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Socializar la instalación de antenas

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La creciente demanda de la telefonía celular y la masificación del internet en el país han generado la necesidad de contar con una mayor cobertura, rápida y eficiente, que soporte el aumento constante del tráfico digital.

Para hacernos una idea de cuánto han crecido estos dos servicios (telefonía celular e internet) basta decir que en Colombia hay más teléfonos celulares que personas. En efecto, según un informe del ministerio de Telecomunicaciones, MINTIC, en el 2014 existían más de 53 millones de usuarios de la telefonía móvil, mientras que la población total del país era inferior a los 48 millones. De esos 53 millones de usuarios, 14.4 millones poseen smartphones o teléfonos inteligentes, los cuales, además de permitir llamadas, brindan un completo paquete de aplicaciones tecnológicas y datos digitales. Esa cifra ubica a Colombia como el tercer país en la región en cantidad de usuarios de teléfonos inteligentes, sólo superado por Brasil y México.

Sin embargo, según el ministerio del ramo una de las fallas en el país en la calidad y cobertura del servicio de telefonía celular es la falta de antenas que permitan precisamente garantizar la sostenibilidad de la llamada conectividad digital. Por ello, el gobierno nacional ha emprendido una agresiva política para remover los obstáculos que impiden aumentar la cobertura del servicio, entre ellos, las normas contenidas en los planes de ordenamiento territorial de los más de 1.100 municipios del país.

En esta línea de acción, la Agencia Nacional del Espectro, ANE, reguló la materia y expidió una serie de normas que permiten, palabras más, palabras menos, la instalación de antenas que no requieren licencia de autorización de uso del suelo, principalmente en lugares públicos, especialmente de microantenas y las llamadas “pico-celdas”, ambos tipos con altura inferior a la altura media de los techos en muros, postes, vallas publicitarias y paraderos de bus.

No obstante, dentro del imaginario colectivo del país existe la arraigada creencia que las antenas celulares son dañinas para la salud y causan cáncer, razón por la cual varias comunidades se oponen a la instalación de dichos artefactos en zonas residenciales. Son numerosas las acciones de tutela interpuestas a lo largo y ancho del país por este motivo, así como las protestas sociales que han suscitado en varias ciudades.

De acuerdo con estudios realizados por la Organización Mundial de la Salud, más que la antena en sí misma considerada, lo que debe ser objeto de control es la potencia de la señal que por ella se transmite. Así, a mayor potencia, mayor riesgo para la salud. Precisamente por ello, la regulación de la ANE favorece la instalación de antenas de baja potencia que tienen menor riesgo de afectar la salud y para lo cual, se reitera, no se requiere un trámite tan dispendioso como el de la instalación de grandes torres de alta potencia.

Dentro del contexto anterior podría entenderse mejor las últimas autorizaciones para instalar antenas otorgadas por la oficina de Planeación Municipal de la alcaldía de Valledupar. Empero, el grave error que ha cometido dicha dependencia con Aníbal Quiroz, su jefe, a la cabeza, ha sido la de una errada socialización de dichos proyectos. El caso del barrio Altagracia es un buen ejemplo de lo que no se debe hacer: empezar a instalar la antena sin haber antes socializado el tema con los vecinos del lugar. Es inaudito que Planeación Municipal haya procedido de esta manera cuando es un barrio que queda exactamente detrás de la alcaldía municipal y todos sus vecinos son conocidos. Para justificar una supuesta socialización, Planeación Municipal hizo firmar un certificado de la junta de acción comunal de la Comuna Uno, cuando era mucho más cercano dialogar con los vecinos por donde diariamente ingresa a la alcaldía.

Por fortuna, enhorabuena, el alcalde Ramírez suspendió la obra de instalación de la antena y convocó a los vecinos a una reunión a la alcaldía para socializar el tema.

El de Altagracia no es el único caso. En el barrio Don Carmelo también existe un problema similar y, para sorpresa de la ciudad, en el emblemático cerro de Cicolac también se construye una antena autorizada por la alcaldía. En este último caso creemos que se equivoca la administración al autorizar la instalación de la antena allí, por simple estética paisajística. El llamado cerro de Cicolac es uno de los atractivos naturales de la ciudad que en primavera se torna del tradicional amarillo, al florecer los puis y cañaguates que lo cubren. Gracias a Planeación Municipal ese bellísimo paisaje será invadido por unas poco estéticas antenas celulares. 

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