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Celso Guerra Gutierrez (68)

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Samuel Martínez nacido en la hacienda las cabezas en El Paso, era hijo de Pedro Nolasco Martínez vaquero, decimero y acordeonero, como su hijo; se rumoro que Pedro fue rival del diablo.

Samuel vivió en el corregimiento de La Loma,  es autor de canciones como  “Potrerillo”, y “La Loma”, la primera  inspirada en  líos de faldas y trifulca por  celos acaecidos en esa  población.

Potrerillo, es un corregimiento de El Paso, allí se instaló una compañía multinacional  exploradora  de petróleo en búsqueda del  oro negro en ese sitio, detrás de la compañía petrolera  llegaron  miles de personas aventureras de diferentes partes y actividades, principalmente cachacos, quienes pusieron ventorrillos de toda clase alrededor del campamento, lo que más abundo fueron las cantinas que sonaban en sus bocinas, rancheras, tangos, valses y  ritmos lejanos al gusto provinciano.

 Los bares atraían clientes con despampanantes y voluptuosas meretrices del interior del país, que seducían a los hombres de la región con sus atributos, ellas también quedaban impactadas con el porte del hombre caribeño, esta situación despertaba los celos  de los maridos de las damiselas que trabajaban en los prostíbulos, se sentían engañados con los nativos; como consecuencia los maridos celosos apuñalaban a los costeños   que a su vez aporreaban  con garrotes y piedras a sus contrincantes cachacos, se armaban unas muñequeras monumentales.

El propietario del bar, “Guayabo Eterno”,  ideo  la presentación  de Samuel Martínez en su negocio, era el músico de moda,  presento su repertorio  ante un  público disímil  en gusto musical y ante el suyo que lo aclamaba.

Las expectativas  del dueño de, “Guayabo Eterno”, se cumplieron, el público atiborro el pequeño local para escuchar y deleitarse con las notas  del “El Negro” Martínez.

Cuando  festín estaba en su punto máximo,  sucedió el presagio que se temía, desorden y desespero total, todos corrían a distintas partes sin  ninguna dirección, buscaban guarecerse  ante el peligro que se cernía.

Este caos en la cantina lo suscito  un  hombre celoso traicionado, noto que la mujer  de sus amores le coqueteaba a Samuel  quien correspondía a la insinuación  con su música  y ademanes, esta situación enardeció al cachaco quien  herido en su ego varonil, inmediatamente desenfundo su arsenal  de armas blancas, blandió; puñaletas, puñales, dagas y cuchillos,  fueron lanzadas  directo al corazón del músico, estas  impactaron en el fuelle y al lado del acordeón  de “Samuelito”, quien parecía una saeta elástica y  maromera, sorteo el bombardeo  como el mejor bailarín.

Amigos ayudaron  a escapar  a Martínez del peligro, mientras  el resto del público asistente detuvo al marido celoso, le dieron una soberana paliza por haber acabado con la fiesta y atentar con la vida del artista.

Años más tarde los relato de estos  hechos los  conocimos  en  registro musical minucioso que compuso Samuel Martínez,  canción que lleva el nombre de la población,  “Potrerillo, la  grabo “Colacho” Mendoza, tuvo otras  versiones, hoy es canto antológico de la música vallenata.

A potrerillo yo no vuelvo más /pa librarme de una puñala’a/a potrerillo no voy ni amarra ‘o/porque ese pueblo está muy contagiao.   

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De  las serpenteantes tierras del Valle del Aburra y su capital Medellín, llegaron hasta la población de Salamina en el Magdalena, el matrimonio paisa conformado por  Miguel Madrid y Celia Matilde  Orrego, vinieron  buscando nuevos horizontes en estas prodigas tierras, allí echaron raíces con sus 7 hijos, entre los cuales se destacaron   Manuel, clarinetista y saxofonista  y Juan Esteban  Madrid Orrego, guitarrista,  nos referiremos a este último por sus importantísimos  aportes al folclor vallenato

Miguel Madrid, término de criar sus hijos con cultivos de pan coger, sembraba en una parcela  de tres hectáreas  a orillas del rio magdalena, los jóvenes le decían, “El Compa sin Amigos”, por su rigurosidad, al no  dejarse  robar sus productos de la muchachada.

En sus ratos libres, Miguel  tocaba guitarra, su hijo Juan, heredo esta  afición,  se convirtió en diestro intérprete del instrumento del cual vivió el resto de sus días.

Luis Enrique  Martínez, quien  siempre andaba en correrías musicales por  la región, llega a Salamina amenizar fiestas y parrandas, Juan, tímidamente  se le  acercó  a que escuchara su ejecución de la guitarra, Martínez accede y quedo impactado por la habilidad interpretativa  de este  joven, inmediatamente lo incorporo a su agrupación.

 Madrid se traslada a vivir al municipio del Copey  lugar de residencia de  Luis Enrique, esta población para la época era  el epicentro del vallenato al ser pueblo fecundo en ganadería, los dueños de las fincas eran amantes de la música vallenata y generosos con sus intérpretes, los músicos en reciprocidad  premiaban a los ganaderos con canciones que hoy son antológicas del folclor.     

En sus giras por todo por el caribe, Madrid conoció  en  San Juan, La Guajira, a la mujer que sería su esposa, Silvina María González, con ella tuvo 7 hijos.

Juan Madrid es contemporáneo  de otros guitarristas brillantes como, Guillermo Buitrago, Julio Bovea Fandiño, Julio Vásquez.

Se destacó  Madrid, por ser de los primeros guitarristas en adornar  con sus compases la música vallenata, en parrandas y grabaciones, al lado del acordeón de Luis Enrique,  con el mantuvo una estrecha relación musical por treinta años.

Quedan registros fonográficos que  él fue iniciador en la música vallenata  al lado de “El Pollo Vallenato”, en hacer  segunda voz, voz acompañante y contralto, sin dejar de ejecutar  la guitarra.

Se hizo técnico de acordeones viendo a Luis Enrique Martínez reparar los suyos, “Juancho” , conoció tan bien el acordeón, que creo una cartilla sobre la composición melódica del instrumento por su referencia, adg o cinco letras, hacía o reconstruía un acordeón  según las necesidades del acordeonero.

En sus últimos tiempos vivió  de este oficio en Barranquilla, arregló acordeones de Julio Rojas, Rafael Ricardo, Aníbal Velásquez, Dolcey Gutiérrez, y todo el que requiriera de su sapiencia   

Esta actividad le produjo cáncer en la garganta, al carecer de un fuelle de pies  que  succionara  la cera química que brota de las peinillas del acordeón al ser limadas, él  inhalaba  estos residuos con la boca, a consecuencia de esta práctica murió en la arenosa  de 65 baños en 1992.

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La decisión de la Fundación Festival Vallenato de otorgar el máximo reconocimiento del próximo evento a Carlos Vives,  un sector de la población, con todo su derecho, ha opinado  en contra de esta determinación considerando  que  hay otros con mejor hoja de vida.

Lo malo es el manejo sesgado que han hecho de  datos históricos para minimizar la trascendencia de Vives  en la difusión de la música vallenata en el exterior  y ponerle charreteras a otros que no las necesitan.

El propósito del festival en sus inicios fue promover  la música vallenata  en el plano nacional, no había nada que preservar,  todo estaba intacto, los músicos nuestros tocaban en los patios de las viviendas, los salones de bailes eran para orquestas, Aníbal Velásquez y  Corraleros de Majagual.

De esta última agrupación hizo parte Alfredo Gutiérrez, tuvieron  aceptación aquí y en otros países,  su repertorio fue sabanero, llanero, panameño, tocaban todo lo que estuviera de moda, twist, yeyé, gogo, inclusive rancheras.

Los pocos vallenatos que grabaron Los Corraleros los interpreto Calixto Ochoa, Alfredo no lo sabía tocar, era de la escuela guarachera  de Aníbal Velásquez, del cantante mejicano “rey del falsete”  Miguel Aceves, Gutiérrez  fracaso grabando  vallenatos en ranchera.

Por discordia con  Los Corraleros, Alfredo Funda  la agrupación, “Alfredo Gutiérrez y sus Estrellas”, graba  tres 3 álbumes,  solo   impacta con “La banda Borracha” ni el compositor Wilson Sánchez ha podido definir que ritmo es.

Con “Alfredo Gutiérrez y sus estrellas”  no grabo un solo vallenato, fue un rotundo fracaso para la disquera “Sonolux”,  lo mismo que “Los del Cesar”, con la cual Gutiérrez se quiso reivindicar, no lo logro, sonó únicamente “El Pajonal”, en la voz de Leonel Benítez, Alfredo no confiaba en la música vallenata.

Por recomendación de su paisano Aniceto Molina, quien le gano un mano a mano en el programa “El Porrazo del carnaval”, en Radio Guatapurí, llega a la disquera “codiscos” copiando  el estilo de Molina, en esa disquera decide incursionar en la música vallenata con compositores de la región con nuevo lenguaje,  lo hace agregándole instrumentos ajenos al folclor, tumbadora, bajo, coros, uniforma a su músicos, él se viste de frac,  obtiene un rotundo éxito, lo llamarían “El Rebelde del Acordeón”

La ortodoxia vallenata lo excomulga por  profanar la esencia del folclor, emisoras de radio en  Valledupar no incluyen su música  en  programas donde sonaban, Luis Enrique, Alejo, Calixto; impone éxitos como “Matilde Lina”,  “La “Cañaguatera”.

 Con estos argumentos se presenta en 1969 festival, gana “Colacho”, Alfredo sale  vapuleado en primera ronda, al no saber interpretar los aires vallenatos.

Reconoce sus falencias en la ejecución vallenata  busca maestros para aprender, Luis Enrique,”Colacho”, Miguel López, Miguel Ahumada; gana el festival en 1974.

Su afán era tener éxito en otros formatos, inventó “Los Caporales del Magdalena”,  agrupación fugaz, como también fueron  efímeros, “Los Revolucionarios”, con el cual grabo dos discos de salsa que nadie conoció.

Cuando Alfredo Gutiérrez modifico el sonido vallenato hubo resistencia,  hoy su música es considerada antológica vallenata, ¿y porque con  el vallenato de Vives, no puede suceder lo mismo?  

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Con este rimbombante nombre se conoce a las personas que tienen como oficio llorar a los muertos ajenos  a cambio de cualquier dadiva,  es una actividad que viene de tiempos inmemorables, algunos ubican su origen en África, otros en Europa, cuando personas adineradas pagaban a otros, ajenos a su círculo familiar, para que lloraran a sus muertos.

También son  conocidas como plañideras o rezandero de difunto,  ellos tenían mucha actividad en tiempos pasados, era común que  los dolientes que velaban a sus muertos y hacían novenario en sus casas los contrataran  para amenizar  las nueve noches, era todo un espectáculo, allí se reunía toda la gente de la población o del barrio si el velatorio era en  una ciudad;  se encontraban los amantes fortuitos, se daban cita los novios, se hablaba de política, del vecino, del cantante ,del acordeonero, del disco de moda, de la esposa infiel, de la mala situación, del vecino, del festival o el carnaval, se hablaba de todo menos  del difunto.

Se pasaba una velada agradable, Jugando domino o barajas, el licor era compañero permanente  se tomaba  café, brindaban  galletas acompañado de chocolate, la risa era remedio infalible escuchando a los  cuenta chistes, que existían de profesión para estos evento, en Valledupar es famoso el nombre de “El Negro Velorio”, contrastaba la alegría de los acompañantes, con el negro riguroso y dolor de los dolientes, el plañidero en medio del llanto resaltaba la personalidad y hechos íntimos o importantes del difunto.

El velatorio en funerarias ha acabado con esta gente que iba de pueblo en pueblo a lamentarse por los muertos ajenos.

De esta especie en  extinción conocimos a Carlos Enrique Núñez, de 70 años, llego a Valledupar procedente de su tierra, Magangue, muy niño aprendió esta actividad viendo a sus padres, se volvió errante a muy temprana edad, jamás volvió  a su pueblo.

Trabajador de un pequeño restaurante  como mesero, el comensal se sentía agradado por la afabilidad, jocosidad,  alegría y atención del jovial anfitrión.

Núñez alternaba  su trabajo de mesero  con el de escultor de honras fúnebres en el cementerio nuevo de Valledupar,  iba todas las tardes después de la una, rezaba, limpiaba las tumbas, las pintaba, por una suma de dinero cómoda,  decía que iba a consolar con rezos y llanto a las animas abandonadas,  para dramatizar el dolor simulaba  privarse a cambio de una bonificación extra, inclusive dice la dueña del restaurante donde laboraba, que les llevaba comida.

Esta historia fue conocida por un periodista quien  elaboro una crónica con sus vivencias y la musicalizo con canciones adecuadas a su trabajo con los muertos, “Nadie es Eterno”, “La muerte de Abel Antonio”,  “Los Entierros de mi pobre gente Pobre”.

 La crónica se  transmitió por radio Guatapuri,  Carlos Enrique la escucho, se sintió feliz, contento e importante, comento que ahora si le estaban dando importancia a su labor, pero la  alegría le afecto el corazón, fue llevado al hospital donde murió, hoy acompaña a las ánimas abandonadas que el tanto consolaba. 

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A mediados del siglo pasado, en el vasto territorio que comprendía los dominios del valle del cacique Upar, pululaban orquestas y bandas  de todos los niveles en  todas las poblaciones de  este territorio

Estas agrupaciones eran las dueñas de los salones de bailes de la época, la música vallenata todavía seguía reducida a corrales, potreros y patios.

En Valledupar se conformaron  bandas y orquestas  con músicos de la región y de otras procedencias, quienes se quedaban a vivir aquí por  la oferta y buena  remuneración de las orquestas de la comarca.

En el Valle era común escuchar los nombres de “Los Picapiedras”, banda  dirigida por el vallenato  Hugues Maya Ruiz;  “Los  “Modernos”, de los hermanos García, quienes llegaron de  Calmar, Bolívar y echaron raíces en Valledupar;  la orquesta  Néstor García, oriundo también de esa población sabanera; “Los Caballeros del Ritmo”,  y “Lucho” Zuleta, y su banda, entre otros.

 Desde  Villanueva se oía  el  melodioso sabor de las orquestas de Reyes Torres y de “Juancho Gil”, papá de “El Turco Gil”; en Urumita, estaba la banda “Santa Cruz de la Sierra”; en La Paz, militaba la banda “San Francisco de Asís”;  dirigida por los Hermanos Calderón, conocida también como “Manito” Johnson, este integrante tocaba los platillos y oficiaba como  manejador, era quien salía a buscar los contratos.

Todos estos  grupos orquestales de la región desaparecieron de la faz musical, ante la irrupción de la música vallenata.

De esa época sobrevive en La Jagua de Ibirico, la orquesta “Los Cumbancheros del Ritmo” fundada  hace 80 años por el músico Miguel Sierra y sus hermanos junto a  Mario Ríos,  llamada originalmente banda “San Miguel”, en alusión al patrono del pueblo.  

Los hermanos Sierra: Miguel, Máximo y Agapito,  heredaron la vena musical de su papá, quien interpretaba acordeón

 Cuando “Lucho” Bermúdez, fue director de la banda municipal de Chiriguaná, durante tres años,  los hermanos Sierra  se trasladaban hasta ese municipio a recibir clases de música de este extraordinario clarinetista y compositor del Carmen de Bolívar.

Allí Miguel Sierra, sobresalió entre sus “Cumbancheros del Ritmo”, porque era músico aplicado en varios instrumentos, interpretaba saxofón, acordeón, clarinete y percusión.

Lamentaba el maestro Sierra, que en La Jagua estuvo fugazmente Alfredo Gutiérrez con su hijo Alfredo, al cual le presto su acordeón de dos teclados para que su hijo ensayara, nunca le regreso el instrumento.   

“Los Cumbancheros del Ritmo”, tuvieron gran protagonismo en toda la región  del Cesar  y Santanderes.            

Esta agrupación  fue elevada a la categoría de patrimonio cultural, gracias al plan de formación artística de la  alcaldesa Yarcelys Rangel y su director de cultura Gregorio Iguaran.

17 integrantes siguen  amenizando eventos, además ofician como maestros de música formando  niños y jóvenes de 5 y 17 años que ingresaran a la orquesta  o militaran en otras

Entre “Los Cumbancheros” históricos  sobresalen el ex guitarrista, hoy  cantante, Galy Galeano, el bajista José Vásquez y  el cantante Jesús Vides.

“Los Cumbancheros”, divulgaron por el mundo  la canción orgullo de su sentir, “Jagua de Ibirico”, de Néstor Jiménez.

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Emporio ganadero en la región quizás de los primeros del nuevo mundo, 1726, por la fertilidad de estas tierras para la cría ganadera.

Este hato fue fundado por el español Juan Bautista de Mier, para sostener gastos de la colonia y la guerra de España con otros países, además  surtir demanda exterior, de allí partía  ganado en pie, para ser llevados  en embarcaciones marítimas o fluviales, estos  viajes  requerían  aproximadamente 500  vaqueros.

El epicentro de Las Cabezas,  fue el municipio del Paso y sus límites colindaban desde Valencia de Jesús hasta  Mompox.

En su mayoría los vaqueros que allí trabajaban eran músicos empíricos porque el acarreo  de estos animales por esos extensos  terrenos así se los exigía.

Se presume que en la población de El Paso, hubo ganado perdido, que en  ocasiones era sacrificado para vender el cuero y el cebo, su carne no se consumía, otra veces era recogido  por negros  esclavos o cimarrones, que laboraban  en  las cabezas,  allí se divertían  guiando con sus cantos  manadas de ganado.

Los africanos en su tierra natal descubrieron  la sensibilidad  del ganado con la música, aquí como allá, guiaban numerosas recuas de ganado en hileras durante  días, 24 horas, en largas y extenuantes jornadas, el ganado caminaba bajo la orientación extasiada de sus  voces cantadoras, retando peligros que acechaban en el camino, tigres, caimanes.

Dice Tomas Darío  Gutiérrez, allí  en El Paso el ganado y la música van de la mano, ahí cada hombre fue un vaquero y cada vaquero un cantador, herencia de nuestros ancestros africanos

El encuentro de dos culturas tan disímiles en esta región, la africana y la indígena, dio como resultado el zambaje que ocasiono la explosión musical,  alegría que  nos dio  El Paso  y que inundo de música al mundo, con estilo propio.

Por ese mestizaje,  el Paso  fue   bastión  musical, emergieron personajes con grandes   obras que se perdieron o fueron usurpadas.

Ciento diez bastiones musicales  paseros herederos de  la vena musical africana e indígena, más que la europea, trabajaron en esta hacienda , sus descendientes fueron :  Juan Bautista Duran Petrel, abuelo de Alejo,  gaitero y tamborero; la mama , Juana Díaz Villarreal, Cantaora y compositora ;  el papa  de Alejo , Nafer Neonato Duran y  los hermanos, Luis Felipe y Nafer  acordeoneros;  además están los acordeoneros  Víctor Silva y Octavio Mendoza, considerado en la época el rey del merengue.

José Antonio Serna,  compositor de “Zoila”; German Serna,  de  “Sielva María” y “El Negro Maldito”;  Pedro Nolasco Martínez  sus hijos Samuel  y Rafael; Carlos Serna, acordeonero  ejecutante de  merengue; Rosendo Romero Villareal , primo de Alejo, y su Hijo Escolástico, acordeoneros, este último  en su oficio de  vaquero  arriaba  un lote de ganado  de Becerril a Venezuela, conoció a  Emiliano en Villanueva y  se quedó allí hasta su muerte,  Escolástico era el papa de Israel, fundador de “El Binomio de Oro”, de Rosendo y  Norberto.

Alejo Duran, próximo a cumplir 100 años de nacimiento,  fue el más ilustre ex trabajador de la Hacienda Santa Bárbara Las Cabezas.  

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Ante  el fallecimiento  del joven cantor  Martin Elías, familiares más cercanos han montado  un reality al mejor estilo de Las Vegas, show abarrotado de  público siguiendo  las incidencias entre expectantes y sorprendidos por las diatribas de alto poder  belicoso que van y vienen, entre viuda, madre, ex concubina,  ex compañero de trabajo  y esposa de ex compañero, alegando derechos.

Deplorable  espectáculo  brindan familiares del  artista que dio en su paso fugaz por la tierra, la alegría y nobleza heredada de su padre.

Mesura  a estas personas, como familia sensata sus diferencias deben arreglarlas en privado, no alimenten el morbo del vulgo.

Pruebas sobre altruismo y sensibilidad con sus seguidores, de estos personajes brotan por doquier, en la velación  de Martin  en el parque,  encontramos deambulando a  la Anciana, María de los Ángeles Márquez, de 74 años de Barranquilla, llego hasta  Valledupar exclusivamente a despedir al artista.

Nos dijo, que  conoció a Martin Elías siendo niño, de la mano de Diomedes Díaz, quien lo llevaba  a los espectáculos  en  Barranquilla, María, se apostaba a un lado de la entrada de estos eventos, el Cacique  la divisaba y la  instaba a entrar para que lo acompañara y vendiera sus productos.

En la entrada de la caseta encontrabala oposición de los porteros, alegaban: “la señora debe comprar la entrada”, Diomedes verdaderamente molesto, llamó a Chapman,  organizador del evento y lo sentencio, “si a ella no la dejas entrar, tampoco entro yo”, las puertas se abrieron, ella entró, vendió sus chucherías y Diomedes al final del espectáculo le dio su propina, así ocurrió muchas veces, alrededor  del departamento del Atlántico

Apenas María de los Ángeles, supo del deceso trágico de Martín, empacó la desesperanza y el dolor, se vino al valle con pasaje prestado con la promesa de devolverlo y conseguir el de regreso a través de sus ventas  ambulantes.

En el parque la vimos apesadumbrada, más que por  el sol infernal que siempre azota la región la pobreza y el paso de los años,  estaba adolorida por el impacto inesperado de la muerte de suídolo.

Con su andar lento, su mirada lejos, María cargaba una  chaza que colgaba de su cadera con unos pocos cigarrillos de marca barata, chicles y fósforos que siempre ha vendido  durante 50 años.

Márquezcomentó: “Martín Elías era el amor de mi vida”. La anciana siguió diciendo, iba a las presentaciones de Martín en la arenosa, él era de buen augurio para la venta de sus escasos productos, al final del concierto la ubicaba y la gratificaba.

En el parque, en el ocaso del segundo  día de velatorio,  asistieron 20 mil personas, observamos a María, apretujada en el tumulto haciendo cola, vestida de riguroso negro,  quería ver por última vez a Martín, cerca del ataúd  la atajaron, le dijeron que  no había tiempo para el  adiós, resignada hizo una oración, siguiósu venta  para conseguir  el pasaje  para regresar a Barranquilla, no supimos más de ella.

Colofón: A estos humildes seguidores que con sacrificio hacen grande al  artista, es a quien hay que respetar señores.

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Atrás quedaron tiempos en Valledupar, se estrenaban discos de artistas vallenatos con multitudinarias caravanas, miles de personas respaldaban con su presencia al artista que promovía su nuevo fonograma, la gente iba al aeropuerto sitio del recibimiento del disco, se movilizaban a pie, carro, bicicletas, motos, hasta carros e mulas.
Los disqueros descubren la magia de la música vallenata, llegaron al valle en manadas en búsqueda de talentos para grabar su música, los discos salían al mercado sin mayor promoción, al ser sonados en las pocas emisoras de radio de Valledupar, el público salía a comprarlos masivamente.

Los músicos de esa generación, Jorge Oñate con los López celebraban remitiéndose a parrandear escuchando sus nuevas canciones con amigos cercanos en el patio de la casa de Alfredo Enrique Maya Armenta, conocido como “Pindengue”, o en los billares américa de La Paz de Javier López, Los hermanos Zuleta lo hacían en casa de Armando Uhia.

Quien rompe con este esquema fue Diomedes Díaz, quien al ver crecer como espuma su número de seguidores, decide darles participación de esta celebración y convierte al valle en una inmensa parranda, los invita recibir el disco “La Locura” que grabo con Rois, en el aeropuerto, ríos de personas esperaban ansiosos el nuevo disco.

“El Cacique” al llegar a Valledupar procedente de Bogotá flameaba el Lp en la puerta del avión, ovación total.

La caravana colorida, imponente, desfilaba por las calles de la capital mundial del vallenato, con personas de todas las edades y estratos, Diomedes subido en la máquina de bomberos saludaba a su público que lo aclamaba al lado y lado de las calles, rugían equipos de sonidos a todo volumen con su música nueva, los seguidores deliraban embriagados con las canciones, era frenesí total, alegría, éxtasis folclórico.

La caravana no tenía un punto de llegada concreto, los parranderos diomedistas se esparcían por la ciudad y la región, quedaban como la cometa loca, se refugiaban en las cantinas a seguir el jolgorio.

El acucioso periodista Aquiles Hernández trabajaba con la joven agrupación “Los Diablitos”, observo este pequeño detalle y planeo el lanzamiento del tercer disco de los artistas con caravana que termino por primera vez en la plaza Alfonso López con concierto a sus seguidores, con Omar Geles y Miguel Morales. 
Este modelo fue copiado, se organizaron cientos de caravanas con conciertos con diferentes características, Peter Llego en helicóptero, Silvestre concluye en el parque, Martin Elías estrenaba discos donde fue velado durante tres días.
Hoy se acude a estrategias originales, Farid Ortiz saboreo con miles de seguidores tres suculentos calderos de arroz trifásicos colocados en la puerta de cada una de las emisoras del valle en el estreno del disco “El machete”, con ellos bailo, rió, canto, y comió, su clientela olvidó el arroz para posar con el artista. 
Otros músicos han seguido esta estrategia del caldero de arroz y discos para regalar, no han contado con la misma suerte de Farid, a ellos les hacen cola para saborear arroz, más no para recibir el disco.

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Algunos neófitos o mojigatos del folclor, se rasgaron y creo que se  siguen rasgando  las vestiduras, porque Willber Mendoza,  serio aspirante a la corona de rey de reyes en la más reciente versión  de esta competición  en el festival vallenato, quien al conocer el fallo que le daba el título a Álvaro López, en medio aun del fragor de la contienda  y algunas etílicos  de más,  lanzo expresiones en contra del ganador.

Olvidan estas personas quienes exigen a Willber que presente excusas  a su rival, que el desacuerdo, controversia  hacen parte de cualquier tipo de concursos, en estos no hay unanimidad conceptual  en torno a un ganador y  menos en el folclor del Valle, donde el pique hace parte de esta  música que está lleno de estos anécdotas.

La canción vallenata más conocida en el mundo  “La Gota Fría”, es producto de una prolongada rencilla musical de más de 40 años entre Lorenzo Morales y Emiliano Zuleta Baquero, era una pelea a distancia, nunca se vieron la cara.

O que el mismo Emiliano, experto verseador e i improvisador de décimas, versos de cuatro palabras y compositor, además de buen acordeonero también mantuvo una seria disputa con su medio hermano “Toño” Salas, que ni su mama “La Vieja” Sara pudo amainar, de este episodio quedaron canciones antológicas, solo el paso del tiempo los amanso.

Luis E Martínez  y Abel Antonio, Mantuvieron una prolongada rivalidad de la que fueron testigos muchos pueblos de la región  y que sus seguidores atizaban de uno y otro lado, esta vieja piquería  traspaso las barreras de tiempo por cantos, como “El Zorro”, “El Pique”, entre otros.

Esta controversia ceso cuando “Abelito”, en medio de la contienda  tuvo amores con una hermana de su enemigo musical, de la cual nació el buen acordeonero, “El Negrito” Villa Martínez.

“Poncho Zuleta cuando se separó de su hermano la primera vez, dijo a Oñate en un canto, “Muero con mi arte”, Jorge  le respondió con una canción de Emiliano, y dijo que era un “Mal entendido”.     

Álvaro López fue tratado de “loro”, por  Iván Zuleta  al ser desbancado por Álvaro como acordeonero de Diomedes,  “El Cacique” le respondió a Iván, que le preguntara al festival cuanta ventaja le llevaba el loro.

Todavía recuerdan el fugaz rifa y rafe que tuvieron Diomedes Díaz, cuando estando  “el Cacique” preso,  Jorge Oñate le espeto, “te acabaste cabo e vela”, Diomedes le recordó, “que todos los pájaros cantaban, pero no  lo hacían igual”.

El legendario Francisco Moscote, el mismísimo que se ufanaba a haber hecho vomitar bolas de fuego y azufre al demonio a punta de acordeón y rezo, encontró su viacrucis por los corregimientos  del norte de Valledupar, Abraham Maestre lo  demolió a su antojo  a punta de notas y versos. 

Si nos acogiéramos a la tradición y a la lógica, Álvaro López  y  su acordeón bendito que lo llevo a ser coronado rey reyes , está obligado responderle a Mendoza,  así no cante, componga o verseé , para que el folclor del valle con la picaresca que lo ha caracterizado se siga enriqueciendo.

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Multitudinaria despedida le dio el pueblo costeño y principalmente Valledupar a su joven ídolo cantor Martin Elías Díaz  Acosta, fallecido trágicamente en una maltrecha y desvencijada  carretera del departamento de Sucre.

El  exceso de velocidad y el frenesí de su agitada carrera musical lo llevó  a la tumba, como ha sucedido con otros artistas del folclor Vallenato, este trágico final de sus vidas  es   consecuencia de la alta cotización que ha alcanzado la música vallenata en los mercados de la región y allende nuestras fronteras, el dinero, la fama y el comité de aplausos más cercano los ha vuelto irreflexivos.

La prudencia parece que se acabó dice Silvestre Dangond en una de sus canciones, y aplica bien en este momento aciago que vive la música vallenata.

La demanda que tienen nuestros más representativos artistas, los lleva a firmar dos  o más   presentaciones en un mismo día en distintas partes, los mánager en su afán de mostrar resultados económicos  obedecen estas órdenes que pone a los cantantes de la nueva generación a volar en los caminos de herraduras que tenemos, mal llamadas carreteras con consecuencias nefastas.

Vives lo dijo  en las coplas que publicó lleno de dolor cuando supo el deceso del cantor amigo.

Ay Ombe maldito el afán de la vida y la suerte traicionera  /Maldito el que se roba la plata de las carreteras.

Hasta lo políticos corruptos tienen responsabilidad en este hecho según Vives, a pesar que un fallo jurídico dijo lo contrario  en caso similar de Kaleb. 

Poncho Zuleta lo dijo en famosa entrevista a radio Guatapuri, reproducida por varios medios, concedida  el viernes santo a las dos de la tarde, estando todavía caliente el cuerpo sin vida de Martin Elías

“El afán de la vida, no es más que los altos volúmenes de dineros que manejan los artistas vallenatos, los ha vuelto clientes voraces de la sociedad de consumo, los vemos en carros de alta gama convertidos en símbolo de sus éxitos, a extremas  velocidades, vértigo que  ha llevado a varios  a la sepultura”.

“La rivalidad entre los músicos vallenatos  no es solo artística, o el que tenga más éxitos en las emisoras, redes sociales o tv, es de ostentación, del carro más costoso, las prendas, las casas más lujosas, las marcas de ropas más exclusivas,  más contratos bailables para una semana o un mes, estas banalidades les alimenta el ego hasta el extremo de exponer sus vidas en pos de sus logros”. 

Se han vuelto  indomables, la sencillez, base para encantar a  las masas, es cosa del pasado, Martin era la excepción en este aspecto, sus seguidores resaltan su sensibilidad social, ejemplo palpable su grupo que debía constar de 12 integrantes, estaba compuesto por 38 nominalmente.    

Lamentó Iván Villazon, “el andar en  buses que da más seguridad en las carreteras  a los cantantes de la nueva generación le parece  corronchera,”, inclusive han olvidado la calidez del hogar por entregarse de lleno a la embriaguez del poder que da el  dinero y la fama.

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