nueva York, nunca condujo a Mohamed Alí, a otras luminarias sí.

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El auxilio tuvo que venir de afuera, de Namibia en África, desde donde la Unesco lanzó su reconocimiento a la obra de los  juglares del folclor, hizo llamado de atención a toda la  comunidad y estamentos gubernamentales, regional y nacional a resguardar proteger y divulgar la música vallenata y mostrarles  a las generaciones venideras  los parámetros bajo los cuales debe interpretarse el folclor del valle.

Solo así,  la agonizante  expresión folclórica vallenata, se convirtió en centro de atención de la gente del común , de analistas y gobernantes, en suceso nacional, los medios de comunicación del país se interesaron y sonaron nuevamente las canciones llenas de relatos, noticias, leyendas, historias y crónicas cantadas por nuestros músicos, que transmitían de pueblo en pueblo, que los moradores esperaban ansiosos, era el único vínculo  que tenían con el entorno debido al atraso de comunicación histórico en que ha vivido esta comarca.

Hasta hace 55 años no teníamos emisoras radiales, la prensa nacional y regional era un periódico de ayer, carecíamos de carreteras  y el aeropuerto era una utopía, estas falencias fortalecieron la figura del juglar, que trasmitían los sucesos a ritmo de acordeón,  hechos convertidos en canciones, son las que ahora hacen parte del legado universal que la Unesco está reconociendo como la más viva esencia de la  cultura colombiana.

La Unesco responsabiliza del desarraigo  por nuestra música a la guerra fratricida en que ha estado sumergido nuestro país durante largos años, ya que esta ha traído miles de campesinos desplazados  de su entorno natural para vivir hacinados en la ciudad,  la auténtica expresión del folclor  es campesina y los cantos más representativos de la música vallenata provienen de cantores campesinos iletrados, con contadas excepciones.

También responsabiliza de esta extinción extrema del folclor a la permeabilización por parte del narcotráfico y sus distintos tentáculos, hecho muy verídico ante las evidencias que saltan a la vista y al oído.

Creo que las personas que presentaron el proyecto olvidaron incluir entre los responsables de la desaparición del vallenato tradicional al gobierno nacional, al no tener una verdadera política de estado para preservar todas las manifestaciones folclóricas, no solamente la del valle, sino de toda la nación.

Las emisoras de radio tienen una legislación donde  debe prevalecer la música nacional por la extranjera, pero, vemos con desesperanza  que esta no se hace cumplir, los medios le dan prioridad al reguetón y champeta.

En las escuelas primarias no hay  cátedra que hable a los niños de la obra  de estos grandes cultores del folclor.

No hay edificación pública, rutas turísticas bien dotadas,  escuelas, calles, parques o monumentos, que recuerden que estos músicos de origen humilde  son responsables de que el folclor vallenato sea considerado hoy como patrimonio universal de la humanidad.

Por suerte el festival vallenato y los restantes del país, han asumido  esta responsabilidad folclórica, que es estatal, sino fuera Troya.

Estamos en mora con los juglares, sino se cumplen recomendaciones de la Unesco en 5 años la exaltación será retirada. 

Publicado en Celso Guerra Gutierrez
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