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Abelardo De La Espriella (3)

Ha determinado la Corte Constitucional que el acuerdo de paz entre el régimen de Santos y los forajidos de las Farc está blindado por doce años. Ello implica, necesariamente, a juicio del alto tribunal, que no se podrá hacer modificaciones de ninguna especie al mismo, en los próximos tres periodos presidenciales. No conozco la sentencia que determinó tamaño despropósito, pero, leyendo el comunicado de la Corte, es suficiente para asegurar que dicha pieza pasará a la historia como una “joya” del ius criollo.

Y es que la Corte Constitucional, al mejor estilo de Chespirito, “como dice una cosa, dice otra”, y, si bien muchas veces ha acertado en algunos de sus fallos, es necesario advertir que en esta ocasión yerra de forma crasa: basta con revisar otras decisiones que versan sobre el proceso de paz, para concluir que las posiciones de los magistrados han sido tan ambiguas como contradictorias. En este último pronunciamiento, los señores togados parten de un supuesto falso: la validez absoluta de los acuerdos, obviando un hecho de singularísima trascendencia: el triunfo del “NO” en el plebiscito, el mismo que ellos, en otro polémico fallo, ordenaron desconocer.

¿Cómo pretende la Corte Constitucional que un régimen corrupto, asociado con criminales de lesa humanidad y secundado por un congreso de eunucos mentales, anteponga su malsana voluntad al designio de las mayorías legitimas que con su voto rechazaron los entuertos acordados en La Habana? A mí que me expliquen, porque claramente el constituyente primario es quien tiene la voz cantante en una democracia. Desconocer dicho precepto es un atentado flagrante contra la soberanía popular y el Estado de Derecho.

Una decisión judicial cimentada sobre la burla al sufragio de millones de colombianos que dijimos “NO” está llamada a fracasar y puede sin duda alguna ser objeto de trascendentales cambios, por una razón elemental: la providencia de la Corte Constitucional es abiertamente ilegal, y, si además el acuerdo no hace parte del bloque de constitucionalidad, como lo señaló la propia Corte, pues con más razón es susceptible de ser revisado y modificado, como en derecho corresponde.

La salida de este callejón oscuro en el que ha refundido Santos a la Patria no es otra que una Asamblea Nacional Constituyente, conformada por hombres y mujeres con la suficiente solvencia intelectual y moral para acometer las reformas estructurales que requiere la República. ¿Cuándo convocarla? Una vez termine el actual periodo presidencial, pero para ello será necesario que una coalición de centro derecha se haga al mayor número de curules en el Congreso y, posteriormente, se logre derrotar a la izquierda en las presidenciales. He ahí el camino de la salvación.

Es una verdadera lástima que, en esta oportunidad, la Corte Constitucional, haya olvidado que las leyes son para proteger a los ciudadanos de bien y no para blindar a los bandidos.

 

La ñapa I: Empieza a crecer el “Cartel de la Toga”: Montealegre y Perdomo han salido al ruedo por una declaración de Gustavo Moreno. Lo que era un secreto a voces hoy es una realidad judicial. Por eso, Montealegre se oponía a ser juzgado por una Comisión de Aforados; por eso, él prefiere la Comisión de Acusaciones, en donde tiene a un par de esbirros que lo protegen. Batman y Robin saben que tienen muchos pecados. La justicia debe actuar con severidad en este caso.

La ñapa II: El exministro de vivienda Jaime Pumarejo será recordado como “Jaime el Breve”.

La ñapa III: El tartufo y desagradable exministro Gabriel Silva Luján dice que me va a acabar porque lo derroté en una controversia profesional que no viene al caso mencionar.  Será un honor darle lo que se merece a un ser tan abyecto y ruin como él.

La ñapa IV: Si Colombia quedará desecha después del gago, imagínense lo que podrá hacer con ella un “tatareto” como Juan Fernando Cristo.

La ñapa V: Como bien lo dijo Alejandro Ordóñez: no por tener curules en el Congreso o un tribunal propio de “justicia” los líderes de las Farc dejarán de ser asesinos.

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Por Abelardo De La Espriella

¿Cómo la política colombiana llegó a un estado tan deplorable? ¿En qué momento se desvió el curso del ejercicio democrático, y este dejó de ser una actividad de la inteligencia, para convertirse en el “recicladero” de individuos de menor cuantía? No es sano ni apropiado que la política de la República esté signada por la ramplonería, la carencia de ideas o el odio desbordado de aquellos que ven en el devenir proselitista la mejor oportunidad para generar divisiones, trayendo a colación el manido argumento de la lucha de clases, entre otras posturas que exudan populismo.

El Congreso de hoy en día en nada se parece al de antaño, ese en el que fulguraban, cual ráfagas de luz en medio de la penumbra, los discursos de Alfonso López Pumarejo, Álvaro Gómez Hurtado, Carlos Arango Vélez, Fernando Londoño y Londoño, Gilberto Alzate Avendaño y Alberto Lleras Camargo. Como si se tratara de una broma macabra del destino, la mayoría de congresistas actuales (con algunas dignas excepciones) son la antítesis de aquellos ilustres hombres que llenaron de honor y gloria los anales de la historia de la Patria. Ni que decir de las gobernaciones, alcaldías, asambleas y concejos municipales, cooptadas por mafias de contratistas de quinta categoría, que ven en las finanzas públicas la oportunidad perfecta para enriquecerse de manera ilícita.

En otros tiempos, la corrupción era la excepción y no la regla, por una razón elemental: la estatura moral, intelectual, social y humana de los políticos de entonces los compelía, de una forma u otra, a hacer lo correcto. Los actuales filibusteros de la democracia solo se deben a los financiadores de sus campañas y a sus cómplices, y, en la mayoría de los casos, no tienen un legado, un nombre que proteger, porque, como la verdolaga, surgieron de la nada.

Si por el Congreso y los entes territoriales llueve, en la carrera por la presidencia no escampa. Alguien dirá que cualquiera puede ser presidente, después de que Santos lo logró, y no falta razón en esa afirmación: el primer mandatario de los colombianos no se caracteriza precisamente por su probidad ni mucho menos por su inteligencia. Ese es el círculo vicioso que debemos derrotar en el 2018, eligiendo a un candidato que reúna las condiciones que debe tener el verdadero líder, que ha de retornar a la República a los cauces del orden y del Estado de Derecho, como corresponde.

Sería un despropósito sin par que en el solio de Bolívar se siente alguno de estos punteros en las encuestas: Claudia López, Sergio Fajardo o Gustavo Petro, los dos últimos con investigaciones penales, disciplinarias y fiscales en curso, por cuenta de extraños manejos al frente de la gobernación de Antioquia y la alcaldía de Bogotá, respectivamente. En cuanto a la señora López, se ha sabido, gracias al periodista Gustavo Rugeles, que la “dueña de la moral colombiana” logró tapar en la Corte Constitucional una condena por corrupción en su contra, por hechos cometidos en sus años mozos, cuando era funcionaria de la alcaldía capitalina. Lo anterior se suma al hecho de que los candidatos de marras profesan gran simpatía por las ideas izquierdistas, esas mismas que arrasan todo lo que a su paso encuentran.

Desde la óptica humana, se trata de tres personas lamentables. Claudia López recurre a la ordinariez como forma de expresión (es proverbial su falta de costumbres y buenas maneras); Petro es un ser lleno de complejos, resentimientos y odios como el que más, y Sergio Fajardo, el “culebreo play” que no se compromete con nada y que juega a diez bandas y además se encaja y no usa cinturón, y eso me genera mayor desazón.

Me resisto a creer qué tal fatalidad pueda acaecer. Es hora de derrotar a estos tres como debe ser: con las mayorías.

La ñapa: Está próximo a ser escogido el director de la Unidad de Investigación y Acusación de la JEP, algo así como la fiscalía de ese engendro. De los ochos candidatos, hay tres con un sesgo mamerto inmejorable. Giovanni Álvarez, exfiscal de derechos humanos, cuestionado por un supuesto montaje en el caso del bombardeo a Santo Domingo; Fernando Jiménez, contratista de Fondopaz para gestionar ayudas a los guerrilleros presos, y María Consuelo Rincón, Magistrada de Justicia y Paz que ordenó investigar al expresidente Uribe por paramilitarismo.

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Por Abelardo De La Espriella

La propuesta de reforma a la justicia, ideada por el gobierno nacional y planteada por el Procurador General para hacerle el cuarto a Santos, es otra muestra de lo caradura que puede llegar a ser el primer mandatario de los colombianos. Hablar, a estas alturas del paseo, de un referéndum liderado por Santos, para acabar con los vicios de la justicia, es tanto como dejar cuidando una guardería a Garavito, el violador y asesino de niños. Santos se cree más vivo que todo el mundo y, por su “desconexión” con el mundo real, considera que el pueblo es tonto y desinformado. 

Presidente, ¿acaso cree que se nos olvidó que durante cuatro años y medio tuvo a sus servicios un par de sicarios judiciales que la sociedad colombiana abomina y desprecia tanto como a usted, y se lo digo con nombre propio para que no haya lugar a dudas: Eduardo Montealegre y Jorge Perdomo?, ¿los mismos que articularon (por solo dar un ejemplo) el montaje del hacker Sepúlveda, para robarle la presidencia a Oscar Iván Zuluaga? No hay delincuente más avieso que el funcionario judicial que desconoce la ley para perseguir a un ciudadano; si lo sabrán el dúo dinámico de “Batman Montealegre” y “Robin Perdomo”, especialistas en “pasteles” e intereses torvos, como los buenos tracaleros que son. 

Montealegre y Perdomo también hacen parte (a nivel directivo) de la Bacrim judicial que usted patrocinó y aupó, de la mano de cancerberos de vieja data suyos, como Leonidas Bustos, Camilo Tarquino y Francisco Ricaurte. No nos venga ahora con el cuento de una reforma a la justicia, porque, gracias a sus “buenos oficios”, ese leviatán de la corrupción adquirió dimensiones épicas e hizo metástasis hasta los cimientos del palacio de justicia. La vergüenza hoy se viste de toga, lo es en gran medida gracias a que el presidente prostituyó, a través de puestos y contratos, a fiscales y magistrados, al mejor estilo de la mafia. 

Un referéndum requiere un amplio respaldo nacional, del cual el actual gobierno carece por completo. El mecanismo idóneo para la reforma estructural que pide a gritos la justicia es una Asamblea Nacional Constituyente, que habrá de convocarse el segundo semestre del próximo año, cuando la horrible noche haya cesado. El desbarajuste institucional que hoy padece la Republica no se sofoca con paños de agua tibia. El Gobierno, al plantear el tal referéndum, lo que pretende es lanzar una cortina de humo sobre los graves escándalos de corrupción que involucran a los más impolutos y cercanos funcionarios de Santos, así como también invisibilizar la oscura financiación de la reelección. Sigue el presidente creyendo que de imbéciles está poblada la Patria. 

No importa que los grandes medios “enmermelados” toquen, por los laditos, las declaraciones de implicados en el escándalo de Odebrecht, que dan cuenta de las millonarias sumas de dinero que entraron a la campaña de Santos, vía Roberto Prieto. Al mejor estilo del inefable Samper, Santos dirá que todo fue a sus espaldas. Es imposible que el presidente no haya visto esos ríos de plata; sin embargo, él sigue hablando de transparencia y honestidad. ¿Hasta cuándo la pauta oficial seguirá comprando el silencio de los medios, ante tantos desmanes y desafueros? 

¡Ya está bueno, señor presidente, sea serio! ¡Estamos hasta el cogote de su cinismo proverbial! No le comemos cuento, porque solo maldad puede esperarse de aquel que considera la traición una forma de vida. 

La ñapa I: Homenaje al “Mono Jojoy”, por una parte, y, por la otra, “conferencia” de Andrés Paris en la Universidad Externado de Colombia. Esto apenas comienza: si no se integra una coalición de centro derecha para detener el avance de la izquierda, ya veremos a los miembros de las Farc en las más altas cumbres de la vida nacional. 

La ñapa II: ¡Qué injusticia tan grande la que padece el coronel Hernán Mejía, héroe de la patria! Mientras él está detenido injustamente, los verdugos del pueblo posan de pacifistas.

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