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Celso Guerra Gutierrez (73)

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Después 60 años de darle  brillo a Colombia en el exterior y mostrar la cara amable de este flagelado y desprestigiado  país por diferentes tipos de violencia y delincuencia, son lamentables las condiciones de extrema pobreza en que murió otro grande de la canción colombiana, Nelson Pinedo Fadul.

No es la primera vez que este tipo de acontecimiento sucede con artistas de este país, mueren en la ignominia abandonados a su suerte, por no contar esta nación  con políticas de estado que protejan de estas calamidades a sus más  sobresalientes hijos.

Los músicos son grandes  difusores de nuestra nacionalidad, sus obras trasciende tiempo y  fronteras,  desempeñan mejor papel que la voluminosa, costosa y torpe carga diplomática que nos representa en el concierto mundial, Ej. Panamá, Los Monjes y Nicaragua.

La lista de canciones colombianas que se escuchan por el mundo es extensa, para vergüenza nuestra, la legislación autoral es difusa y confusa, Sayco beneficia a pocos que no han tenido la trascendencia de los antológicos, que esperan como el coronel de García Márquez, sean compensados con los beneficios que  su obra produce y que no llega a sus bolsillos.

Crescencio Salcedo, es de los casos aberrante de abandono, compositor de canciones que han tenido permanente difusión en todos los rincones del mundo, Mi Cafetal, La Múcura y el imperecedero Año Viejo, Salcedo, deribaba su sustento de la elaboración de flautas de caña de millo que vendía en las calles de Medellín, murió tirado  en una de estas calles, triste, solo y desarrapado.

Wilson Choperena, otra prueba de la insensibilidad estatal y  órganos encargados de recaudar los dineros del derecho autoral, Sayco le asignaba una pensión de 250 mil pesos, por la canción, que es nuestra segunda identidad después del himno, La Pollera Colorá, de la cual Choperena fue su coautor, irónicamente un ex alto directivo de Sayco, guajiro y compositor, para más señas, comento que Wilson era arribista porque quería vivir de esa sola obra, lo que desconoce este colega de Choperena, es que esta cumbia, ha sido versionada más de 600 veces en diferentes partes del mundo e idiomas y que tal vez él, no tenga una canción de esta trascendencia, porque la obra de dicho ex , es conocida a nivel parroquial, Choperena murió en el ostracismo, vivió sus últimos días en un cuartico  en Bogotá.

El Autor del ritmo merecumbe y su obra cumbre, ¡Ay Cosita Linda!, Francisco “Pacho” Galán, sufrió  la ingratitud de los políticos mañosos,“El viejo Pacho”, murió en condiciones calamitosas, ciego con Alzheimer y pobre  en su natal Soledad,

En el medio local se destaca el caso de Wilson Sánchez, hace 50 años su canción “La Banda Borracha”, se pasea por todos   los confines del mundo, “Wicho”, deambula todavía por la calle del Cesar de Valledupar, no ha podido encontrar  lo que andaba buscando.

Injusto que políticos que avergüenzan al país reciban pensiones de 30 millones de pesos y artistas difusores de nuestra identidad en el mundo vivan y  mueran en la indigencia.

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A la edad de 89 años falleció en Valencia, Venezuela, “El Almirante del Ritmo”, como era conocido el cantante barranquillero, Nelson Pinedo; murió a  consecuencia de un accidente cerebrovascular que había sufrido hace un mes.

Pinedo había sido internado hace dos semanas en la clínica La Isabelica de esa ciudad, iba ser trasladado a su ciudad natal Barranquilla, donde había nacido en el tradicional barrio Rebolo.

Nelson Pinedo, hijo de padre zapatero, en su juventud fue técnico industrial y empleado bancario, luego se destacó como locutor en la emisora barranquillera La Voz de la Patria, e hizo sus pinitos como cantantes en los concursos que se hacían en las emisoras. “Pacho” Galán lo vinculó a su orquesta, donde desplegó todo su talento, fue a Maracaibo y grabó uno de sus éxitos en sus inicios, el bolero ‘Mucho Mucho’.

“El Pollo Barranquillero”  también militó en una de las orquestas más prestigiosas de Colombia de esa época, la del maestro Antonio María Peñaloza, con la cual llegó a Bogotá. En la capital de Colombia tuvo la oportunidad de codearse con prestigiosas orquestas, con las cuales tuvo vínculos, como la del argentino Don Américo y sus caribes, y alternar con grandes figuras del canto.

Allí en el altiplano fue escuchado por la orquesta española Casino Sevilla, fue vinculado y viajó  a Cuba con ellos a cumplir compromisos, en Cuba  fue visto por Rogelio Martínez, director de la Sonora Matancera; Martínez, inmediatamente lo vincula a la Sonora, en reemplazo del díscolo Daniel Santos, quien se fue a México.

En esa agrupación inicia su paso hacia su gloria y consagración musical, desde esa época comienza también a grabar canciones de autores colombianos que le darían gloria al pentagrama de nuestro país; hacen parte del catálogo musical de Pinedo, José Benito Barros, con Momposina, Estas Delirando, El Vaquero, de Álvaro Dalmar, Bésame Morenita, ‘Me voy pa La Habana’, de Antonio María Peñaranda, lógico que no podía faltar el repertorio de la música vallenata del  maestro Rafael Escalona. ‘El Ermitaño’ fue la primera canción que grabó con La Matancera, tuvo resonancia en  el continente y  dio gran prestigio a su carrera.

Como solista actuó con orquestas de renombre que  buscaban su voz para seguir posesionado del competitivo mercado del disco, como la de los consagrados Tito Rodríguez y Rafael Cortijo, Tito Puente.

Nelson Pinedo tuvo un efímero paso por el cine en la película “Una Gallega en La Habana”, donde cantó con la Sonora, ‘Me Voy pa La Habana’. Pinedo fue un enamorado de la música vallenata, grabó con la orquesta del Venezuela de Porfi Jiménez, ‘El Chevrolito’, de Rafael Escalona y más recientemente bajo la gestión de Farid Char, quien lo llevó a Puerto Rico a grabar con la orquesta del arreglista y trompetistas Tommy Olivencia; ‘Déjenme Quererla’, de Marcos Díaz y ‘Mi Salvación’ de Poncho Zuleta.

Los restos de Nelson Pinedo serán traídos de Venezuela, donde era nacionalizado, a su patria chica Barraquilla, donde será sepultado.

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Colombia, sexto país en el mundo con alto grado de analfabetismo, gano en 1982, el premio nobel de literatura, distinción que alcanzó el humilde hijo de un telegrafista, Gabriel García Márquez con su obra, Cien años de Soledad; este hecho conmocionó al mundo de las letras en el país y toda américa hispano parlante.

En 1967, García Márquez llegó a México,  tras recibir amenazas de disidentes cubanos en Nueva York, acusándolo de espía de Fidel Castro, por ser corresponsal de la agencia cubana de noticias, Prensa Latina. Andaba en la búsqueda de la publicación de la obra que lo haría un hombre universal, oportunidad que su país le negó varias veces, la encontró en los confines de la Patagonia en la lejana Argentina. 

La élite de las letras de nuestro país asentada en Bogotá, no asimiló que un hombre caribe, no ''apto'' según estos menesteres del intelecto, pudiera acceder niveles tan altos con su pluma. Jamás le perdonaron que haya creado un mundo fantástico, fabuloso, basado en lo cotidiano del entorno de los pueblos costeños, distorsionando el tiempo para que el presente se repita o se parezca al pasado o viceversa como dijo “Poncho” Zuleta.

Pero antes de este máximo galardón literario logrado por colombiano alguno, ya su obra gozaba del beneplácito mundial, la ponzoña acechaba, Gabo alternaba su vivienda entre México y Colombia.

Un oscuro personaje saltó como el conejo, desde las páginas editoriales de El Tiempo, se escondía con el seudónimo, el Ayatola, dijo que Gabo apoyaba al movimiento subversivo M-19, con un desembarco en el sur del país.

“Era el mismo cargo que los militares pretendían hacerme", dijo Gabo al diario español El País.

Esas acusaciones sin fundamento alguno, le valieron al escritor poner pies en polvorosa a medianoche rumbo a México, al ser informado que iba ser capturado, sus detractores dijeron que era apátrida, que odiaba a su país de origen.

Nuestro nobel de literatura siempre mantuvo nexos de amistad y afinidad periodística con la casa periodística El Tiempo y sus propietarios, la familia Santos, incluidos Juan Manuel y Enrique Santos Calderón, con quien fundó en 1974 la revista Alternativa “La voz de la izquierda democrática”, semanario que paso a mejor vida luego que los dueños de la pauta publicitaria decidieran no apoyar este tipo de periodismo.

El Aristócrata Juan Manuel Santos, para esa época no imaginó que fuera a ser nobel, por su incansable búsqueda de la paz para su país y desatar con esta distinción la ira, cólera y envidia de sus oponentes.

Los mismos epítetos que le lanzaron a Gabo también se los han mandado los enemigos a Santos, han querido deslegitimar el proceso de paz tildándo a Santos, un recalcitrante neoliberal, de comunista castrochavista.

Otros minimizan el prestigio del nobel de paz, argumentan que es una exaltación que perdió prestigio, que no fue adjudicada por méritos, si no comprada, en el intercambio petrólero entre Colombia y Austria, país sede del nobel de paz y garante del proceso.

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A consecuencia de una fibrosis pulmonar, enfermedad contraída por su trabajo como técnico de acordeones al aspirar con la boca los residuos de acero de las lengüetas musicales del acordeón al ser limadas, falleció a la edad de 77 años en Valledupar, Hildemaro Bolaño Olmedo, “El Decano”.

“El Decano”, nació en Codazzi, vivió sus primeros 20 años en la población de Tocaimo, corregimiento de San Diego; a donde fue llevado por su mamá, Ana Olmedo, a una parcela de sus padre el legendario acordeonero Francisco Irenio “Chico” Bolaño Marshall, quién era oriundo de el Molino en La Guajira, para veranear y reponerse de una enfermedad que lo dejó desnutrido. 

Hildemaro Bolaños, desde muy joven mostró gran actitud para el arte heredado de su padre, considerado como el acordeonero que definió los cuatro aires del vallenato.

Bolaño, Fue un fiel exponente de la música vallenata autentica, con estilo original, algunos dicen que es fiel reflejo de su papá, quién no dejó testimonio fonográfico de su capacidad interpretativa.

En los albores de la década del setenta, andaba en búsqueda de su consagración musical, llega con su conjunto a Bogotá, cuando el horizonte de la música vallenata era definido lejos de su entorno natural y por personas con cultura extraña y lejana a estas tierras.

Al tocarle las puertas a los disqueros capitalinos para que le dieran la oportunidad de mostrar su talento, estos se mostraron reacios a esta petición, sin embargo no se amilano y fue llamado por Nelson Díaz con su orquesta quien estaba muy de moda en el país, con él tuvo la oportunidad de grabar en 1971 la canción “Amor de estudiante”, que se constituyó en todo un éxito.

Con el toque de Miguel López, siendo el su técnico de acordeón, grabó con su canto la canción dominicana “Avelina’’. 

A Hildemaro Bolaño se le presentó la oportunidad para grabar su primer álbum musical en el año 1979, lo hizo para el sello “Epic” de la extinta cbs, hoy Sony Music, el nombre genérico del álbum fue “El Decano”, donde incluyó canciones de su padre, Catalina Daza, La Malena de Lorenzo Morales, La Muerte de Morales de Leandro Díaz, entre otras canciones tradicionales.

Se unió en matrimonio con la villanuevera Elide Escobar, con la que tuvo cuatro hijos, todos acordeoneros, compositores y arreglistas de gran reconocimiento en toda la región, Luz Mery, Edgardo, Madeleine e Hildemaro. 

Con Hildemaro “El Decano”, también se fue el deseo de recuperar el repertorio de su papá “Chico” Bolaños, el cual por su trashumancia no tuvo la oportunidad de grabar sus cantos en la fonografía, Bolaños Olmedo conocía letras y melodías , había ese hilito de esperanza por conocer esos cantos, del cual ya había una propuesta de una disquera para darlas a conocer, pero la enfermedad de la fibrosis que atacó al juglar, impidió que cumpliera con sus sueños de dejar ese legado a los seguidores de la música vallenata, muchas gracias maestro Hildemaro por regalarnos su estilo musical.

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La cultura musical folclórica  latinoamericana está llena de  leyendas que se repiten en diversas partes del continente, inclusive de un mismo país o región, como ocurre con la leyenda de Francisco el Hombre, de la cual  el juglar “Pacho” Rada, decía que  él  era el real protagonista, al ser el vencedor del diablo y no Francisco Moscote Guerra.

Estas batallas producto de la mitología popular musical se trasladó muchos años después a acordeoneros de carne hueso  quienes dirimen quien es el mejor  en los  festivales vallenatos que proliferan en Colombia, siendo el del Valle principal termómetro.

En 1991 el Festival Cuna de Acordeones de Villanueva era una verdadera batalla de acordeones y estaban en contienda importantísimos acordeoneros del momento que estuvieron en la final, Julio Rojas, Omar “El diablito” Geles, Gabriel Julio, ”Pacho” Rivera y Mauro Millian, la mesa de jurados la conformaban personas de gran solvencia moral y musical, sobresalían, “El Rebelde “Alfredo Gutiérrez, Alberto Murgas,  y Egidio Cuadrado.

El más opcionado para la corona era “El Diablito”, con brillantísimos palmares festivaleros rey en diferentes categorías en el festival vallenato, además  rey de reyes  aficionado en 1987, rey vallenato profesional en 1989, del retorno en Fonseca  en 1991, junto a Julio Rojas,  quien ostentaba su condición de rey  del Valle y Gabriel Julio quien se había convertido en hueso duro de roer.

Fue una contienda titánica, dura, al final  Gano Gabriel Julio, segundo  “El Diablito”, tercero Rojas, allí se armó el maremágnum, caos total, Juan Geles, hermano del “Diablito”  subió a la tarima a recibir el pago, que se hacia la misma noche de la final y en acto de desacato al fallo rompió el cheque en presencia de  Alfredo Gutiérrez, al que le recordó que su estilo era más de la sabana que del valle por eso había elegido a Julio, “El rebelde” en respuesta a este acto increpo a Geles diciéndole, que “él diablito” tenía suficiente vida para ganarse todos los festivales del mundo.

El paso del tiempo se encargó que Las aguas volvieran temporalmente a su cauce, las heridas folclóricas resquebrajadas sanearon, los dos acordeoneros se demostraron afecto y admiración mutua  en diferentes escenarios donde coincidían, hasta que llego el año 1996, cuando Alfredo decide presentarse por quinta vez al festival, 69, 74,78, 86.

Todas las miradas se posaron en el Tri Rey, los expertos lo daban como ganador de la cuarta corona,  ante su veteranía y sapiencia musical, “El Pollito” Herrera, Felipe Paternina, ”Beto” Villa, Juan José Granados, fueron los finalistas, el nombre del jurado se mantuvo en secreto hasta último segundo ,cuando fue revelado ,Freddy Sierra, Alberto “Beto” Rada, Chiche Martínez ,“El Diablito “ Omar Geles” y un quinto nombre, todos reyes, algunos habían sido doblegados por “El Rebelde”.

Los ritmos  puya y son, fueron repetidos a petición del jurado, hubo empate entre Gutiérrez, Herrera y Villa, ganó Juan David Herrera, Villa segundo, tercero Alfredo, quien no se presentó a la ceremonia de premiación, responsabilizan del deshonroso tercer puesto a la rebeldía del 'diablito'.

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El calvario de Diomedes Díaz comenzó en 1997 luego que el cadáver de Doris Adriana Niño fuera encontrado en las afueras de combita Boyacá y  responsabilizado de ese caso junto a sus guardaespaldas.

Diomedes escapó de su residencia en Valledupar donde tenía casa por cárcel en  agosto de 2000 y después  de varias batallas jurídicas y sortear extrañas enfermedades se entregó a la justicia en septiembre del 2002, ante unos guardias estupefactos por su presencia a los cuales les dijo: “vengo a ponerle la cara a la justicia”.

Ante la reclusión de tan prestigioso cantante de la música vallenata en el patio 6  de la cárcel Judicial de Valledupar, este centro reclusorio se convirtió en el sitio preferido de  romerías de personajes de todos los órdenes, algunos con el interés de ayudarle en su difícil situación, otros únicamente los movía el interés de la novelería, a algunos el chisme y la figuración.

“El cacique”, con su personalidad impredecible y su agudo olfato, a la mayoría de estos personajes lo dejo plantados en la puerta del penal, quienes iracundos por tremendo desaire juraron no escuchar más una canción del reo invalido, y dijeron, “el biscorocho fue el asesino”, juramento que jamás cumplieron, fueron primeros en hacerle calle de honor a la salida de la cárcel y posar para la foto.

Ante tanta soledad, Díaz tuvo  tiempo para escuchar radio, programas de su agrado, a los que mandaba mensajes, este servidor fue objeto de uno de ellos invitándome a visitarlo a la cárcel, con un mensajero que no inspiraba confianza, ante el temor de hacer el oso y quedar “como las novias de barrancas”.

Luego recibí una  llamada presuntamente del “cacique”, me mostré receloso para  no ser objeto de burla, se había vuelto costumbre hacerse pasar por Diomedes para mamar “gallo”.

Por último me envió una carta que guardé y publique en el libro “Las voces del vallenato”, diciéndome que no tuviera temor, que había instrucciones para hacerme pasar, dejé mis resquemores y acepté la invitación.

Diomedes estaba reducido en una pequeña habitación él solo, no se veía cómodo, buena cama, baño pequeño, una cava con abundantes líquidos y comida que le había sido enviada con el primo “Alejo”, el de la canción “El tigrillo”, Diomedes regalaba la comida  a  visitantes o guardas, tenía desconfianza de ser envenenado.

Después de la entrevista, Diomedes prometió que me compraría cien libros de la obra “Clásicos del Vallenato” para donárselos a la Judicial, dinero que me enviaría con su representante José Zequeda.

Dos años después de la libertad de Diomedes, José Zequeda, quien en ese momento se encontraba al lado del “cacique, según testigos, me llama y pregunta dónde me encontraba, le dije el sitio, me comentó que en quince minutos llegaría para entregarme  el dinero.

Hoy varios años después estoy aquí esperando a Zequeda con la plata, haciendo el oso como los invitados de Diomedes a la cárcel, para hacerle la entrega de los libros a la Judicial.  

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Desde épocas inmemoriales se conoce que personalidades de todo orden son rodeadas por sujetos de distintas 'pelambres',  que se precian de ser asesores y otros miles de calificativos que reciben para justificar su presencia al lado de millonarios, políticos, industriales, o de cualquier artista vallenato que posa de famoso.

En nuestro medio folclórico son varios las personas que se han vuelto tristemente célebres al lado de cantantes, a los que les han soportado toda clase de excentricidades y maltratos, solo por estar al lado de ellos y recibir mención en una canción o algunas monedas o dádivas.

Es el caso de German “El Pupy” Benedetti, “El hombre del pañuelo”, quien estuvo al lado de Diomedes Díaz 17 años, “El Puppy”, siempre fue celoso guardián de su amo en Colombia, lo mismo que en Holanda, México, Venezuela, Estados Unidos, viajes de los cuales le quedan gratos recuerdos, como la visita a las torres Gemelas en Nueva York.

Pero hay un hecho infortunado que ocurrió durante unos carnavales de Barranquilla recién finalizado el Festival de Orquestas y Acordeones, como era denominado en esa época el concurso del Congo de Oro, ese lejano año participó y ganó Diomedes.

“El Cacique”, lleno de dicha y alegría invitó a la celebración por la obtención de tan preciado trofeo a  los  periodistas de toda la costa que cubrían el evento, entre los cuales se encontraba la delegación de Valledupar, en el hotel del Ágape, donde se alojaba Diomedes, se encontraba 'La Chinita', joven wayuú, de 15 años, a quien le compuso una afamada canción.

Benedetti se encontraba allí, no se cansó de perseguir a periodistas durante toda la velada, a los cuales les susurraba insultos que habían asistido a ese lugar no invitados por Diomedes, sino porque iban a pedirle dinero al artista.

La celebración continuaba entre risas, variedades de licores, anécdotas, maicena y entrevistas al artista laureado por el Congo, pero al acecho permanecía el fiel guardián, el cual siempre le mandaba la misma 'perorata' de pedigüeños a los comunicadores.

Hubo un momento que el mensaje de mendigo se lo susurro, el hombre del pañuelo, a uno de los periodistas del valle, quien ni corto ni perezoso se lo hizo llegar al “Cacique”; Diomedes increpó inmediatamente al “Pupy”, diciéndole, “me hace el favor y respeta a la gente que me hecho grande, a ellos les debo toda mi fama, así que se me arrodilla y les pide perdón”, petición del “Cacique” que no fue aceptada por los periodistas, a lo cual Diomedes Díaz riposto, pero que respete.

Benedetti hoy vive en Santa Marta, de donde es oriundo, demandó a Diomedes por no pagarle prestaciones sociales por 17 años de servicios, deriva su sustento de la venta de rifas y la organización de pequeños bailes de barrios, esperando que los tribunales fallen a su favor, a ver si puede mejorar su situación económica de la cual dependen sus hijos y su esposa, quien le ayuda económicamente ejerciendo la modistería. “El pañuelo Pupi, el pañuelo”.   

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Todos supimos  de la cercanía de Rafael Escalona con las mieles del poder, su éxito musical lo llevo a ser requerido y asediado por personalidades de todo orden.

Escalona fue un entusiasta promotor de la música que cultivo, Recordamos la entrevista en 1956 a la periodista Gloria Valencia, en la  emisora Ajck,  “radio para la inmensa minoría”, llego a promover el vallenato a Bogotá cuando no se conocía por esos lares, apenas se conocían algunos suyos  con Buitrago y  Bovea , Valencia le inquirió extrañada, si en esta región no habían más como el, Escalona Hablo de cantores campesinos como , Morales, Calixto “y de un jovencito invidente, que en sus canciones hablaba de la lluvia y la naturaleza, el día que les paguen bien, Colombia conocerá de ellos”.

 Sus relaciones siempre fueron para beneficio del  folclor, fue el primero en llevar un conjunto vallenato al palacio presidencial,  siendo gobernante, el cazador y amigo del buen escoces, Guillermo Valencia, el payanes  por esta visita le regalo su mejor  trofeo, la garra de un  Águila que el cazo, de esta parranda vallenata  se avergonzó Pedro Castro Monsalvo.

Quiso acercarse en 1970 a Misael Pastrana candidato a la presidencia,  pero su cernacania al otro candidato el general Rojas Pinillas a quien le compuso la canción proscrita, lo impidió.

Ni se diga de la  amistad con López, su compinche de parrandas y bebetas, al cual ayudo en su campaña a la presidencia en 1974, con su canto, “López es el Pollo”, canción que según Alfredo Gutiérrez su interprete, únicamente sonó en la costa , el partido liberal con la anuencia de su compositor le cerceno la estrofa,” que nada de Lleras, ni el otros dos Lleras, ahora es con López y el partido liberal”, esta canto le valió su nombramiento como cónsul en Colon, Panamá y su  estrecha amistad con el presidente Omar Torrijos, a quien homenajeo con la, “La Misión de Rafael”.

Para 1982, Gabo molesto lo increpo por no haberle compuesto una canción a su obra,  en cambio el sí exalto su nombre en su famoso libro, presuroso fue a donde su amigo Calixto Ochoa, a que le ayudara con el “Vallenato Nobel”, que grabararon Los Zuleta y cantaron en Estocolmo  

Todas estas canciones compuestas a sus amigos inéditos a los que el dio reconocimiento nacional y a los ilustres, políticos y amigos de toda índole, a los  que ensalzo todas fueron grabadas y exitosas, sin excepción.

Inexplicable, que la canción que le compuso al general Gustavo Rojas, “El General”, , aun siga inédita, parece que hubiera intención de esconderla, algunos críticos creen que esta tan mal elaborada, que no parece escrita por  él, otros que la escondió  al caer Rojas Pinilla en desgracia, algunos no le perdonan haberle dado el don de la divinidad  y elevar al dictador a la categoría de libertador.

Ombe cada vez que esta nación

Oiga ve su libertad en peligro

Ombe se da cuenta el ser divino

Y le manda un libertador       

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La región de la Ciénaga de Zapayan, ubicada en el centro del departamento del Magdalena, esta circundada por los pueblos de Mal abrigo, Moya, Punta de Piedras, Pedraza, La Pinta y Bomba, entre otros.

Allí en esta región subacuática del caribe colombiano, la música vallenata tuvo una gran fuerza, representada por valores propios y venidos de otros puntos, atraídos por las riquezas de sus haciendas ganaderas y laboriosidad de sus gentes campesinas.  

Pueblos como la mayoría de la Costa Caribe colombiana sumergidos en el atraso y  pobreza, situaciones que han traído consigo vivencias inverosímiles que nuestros compositores han transformado en historias mágicas,  que el mundo conoce hechas canciones.

Las penumbras no se circunscribieron únicamente a la carencia de energía eléctrica a la que estuvimos sometidos hasta las postrimerías del siglo pasado, también a la  espiritualidad de nuestros campesinos iletrados, que no hallaban explicación a  situaciones que ellos consideraban del más allá, producto de la falta luz eléctrica.

Es un caso ocurrido en la población de Bomba, que el compositor Cesar Marín, conoció y narró en una canción que Luis Enrique Martínez, su intérprete de cabecera  grabó como “El abusajo”, así era conocida en esa población las apariciones extrañas de personas que en otras partes se conoce como espantos o brujas.

“El Abusajo” era  una damisela infiel que aprovechando la oscuridad reinante en la población y la inocencia de los pueblerinos, salía  por las noches por las pocas calles de Bomba, vestida de blanco hasta las rodillas y de allí para abajo se cubría con medias y zapatos negros, esta indumentaria la hacía aparecer de otros mundos, como si caminara en el aire, como si levitara.

Esta visión aterrorizaba a los pocos y humildes moradores de la población, que a esa hora  conversaban alegremente al vaivén de la fresca noche de las labores cotidianas  del campo, sentados en las puertas de sus viviendas, al aparecer, el espanto, llenos de miedo inmediatamente cerraban con tranca puertas y ventanas, apagaban los mechones que funcionaban a base de petróleo o querosén, y esconderse de lo que ellos consideraban vainas del averno,  situación que era aprovechada por la bruja enamorada para amacizarse y caer loca y sedienta de amor en los brazos de su galán. 

El personaje  que volvía loca a nuestra bruja cambambera, que la ponía a volar, era el inspector de rentas de la localidad, el que cobraba los impuestos, furtivamente la esperaba en su nidito de amor, la mujer fue descubierta y echada del pueblo, del enamorado jamás se supo su rumbo.

Allá en Bomba cuando la noche es oscura

Nadie sale a la calle  y el que sale es con recelo

Hay un gran abusajo que mide una gran altura

Y todos les temen porque no pisa en el suelo.

Agradecemos al cantador y decimero Joaquín Pertuz por estos testimonios, él es oriundo de Caraballo, en el Magdalena, cerca de Zapayan, testigo de estos hechos, amigo de Cesar Marín a quien él quiere rescatar de las fauces del olvido.      

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Así se conocen las prácticas y creencias religiosas misteriosas como  hechicería o brujería utilizadas por el hombre desde los inicios de los tiempos, para desarrollar poderes ocultos que le den respuesta a sus temores, a lo desconocido.

Esa es el temática sobre la cual se basa una de las canciones más importantes de Luis Enrique Martínez, que según Joaquín Pertuz, cantador de décimas oriundo de la población de Caraballo, en el departamento de Bolívar, donde sucedieron los hechos de infidelidad que narra el canto, es del compositor Cesar Marín y no del “Pollo Vallenato”, quien aparece como su autor.

Cesar Marín, era oriundo de la Ciénaga de Zapayan, campesino cantador, era un trashumante, no tenía sitio de residencia fija, diario tenía una razón para la ingesta etílica, gran amigo de Luis Enrique Martínez y amante de las historias mágicas que han hecho grande el folclor vallenato.

Celmira Barrios, tía de Pertuz, fue la agraciada dama, personaje central de la musa de Marín, casada con Mariano Carrillo con el cual tuvo dos hijos, conformaban una pareja de campesinos muy felices, eran ejemplo para los nuevos matrimonios abundantes  en la región,  hasta que en la escena apareció el felino personaje, Joaquín Bolaños, compadre  de Pertuz,  quien de un solo zarpazo acabo con el idílico matrimonio.

Mariano el agraviado esposo, con dolor por el desconsuelo que le produjo que su esposa se haya ido con Mariano, se fue de Caraballo, a donde Marín llegó atraído por la noticia de la ruptura matrimonial que se había regado en la región como el bostezo, como decía Escalona.

Mariano en respuesta a esta agresión sentimental ocasionada por su amigo, defendió su honor y también agravio a su rival sentimental argumentado que el galán  practicaba la ciencia oculta o brujería, que esta había progresado en este caserío debido a los conocimientos de este sujeto, ya que su mujer, quien todavía lo amaba, se había ido en contra de su voluntad con Bolaños; ella fue   objeto de sus  prácticas misteriosas que había sido encantada por medio de una oración que le  aplico en la cabeza el  furtivo personaje don juanesco, quien tenía como única riqueza un burro cansado, viejo y orejón. 

Mariano juró vengarse con la mamá de Bolaños, la señora Bones Camacho; este  hecho jamás se llevó a cabo, Carrillo se fue de la población a donde jamás regreso.

Marín con sus cantos siguió su camino sin horizonte por toda la zona, en la cual era visto en sus diarias parrandas haciendo canciones a  todas las vivencias de la cual era testigo.

Uno de esos hechos, con el cual vibraba Marín era la piquería musical entre Luis Enrique Martínez y Abel Antonio Villa, confrontación musical que ocasionó muchos contusos y heridos a raíz de las muñequeras entre los seguidores de uno y otro acordeonero.

Cesar Marín, amigo y admirador del acordeón de Luis Enrique Martínez, compuso la canción “El Pique”, allí alaba la destreza del “Pollo” como gran acordeonero, mejor que su rival.   

 

 
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