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Celso Guerra Gutierrez (77)

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El deambular  de nuestros juglares, campesinos naturales, por inhóspitos, pobres y feraces pueblos de la región,  los llevó a vivir  situaciones insólitas que  el mundo conoció después convertidas  en  exitosas canciones que traspasaron las barreras geográficas y del tiempo en diferentes versiones.

El colosal Gilberto Alejandro Durán Díaz, fue portador y protagonista de miles de este anecdotario que hoy enriquece la música vallenata, desde que partió muy temprano de la hacienda las cabezas en El Paso, donde trascurrió  su niñez y adolescencia, hasta llegar a Barranquilla donde vivió 5 años, Magangué 3, Montería, Sahagún y Planeta Rica, allí pasó el resto de sus días, Alejo decía “soy Magdalenense de nacimiento, Cesarense por decreto y Cordobés  por adopción”.

Todo el  caribe fue santuario musical de sus travesías musicales, era idolatrado, el mejor ejemplo ocurrió en  la población Altos del Rosario, Bolívar, a la cual llegó por unos días y se quedó  largo tiempo, los pobladores lo lloraron el día que partió, el inmortalizo ese caserío en una famosa canción.

Alejo, fue amigo y compadre  entrañable de Luis Enrique Martínez, había tanta afinidad, que uno oficiaba de cajero del otro, cuando  alguno  de ellos estaba varado.

Eran tan fuertes los lazos de amistad entre estos dos colosos del vallenato, que  Martínez fue invitado como padrino de  matrimonio de su compadre Joaquín Bocanegra.

 Martínez, llevó a Alejandro para que se ganara unos pesos al pueblo que estaba de fiesta, Durán fue contratado para para  un bazar, distante de la fiesta donde se encostraba “el Pollo Vallenato”.

 Hasta el bazar llegó el chulavita Ramón Eduardo, así era llamada la policía conservadora,  era el  terror de la población, a cobrar  quince pesos del impuesto del baile, Durán los pagó, la fiesta continuó, el policía camorrero regresó a los quince minutos, ordenó  acabar la fiesta; Alejandro, pidió le fuera devuelto la plata del impuesto, el chulavita al observar la imponencia y musculatura del negro color de ébano, desistió y dejó que la fiesta continuará hasta su culminación.

Los pobladores al observar que Alejandro no le temía al chulavita,  aprovecharon para desquitarse de sus abusos, le comentaron a Durán que el uniformado  había levantado a culata limpia a Luis Enrique, Alejo se enfureció, lo buscó y encontró,  lo alzó  por el cuello, lo zarandeó y tiró a un charco, lo insultó, le dijo  “soy  el hombre que orinó con la carga bien puesta”, lo  llamaba  cobarde, porque a pesar de llevar un arsenal de armas, revolver, fusil, cananas no se atrevía usarlas.

Los pobladores, campesinos en su mayoría, daban vivas a Duran, mofaban y burlaban  al chulavita, hasta ese momento su terror, Luis Enrique al enterarse  llego hasta el sitio de los acontecimientos, le indagó a Durán que había pasado, este sorprendido, le contra preguntó a Martínez ‘’¿y este no y que te había pegado un culatazo?’’; oh  sorpresa de Alejo,  cuando Luis Enrique le dijo,  “usted parece perro para andar peleando, yo jamás he visto este hombre en mi vida”.

 De Ramón Eduardo, el chulavita, jamás se volvió a saber.

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El maestro Leandro Díaz, en sus años de mocedad por su ceguera sufrió discriminación hasta  de su familia, esto lo llevo a ser un caminante, por su pobreza extrema  deambulo por toda la península Guajira y norte del Cesar en la  búsqueda incesante de subsistencia, y tal vez de su gloria musical, ejerciendo todo tipo de actividades que le permitía su limitación física, era tan dura la situación en esos momentos, que ejerció hasta de clarividente.

En Urumita, predecía el futuro a las damas a través de la mano y las cenizas del tabaco, unas atraídas por el verbo cayeron rendidas a sus pies flechadas por cupido, otras querían saber quién sería su media naranja, la fama de Leandro como adivino crecía, hasta que un marido celoso le hizo poner los pies en polvorosa.

Su trashumancia continuaba, se dirigía a cumplir su cita con la fama, iba hacia Media Luna, El Rincón, Tocaimo y San Diego de las Flores, región que lo cobijaría, encontró seguridad y tranquilidad para hacer canciones que el mundo conocería.

En Tocaimo, Leandro agradaba a sus amigos y a su corazón con cantos que hoy son famosos,  allí se inspiró e  hizo su máxima obra “Matilde Lina”, sus amistades le correspondían con algún dinero, el los inmortalizo en la canción “Los Tocaimeros”.

Conformó en San Diego el grupo  musical, “Las Tres Guitarras”, eran, Antonio Ibrahim, Juan Calderón y Hugo Araujo, él cantaba y tocaba guacharaca, con ellos estreno muchos cantos y les hizo la canción “Las Tres Guitarras”, que presento al festival vallenato, y pasó desapercibida.

No todo era color de rosa para Leandro, a pesar que el éxito comenzó  a sonreírle con su obra “Matilde Lina”, que sonaba en todo el continente en diferentes versiones.

Hugo su amigo y compañero de andanzas,  aprovechaba  la ceguera de Díaz, para jugarle bromas y coquetearle a  las conquistas amorosas de Leandro, la situación era  tensa hasta que Araujo, en virtud al éxito alcanzado por esta canción y la elegancia de Matilde, le compuso a esta  el canto “Diosa Divina”, lo  grabo Oñate y después Silvestre Dangond.

Leandro, conminó a Hugo, a la lealtad  con la canción “Dos Papeles”, “el hombre recorre caminos  lleno de maldad y rencores, hasta lastimar las heridas que han dejado viejos amores”.

En el Valle es usual que músicos contrapunteen sin que la amistad se resquebraje, la de Leandro y Araujo continuo, también  los sobresaltos económicos, Hugo además de vivir de la serenata y la parranda, tenía su tienda de comestibles a la cual Leandro en un momento crítico acudió  a que le fiara, no había toque esos días, Hugo lo diviso a lo lejos, sabía a qué iba a fiar y dijo antes que Díaz entrara, que estaba quebrado, fiaban y no pagaban, el compositor fue a casa descorazonado pero no vencido, porque lo inspiró, había nacido un canto, El Hombre de Malas, “una vez estuve de mala situación, el amigo que tenia se fue alejando, cuando vio que me estaba recuperando, se acercó queriendo dar explicación”.

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Para 1984,  10 años después que Jorge Quiroz y Luciano Poveda, le grabaron sus dos primeras canciones, la carrera musical de Diomedes Díaz  estaba  consolidada al lado de Nicolás Mendoza, quien, indudablemente jugo  papel importante con sus notas  en la llegada del cacique a la cúspide de la fama.

Para esos días Diomedes publico la canción, Señor Abogado,  en el álbum  “Fiesta Vallenata”,  canto  que despertó  curiosidad entre sus seguidores, al hacer en él  Diomedes, una defensa vehemente y férrea de su ética y moral que según el autor, había sido vejada, lesionada   por un abogado, que le cobro jurídicamente una vieja deuda económica, abogado que  mando al carajo , lo  acusó de ser mal  profesional  y  no quiso nombrar en la canción para no darle importancia  y  fama.     

Por muchísimo tiempo hubo  la incógnita sobre la identidad  del abogado que puso tras las rejas a Dagoberto Suarez,  representante  del afamado músico, quien asumió la deuda para no enlodar el nombre de su pupilo y siguiera cumpliendo sus compromisos musicales adquiridos, Diomedes se dio licencia poética en el canto de decir que fue él que tuvo 15 días  preso, Efraín dice que fueron 2,  hubo mucha especulación, se barajaron variados y prestantes nombres de togados vallenatos,  entre los seguidores  urdieron múltiples y distintas razones  que llevaron al letrado  a tomar tal decisión

Los músicos vallenatos costean  prolongadas  y onerosas parrandas,  son dadivosos con sus invitados, los atienden con abundantes comilonas, ríos de buen escoces y el fino coqueteo elegantes damas, en medio de la lujuria y euforia etílica, se desbordan en regalos y dinero, en contraste, son reacios  para saldar sus deudas.

El  boato y excesos  llevo al Cacique a pedir un préstamo de 450 mil pesos a Lola Barrios, prestante comerciante de Valledupar quien hizo firmar a Diomedes un cheque para respaldar la  deuda a término fijo, Diomedes incumplió.

El cobro jurídico llego, lo asumió el prestigioso abogado vallenato  Efraín  Aponte Martínez, quien recibió 11 negocios entre los que  se encontraba el de Diomedes, de manos  de Jaime Araujo Rentería quien se radicaría en Bogotá.

Tras el requerimiento de Aponte para que “El Cacique” saldara la deuda, Díaz le  respondió que no se preocupara, que el pagaría con una buena parranda  que le amenizaría en el momento y  lugar que Efraín Aponte  escogiera.

Aponte Martínez, de rancia estipe regional, entre San Diego  y  El Molino, Criado en el Valle, le respondió a Diomedes, que no era amante de la música vallenata, que su gusto musical  esta entre   la ranchera y el son de cubita la bella, donde la barba esta que cachea.

Esta negativa del jurista al ofrecimiento de  la parranda  como forma de  pago,  lesiono el ego musical del artista, Diomedes  ya gozaba de las mieles del triunfo, este desprecio desato la  ira del músico manifestada en la canción.

 Al existir la  duda,  del protagonista del canto,  muchos abogados para adquirir celebridad  y prestigio, pregonaron ser ellos el  personaje de la canción, para quedar en la historia del folclor.

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Valledupar, es una población enclaustrada en las estribaciones de la Sierra Nevada, lejos de las pocas carreteras que nos circundaban a comienzos y mediados del siglo pasado, distante del río Magdalena, arteria  fluvial por la que  llego al país lejos de la costa caribe la  poca tecnología  que tuvo Colombia para esa época, a la región  todo nos llegaba  tarde, por esta razón creamos nuestra propia cultura que hoy la nación y un vasto sector de américa parlante conoce a través de nuestros cantos.

Este aislamiento nos llevó a  maravillarnos con la novedad del momento, la radio. Escuchábamos para esa época emisoras de Cuba, Venezuela, del interior del país y la costa caribe, ya que en Barranquilla se fundó la primera emisora del país en 1929.

En Valledupar, el primer experimento radial lo hizo Casimiro Castro Villazón, tenía nociones de radio técnica, la emisora artesanal tuvo corta vida, luego esa responsabilidad la asumen los teatros de la ciudad, Cesar y Caribe, allí se difundían avisos mortuorios, cumpleaños, grados y  noticia; lo hacían desde una bocina colocada en los más alto del local, estos avisos los leía Alberto Reales,  matizado con canciones dedicadas, a las damas con mensajes de amor cifrados.

La primera emisora del Valle, Radio Valledupar, la fundó el manizaleño German Aristizibal, 1957, quien creó un kínder radial con voces del valle de Upar, que después pasaron a engrosar  la nómina de Radio Guatapurí, creada en 1963.

En la región se forjaron melódicas voces, cautivaron  la región paramuna, admiradora del talento, sabor, originalidad y alegría costeña, pero esta preferencia se desvaneció, fuimos lentamente colonizados por la radio del interior.  

La invasión radial de los cachacos  llega al Valle, cuando la frecuencia de radio Valledupar es vendida a Caracol,  esta se convirtió en repetidora de emisoras Nuevo Mundo de Bogotá, ocurrió igual con La Voz del Cesar, repite 24 horas a  Nueva Granada, matriz de RCN.

Hoy la cultura vallenata esta  avasallada por todas partes, radio, televisión y prensa nos llega del altiplano, poco a poco hemos asimilado esa cultura extraña y distante de la nuestra, esta se refleja en los  distinto medios locales, radio y televisión principalmente en noticieros y programas de opinión.

Nuestro acento y pronunciación se ha vuelto triste, gangoso, extraño, lejano de la vallenetía, no hay pronunciación más rara que un vallenato tratando de hablar cachaco, un hibrido tan cansón, como cachaco hablando costeño.

triste es, que directores de medios locales  estigmaticen a colegas que hablan y piensan como vallenato, los discriminan y tildan de corronchos, se sienten de mejor linaje porque hablan cachacos, se avergüenzan de  su raza, ellos levitan.

Pero el oyente es el que decanta, decide, defiende y siente su cultura, lo demuestra la más reciente encuesta de sintonía, Radio Guatapurí, de la que hacen chistes, quienes se creen de mejor familia radial por su acento chibcha,  sigue en primer puesto, por su  defensa de la cultura vallenata, los de hablar foráneos ni siquiera marcan encuestas, es lamentable que advenedizos que se avergüenzan de nuestros acervo, quieran cambiar nuestros sentir cultural.

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Después 60 años de darle  brillo a Colombia en el exterior y mostrar la cara amable de este flagelado y desprestigiado  país por diferentes tipos de violencia y delincuencia, son lamentables las condiciones de extrema pobreza en que murió otro grande de la canción colombiana, Nelson Pinedo Fadul.

No es la primera vez que este tipo de acontecimiento sucede con artistas de este país, mueren en la ignominia abandonados a su suerte, por no contar esta nación  con políticas de estado que protejan de estas calamidades a sus más  sobresalientes hijos.

Los músicos son grandes  difusores de nuestra nacionalidad, sus obras trasciende tiempo y  fronteras,  desempeñan mejor papel que la voluminosa, costosa y torpe carga diplomática que nos representa en el concierto mundial, Ej. Panamá, Los Monjes y Nicaragua.

La lista de canciones colombianas que se escuchan por el mundo es extensa, para vergüenza nuestra, la legislación autoral es difusa y confusa, Sayco beneficia a pocos que no han tenido la trascendencia de los antológicos, que esperan como el coronel de García Márquez, sean compensados con los beneficios que  su obra produce y que no llega a sus bolsillos.

Crescencio Salcedo, es de los casos aberrante de abandono, compositor de canciones que han tenido permanente difusión en todos los rincones del mundo, Mi Cafetal, La Múcura y el imperecedero Año Viejo, Salcedo, deribaba su sustento de la elaboración de flautas de caña de millo que vendía en las calles de Medellín, murió tirado  en una de estas calles, triste, solo y desarrapado.

Wilson Choperena, otra prueba de la insensibilidad estatal y  órganos encargados de recaudar los dineros del derecho autoral, Sayco le asignaba una pensión de 250 mil pesos, por la canción, que es nuestra segunda identidad después del himno, La Pollera Colorá, de la cual Choperena fue su coautor, irónicamente un ex alto directivo de Sayco, guajiro y compositor, para más señas, comento que Wilson era arribista porque quería vivir de esa sola obra, lo que desconoce este colega de Choperena, es que esta cumbia, ha sido versionada más de 600 veces en diferentes partes del mundo e idiomas y que tal vez él, no tenga una canción de esta trascendencia, porque la obra de dicho ex , es conocida a nivel parroquial, Choperena murió en el ostracismo, vivió sus últimos días en un cuartico  en Bogotá.

El Autor del ritmo merecumbe y su obra cumbre, ¡Ay Cosita Linda!, Francisco “Pacho” Galán, sufrió  la ingratitud de los políticos mañosos,“El viejo Pacho”, murió en condiciones calamitosas, ciego con Alzheimer y pobre  en su natal Soledad,

En el medio local se destaca el caso de Wilson Sánchez, hace 50 años su canción “La Banda Borracha”, se pasea por todos   los confines del mundo, “Wicho”, deambula todavía por la calle del Cesar de Valledupar, no ha podido encontrar  lo que andaba buscando.

Injusto que políticos que avergüenzan al país reciban pensiones de 30 millones de pesos y artistas difusores de nuestra identidad en el mundo vivan y  mueran en la indigencia.

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A la edad de 89 años falleció en Valencia, Venezuela, “El Almirante del Ritmo”, como era conocido el cantante barranquillero, Nelson Pinedo; murió a  consecuencia de un accidente cerebrovascular que había sufrido hace un mes.

Pinedo había sido internado hace dos semanas en la clínica La Isabelica de esa ciudad, iba ser trasladado a su ciudad natal Barranquilla, donde había nacido en el tradicional barrio Rebolo.

Nelson Pinedo, hijo de padre zapatero, en su juventud fue técnico industrial y empleado bancario, luego se destacó como locutor en la emisora barranquillera La Voz de la Patria, e hizo sus pinitos como cantantes en los concursos que se hacían en las emisoras. “Pacho” Galán lo vinculó a su orquesta, donde desplegó todo su talento, fue a Maracaibo y grabó uno de sus éxitos en sus inicios, el bolero ‘Mucho Mucho’.

“El Pollo Barranquillero”  también militó en una de las orquestas más prestigiosas de Colombia de esa época, la del maestro Antonio María Peñaloza, con la cual llegó a Bogotá. En la capital de Colombia tuvo la oportunidad de codearse con prestigiosas orquestas, con las cuales tuvo vínculos, como la del argentino Don Américo y sus caribes, y alternar con grandes figuras del canto.

Allí en el altiplano fue escuchado por la orquesta española Casino Sevilla, fue vinculado y viajó  a Cuba con ellos a cumplir compromisos, en Cuba  fue visto por Rogelio Martínez, director de la Sonora Matancera; Martínez, inmediatamente lo vincula a la Sonora, en reemplazo del díscolo Daniel Santos, quien se fue a México.

En esa agrupación inicia su paso hacia su gloria y consagración musical, desde esa época comienza también a grabar canciones de autores colombianos que le darían gloria al pentagrama de nuestro país; hacen parte del catálogo musical de Pinedo, José Benito Barros, con Momposina, Estas Delirando, El Vaquero, de Álvaro Dalmar, Bésame Morenita, ‘Me voy pa La Habana’, de Antonio María Peñaranda, lógico que no podía faltar el repertorio de la música vallenata del  maestro Rafael Escalona. ‘El Ermitaño’ fue la primera canción que grabó con La Matancera, tuvo resonancia en  el continente y  dio gran prestigio a su carrera.

Como solista actuó con orquestas de renombre que  buscaban su voz para seguir posesionado del competitivo mercado del disco, como la de los consagrados Tito Rodríguez y Rafael Cortijo, Tito Puente.

Nelson Pinedo tuvo un efímero paso por el cine en la película “Una Gallega en La Habana”, donde cantó con la Sonora, ‘Me Voy pa La Habana’. Pinedo fue un enamorado de la música vallenata, grabó con la orquesta del Venezuela de Porfi Jiménez, ‘El Chevrolito’, de Rafael Escalona y más recientemente bajo la gestión de Farid Char, quien lo llevó a Puerto Rico a grabar con la orquesta del arreglista y trompetistas Tommy Olivencia; ‘Déjenme Quererla’, de Marcos Díaz y ‘Mi Salvación’ de Poncho Zuleta.

Los restos de Nelson Pinedo serán traídos de Venezuela, donde era nacionalizado, a su patria chica Barraquilla, donde será sepultado.

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Colombia, sexto país en el mundo con alto grado de analfabetismo, gano en 1982, el premio nobel de literatura, distinción que alcanzó el humilde hijo de un telegrafista, Gabriel García Márquez con su obra, Cien años de Soledad; este hecho conmocionó al mundo de las letras en el país y toda américa hispano parlante.

En 1967, García Márquez llegó a México,  tras recibir amenazas de disidentes cubanos en Nueva York, acusándolo de espía de Fidel Castro, por ser corresponsal de la agencia cubana de noticias, Prensa Latina. Andaba en la búsqueda de la publicación de la obra que lo haría un hombre universal, oportunidad que su país le negó varias veces, la encontró en los confines de la Patagonia en la lejana Argentina. 

La élite de las letras de nuestro país asentada en Bogotá, no asimiló que un hombre caribe, no ''apto'' según estos menesteres del intelecto, pudiera acceder niveles tan altos con su pluma. Jamás le perdonaron que haya creado un mundo fantástico, fabuloso, basado en lo cotidiano del entorno de los pueblos costeños, distorsionando el tiempo para que el presente se repita o se parezca al pasado o viceversa como dijo “Poncho” Zuleta.

Pero antes de este máximo galardón literario logrado por colombiano alguno, ya su obra gozaba del beneplácito mundial, la ponzoña acechaba, Gabo alternaba su vivienda entre México y Colombia.

Un oscuro personaje saltó como el conejo, desde las páginas editoriales de El Tiempo, se escondía con el seudónimo, el Ayatola, dijo que Gabo apoyaba al movimiento subversivo M-19, con un desembarco en el sur del país.

“Era el mismo cargo que los militares pretendían hacerme", dijo Gabo al diario español El País.

Esas acusaciones sin fundamento alguno, le valieron al escritor poner pies en polvorosa a medianoche rumbo a México, al ser informado que iba ser capturado, sus detractores dijeron que era apátrida, que odiaba a su país de origen.

Nuestro nobel de literatura siempre mantuvo nexos de amistad y afinidad periodística con la casa periodística El Tiempo y sus propietarios, la familia Santos, incluidos Juan Manuel y Enrique Santos Calderón, con quien fundó en 1974 la revista Alternativa “La voz de la izquierda democrática”, semanario que paso a mejor vida luego que los dueños de la pauta publicitaria decidieran no apoyar este tipo de periodismo.

El Aristócrata Juan Manuel Santos, para esa época no imaginó que fuera a ser nobel, por su incansable búsqueda de la paz para su país y desatar con esta distinción la ira, cólera y envidia de sus oponentes.

Los mismos epítetos que le lanzaron a Gabo también se los han mandado los enemigos a Santos, han querido deslegitimar el proceso de paz tildándo a Santos, un recalcitrante neoliberal, de comunista castrochavista.

Otros minimizan el prestigio del nobel de paz, argumentan que es una exaltación que perdió prestigio, que no fue adjudicada por méritos, si no comprada, en el intercambio petrólero entre Colombia y Austria, país sede del nobel de paz y garante del proceso.

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A consecuencia de una fibrosis pulmonar, enfermedad contraída por su trabajo como técnico de acordeones al aspirar con la boca los residuos de acero de las lengüetas musicales del acordeón al ser limadas, falleció a la edad de 77 años en Valledupar, Hildemaro Bolaño Olmedo, “El Decano”.

“El Decano”, nació en Codazzi, vivió sus primeros 20 años en la población de Tocaimo, corregimiento de San Diego; a donde fue llevado por su mamá, Ana Olmedo, a una parcela de sus padre el legendario acordeonero Francisco Irenio “Chico” Bolaño Marshall, quién era oriundo de el Molino en La Guajira, para veranear y reponerse de una enfermedad que lo dejó desnutrido. 

Hildemaro Bolaños, desde muy joven mostró gran actitud para el arte heredado de su padre, considerado como el acordeonero que definió los cuatro aires del vallenato.

Bolaño, Fue un fiel exponente de la música vallenata autentica, con estilo original, algunos dicen que es fiel reflejo de su papá, quién no dejó testimonio fonográfico de su capacidad interpretativa.

En los albores de la década del setenta, andaba en búsqueda de su consagración musical, llega con su conjunto a Bogotá, cuando el horizonte de la música vallenata era definido lejos de su entorno natural y por personas con cultura extraña y lejana a estas tierras.

Al tocarle las puertas a los disqueros capitalinos para que le dieran la oportunidad de mostrar su talento, estos se mostraron reacios a esta petición, sin embargo no se amilano y fue llamado por Nelson Díaz con su orquesta quien estaba muy de moda en el país, con él tuvo la oportunidad de grabar en 1971 la canción “Amor de estudiante”, que se constituyó en todo un éxito.

Con el toque de Miguel López, siendo el su técnico de acordeón, grabó con su canto la canción dominicana “Avelina’’. 

A Hildemaro Bolaño se le presentó la oportunidad para grabar su primer álbum musical en el año 1979, lo hizo para el sello “Epic” de la extinta cbs, hoy Sony Music, el nombre genérico del álbum fue “El Decano”, donde incluyó canciones de su padre, Catalina Daza, La Malena de Lorenzo Morales, La Muerte de Morales de Leandro Díaz, entre otras canciones tradicionales.

Se unió en matrimonio con la villanuevera Elide Escobar, con la que tuvo cuatro hijos, todos acordeoneros, compositores y arreglistas de gran reconocimiento en toda la región, Luz Mery, Edgardo, Madeleine e Hildemaro. 

Con Hildemaro “El Decano”, también se fue el deseo de recuperar el repertorio de su papá “Chico” Bolaños, el cual por su trashumancia no tuvo la oportunidad de grabar sus cantos en la fonografía, Bolaños Olmedo conocía letras y melodías , había ese hilito de esperanza por conocer esos cantos, del cual ya había una propuesta de una disquera para darlas a conocer, pero la enfermedad de la fibrosis que atacó al juglar, impidió que cumpliera con sus sueños de dejar ese legado a los seguidores de la música vallenata, muchas gracias maestro Hildemaro por regalarnos su estilo musical.

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La cultura musical folclórica  latinoamericana está llena de  leyendas que se repiten en diversas partes del continente, inclusive de un mismo país o región, como ocurre con la leyenda de Francisco el Hombre, de la cual  el juglar “Pacho” Rada, decía que  él  era el real protagonista, al ser el vencedor del diablo y no Francisco Moscote Guerra.

Estas batallas producto de la mitología popular musical se trasladó muchos años después a acordeoneros de carne hueso  quienes dirimen quien es el mejor  en los  festivales vallenatos que proliferan en Colombia, siendo el del Valle principal termómetro.

En 1991 el Festival Cuna de Acordeones de Villanueva era una verdadera batalla de acordeones y estaban en contienda importantísimos acordeoneros del momento que estuvieron en la final, Julio Rojas, Omar “El diablito” Geles, Gabriel Julio, ”Pacho” Rivera y Mauro Millian, la mesa de jurados la conformaban personas de gran solvencia moral y musical, sobresalían, “El Rebelde “Alfredo Gutiérrez, Alberto Murgas,  y Egidio Cuadrado.

El más opcionado para la corona era “El Diablito”, con brillantísimos palmares festivaleros rey en diferentes categorías en el festival vallenato, además  rey de reyes  aficionado en 1987, rey vallenato profesional en 1989, del retorno en Fonseca  en 1991, junto a Julio Rojas,  quien ostentaba su condición de rey  del Valle y Gabriel Julio quien se había convertido en hueso duro de roer.

Fue una contienda titánica, dura, al final  Gano Gabriel Julio, segundo  “El Diablito”, tercero Rojas, allí se armó el maremágnum, caos total, Juan Geles, hermano del “Diablito”  subió a la tarima a recibir el pago, que se hacia la misma noche de la final y en acto de desacato al fallo rompió el cheque en presencia de  Alfredo Gutiérrez, al que le recordó que su estilo era más de la sabana que del valle por eso había elegido a Julio, “El rebelde” en respuesta a este acto increpo a Geles diciéndole, que “él diablito” tenía suficiente vida para ganarse todos los festivales del mundo.

El paso del tiempo se encargó que Las aguas volvieran temporalmente a su cauce, las heridas folclóricas resquebrajadas sanearon, los dos acordeoneros se demostraron afecto y admiración mutua  en diferentes escenarios donde coincidían, hasta que llego el año 1996, cuando Alfredo decide presentarse por quinta vez al festival, 69, 74,78, 86.

Todas las miradas se posaron en el Tri Rey, los expertos lo daban como ganador de la cuarta corona,  ante su veteranía y sapiencia musical, “El Pollito” Herrera, Felipe Paternina, ”Beto” Villa, Juan José Granados, fueron los finalistas, el nombre del jurado se mantuvo en secreto hasta último segundo ,cuando fue revelado ,Freddy Sierra, Alberto “Beto” Rada, Chiche Martínez ,“El Diablito “ Omar Geles” y un quinto nombre, todos reyes, algunos habían sido doblegados por “El Rebelde”.

Los ritmos  puya y son, fueron repetidos a petición del jurado, hubo empate entre Gutiérrez, Herrera y Villa, ganó Juan David Herrera, Villa segundo, tercero Alfredo, quien no se presentó a la ceremonia de premiación, responsabilizan del deshonroso tercer puesto a la rebeldía del 'diablito'.

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El calvario de Diomedes Díaz comenzó en 1997 luego que el cadáver de Doris Adriana Niño fuera encontrado en las afueras de combita Boyacá y  responsabilizado de ese caso junto a sus guardaespaldas.

Diomedes escapó de su residencia en Valledupar donde tenía casa por cárcel en  agosto de 2000 y después  de varias batallas jurídicas y sortear extrañas enfermedades se entregó a la justicia en septiembre del 2002, ante unos guardias estupefactos por su presencia a los cuales les dijo: “vengo a ponerle la cara a la justicia”.

Ante la reclusión de tan prestigioso cantante de la música vallenata en el patio 6  de la cárcel Judicial de Valledupar, este centro reclusorio se convirtió en el sitio preferido de  romerías de personajes de todos los órdenes, algunos con el interés de ayudarle en su difícil situación, otros únicamente los movía el interés de la novelería, a algunos el chisme y la figuración.

“El cacique”, con su personalidad impredecible y su agudo olfato, a la mayoría de estos personajes lo dejo plantados en la puerta del penal, quienes iracundos por tremendo desaire juraron no escuchar más una canción del reo invalido, y dijeron, “el biscorocho fue el asesino”, juramento que jamás cumplieron, fueron primeros en hacerle calle de honor a la salida de la cárcel y posar para la foto.

Ante tanta soledad, Díaz tuvo  tiempo para escuchar radio, programas de su agrado, a los que mandaba mensajes, este servidor fue objeto de uno de ellos invitándome a visitarlo a la cárcel, con un mensajero que no inspiraba confianza, ante el temor de hacer el oso y quedar “como las novias de barrancas”.

Luego recibí una  llamada presuntamente del “cacique”, me mostré receloso para  no ser objeto de burla, se había vuelto costumbre hacerse pasar por Diomedes para mamar “gallo”.

Por último me envió una carta que guardé y publique en el libro “Las voces del vallenato”, diciéndome que no tuviera temor, que había instrucciones para hacerme pasar, dejé mis resquemores y acepté la invitación.

Diomedes estaba reducido en una pequeña habitación él solo, no se veía cómodo, buena cama, baño pequeño, una cava con abundantes líquidos y comida que le había sido enviada con el primo “Alejo”, el de la canción “El tigrillo”, Diomedes regalaba la comida  a  visitantes o guardas, tenía desconfianza de ser envenenado.

Después de la entrevista, Diomedes prometió que me compraría cien libros de la obra “Clásicos del Vallenato” para donárselos a la Judicial, dinero que me enviaría con su representante José Zequeda.

Dos años después de la libertad de Diomedes, José Zequeda, quien en ese momento se encontraba al lado del “cacique, según testigos, me llama y pregunta dónde me encontraba, le dije el sitio, me comentó que en quince minutos llegaría para entregarme  el dinero.

Hoy varios años después estoy aquí esperando a Zequeda con la plata, haciendo el oso como los invitados de Diomedes a la cárcel, para hacerle la entrega de los libros a la Judicial.  

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